En España —que es lo que nos toca más cerca—, según las estadísticas, aumenta la corrupción, la violencia, los delitos, la exacerbación sexual, la inmoralidad, la insolidaridad y la mala educación. Y también aumenta la apostasía religiosa. Se puede trazar dos líneas que marchan al unísono, en paralelo, avanzan el empeoramiento de la calidad social y la práctica religiosa. Estas dos realidades son un hecho incontestable, y lo es también su mutua incidencia.
Así perdona Dios
El Evangelio de la misa de hoy, 13 de septiembre, de san Mateo 18,21-35 (que podemos leer íntegramente más abajo), nos muestra la voluntad divina de que perdonemos siempre siempre:
Se acercó Pedro y dijo a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”
Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» ( Mt 18, 21-22).
Advirtiendo sobre el yoga…
La abolición del ser humano (y II)
Parece una evidencia fáctica el que hay una notable caída moral, una negación de la conciencia (en el sentido de no ser obedecida ni escuchados sus dictámenes). Lo cual habla bien a las claras de la pérdida interioridad humana y espiritualidad. Esto supone, ni más ni menos, que la aniquilación de la condición humana propiamente, de su genuina naturaleza.
Amar a todos como a uno mismo, incluso a los enemigos
En el Evangelio (Lc 6,27-38) de la liturgia de hoy, 10 de septiembre, Jesús nos dice cómo amar y a quiénes. Y la conclusión es esta: amar a absolutamente a todos, sean malvados o enemigos, y amarles como uno se ama a sí mismo. Es decir, que esta es la voluntad de Dios, y no hay nada que lo iguale.
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