
El Evangelio de la Liturgia del día 10 de abril, (Jn 21,1-14), narra la tercera aparición de Jesús resucitado a los apóstoles. De la cual nos aparecido reseñar ciertos aspectos, que pasamos a exponer:
El profeta san Ezequiel, de linaje sacerdotal, fue cautivo a Babilonia junto con el rey Jeconías de Judá (597 a. C.). Cinco años después, a la edad de treinta, Dios le llamó para profeta, que ejerció entre los desterrados durante 22 años, hasta el año 570 a. C.

En el evangelio (Lc 24,35-48) de la liturgia de hoy, jueves de Pascua, Jesucristo resucitado se aparece a sus discípulos, que reunidos comentaban, incrédulos aún, el hecho de la posible resurrección de Jesús. La presencia del Resucitado les deja perplejos y aterrorizados, pensaban estar viendo un espíritu o fantasma.
El Evangelio (que puede leer abajo) de hoy, miércoles de Pascua, trata sobre la aparición del Señor resucitado a dos discípulos de retornaban a su pueblo, Emaús, a 13 Km[1]. de Jerusalén; donde habían paso el domingo en medio del dubitativo alborozo entre todos los próximos a Jesús por la noticia —aún por consolidarse— de que, al no encontrarse en el sepulcro su cuerpo y tras aparecerse a varias de la mujeres, había resucitado.

El Señor es así, agradecido y sorprendente. La conversa y contemplativa, María Magdalena, que tenía verdadera adoración por Jesucristo, fue la escogida contra todo pronóstico —por ser mujer para ser testigo entonces— para ser la primera conocedora y anunciadora de su Resurrección.
