Sociedad enferma

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Estos son los tiempos presentes en los que al igual que hay un incremento de la polución medioambiental, hay también un aumento de la contaminación espiritual. A aquella se le presta mucha atención (al menos se hace mucho ruido), y en cambio, a la cuestión del alma —a la que se ignora—, ninguna.

Lo espiritual —que es lo propio del ser humano— está siendo despreciado. Desconsideración que no es mera intrascendencia, sino que encierra graves consecuencias (aunque en apariencia no se aprecie,  como los niveles de contaminación atmosférica). Y esto parece no preocupar a nadie.  

Todo aquello que es perjudicial espiritualmente para el ser humano parece estar de moda; todo cuanto es pecaminoso, envilecedor, tóxico para el alma… parece estar desgraciadamente en continuo progreso. La gente peca y —en su estupidez— se sonríe. Se está inhumanizando, y no lo sabe. Esta sociedad actual, de tantos recursos culturales y tecnológicos, está sometida a antojo y manipulada hasta su esclavitud.

Todos los días se vierten cantidad masivas de maldad a través de los medios de comunicación, de las obras de “arte”, de las declaraciones de los políticos y dirigentes, de las leyes y los parlamentos, de las actuaciones egoístas y pecaminosas de los particulares, de las acciones de gentes desquiciadas, con rasgos psicóticos, drogadictos, hipersexualizados, suicidas, corruptos, criminales, etc. , etc.

Toda esta toxicidad —y más— realmente existe; pero nadie lo da importancia, ni repara seriamente en el porqué y en cómo corregirlo. Esto parece no preocupar; está ahí en medio de nosotros, en nuestra sociedad, como están las esquinas en las calles, algo que se ve con toda naturalidad y lógica que así sea.

Las consecuencias de esta decadencia o hundimiento social, sin valores ni resortes morales ni religiosos, deja verse —y más que se verá, no cabe la menor duda— en casos de violencia (gratuita y de todo tipo: sin razón de ser ni nada que lo justifique. Un loco que agarra un rifle y se pone a matar gente. Un cónyuge o amancebado que mata a los hijos de la pareja por venganza o a la misma pareja. Abortos masivos, ancianos eutanasiados. etc.); en el aumento de la corrupción, de robos y delincuencia generalizada; en el aumento de las adicciones, la drogadicción, alcoholismo, ludopatía, pornografía etc.; en el número de familias rotas, desestructuradas, del enfrentamiento intergeneracional; en el aumento de las enfermedades mentales, sexuales, depresivas, con el consiguiente consumo de antidepresivos y euforizantes, al igual que para el estrés sus respectivos ansioliticos; en el progresivo aumentos de los suicidios, los fracasos, las infidelidades, la soledad, el sinsentido vital, etc.; el aumento del egoísmo, del afán de poseer, la codicia, de la envidia, del consumismo, etc.; imposiciones ideológicas, la promoción de todo cuanto vaya contra la lógica natural hombre-mujer, la manipulación de las conciencias, la manipulación genética, el control impositivo de los estados…  En fin, y todo esto bajo una egida materialista atroz, un paradigma perverso, enemigo de la Humanidad.

Francamente, todo este cúmulo de toneladas de maldad no se puede atribuir sin más maldad del corazón de las personas, sino a la actividad del príncipe de las tinieblas. Solo a la intervención del Demonio se puede humanamente explicar tal grado de decadencia, enfermedad y encanallamiento.

Lo peor de todo son dos cosas: el tener la sensación de que el mal está ganando al bien y la gente infeliz como fruto de ese ambiente que respira y que a su vez le compromete en su destino eterno.

Todo parece indicar que mucha gente responsable, llegado un momento, decidió vender el alma al Diablo… Mimetizado lo de Mefistófeles a Fausto: “Entrega tu alma y recibirás poder a cambio”.

“Pero una vez que hayamos entregado nuestras almas, es decir, que entreguemos nuestras personas, el poder que se nos otorga no nos pertenecerá. Seremos esclavos y marionetas de aquello a lo que hayamos entregado nuestras almas” (C. S. Lewis).

Sociedad está mortalmente enferma cuando ha sido allanada su alma, hasta hacerla aparecer como inexistente u olvidada como indeseable.

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