Sociedad enferma

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Al igual que hay un incremento de la polución medioambiental, hay también un aumento de la contaminación espiritual.

Todos los días se vierten cantidad masivas de maldad a través de los medios de comunicación, de las obras de “arte”, de las declaraciones de los políticos y dirigentes, de las leyes y los parlamentos, de las actuaciones egoístas y pecaminosas de los particulares, de las acciones de gentes desquiciadas, con rasgos psicóticos, drogadictos, hipersexualizados, suicidas, corruptos, criminales, etc.

Todo aquello que es perjudicial espiritualmente para el ser humano, todo cuanto está contra lo que pecaminoso, como los mandamientos y los siete pecados capitales, todo, está en boga, inhumanizando a una sociedad sometida y manipulada, al antojo y esclavizada.

Las consecuencias de esta decadencia o hundimiento social, sin valores ni resortes morales ni religiosos, deja verse -y más que se verá, no cabe la menor duda- en casos de violencia (gratuita y de todo tipo: sin razón de ser ni nada que lo justifique. Un loco que agarra un rifle y se pone a matar gente. Un cónyuge o amancebado que mata a los hijos de la pareja por venganza o a la misma pareja. Abortos masivos. Asesinados por fanáticos, por gente manipulada, por dinero…), en aumento de robos y delincuencia de todo tipo, aumento de la drogadicción, alcoholismo, ludopatías, de las familias rotas, del enfrentamiento intergeneracional, de la increencia, de las enfermedades sexuales, depresivas, aumento del consumo de antidepresivos y anfetaminas, aumentos de los suicidios, aumento de las infidelidades, aumento de la corrupción, de la codicia, del afán de poseer, del egoísmo, de la envidia, del consumismo, de la soledad, la eutanasia, la manipulación genética, la promoción de todo cuanto vaya contra la lógica natural hombre-mujer, la manipulación de las conciencias, el control impositivo de los estados…  

Francamente, todo este cúmulo de toneladas de maldad no se puede atribuir sin más maldad del corazón de las personas, sino a la actividad del príncipe de las tinieblas. Solo a la intervención del Demonio se puede humanamente explicar tal grado de perversión.

Lo peor de todo son dos cosas: el tener la sensación de que el mal está ganando al bien y la gente infeliz como fruto de ese ambiente que respira y que a su vez le compromete en su destino eterno.

Todo parece indicar que muchas gente responsable, llegado un momento, decidió vender el alma al Diablo… Mimetizado lo de Mefistófeles a Fausto: “Entrega tu alma y recibirás poder a cambio”.

“Pero una vez que hayamos entregado nuestras almas, es decir, que entreguemos nuestras personas, el poder que se nos otorga no nos pertenecerá. Seremos esclavos y marionetas de aquello a lo que hayamos entregado nuestras almas” (C. S. Lewis).

¡Que Dios  no pille confesados!

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