Categoría: TINIEBLAS

Urge la cultura de la misericordia

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El mundo no lo sabe bien hasta qué extremo necesita cambiar en su forma de ser, de pensar, de vivir…  El mundo tan creído de su progresismo que ignoran —pese a su retórico abuso del término «empatia» (que otorga una falsa pose de superioridad moral)— su propia realidad egoísta y sin conciencia, ajena a la verdadera humanidad, ignora hasta que punto necesita otra forma de ser, de pensar, de sentir, de vivir…

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La existencia del Diablo

Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él. (Ap 12, 7-9).

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La objeción de conciencia

Cabría citar para aquellos -gobiernos estatales de Occidente, principalmente- que pretenden imponer su voluntad -legislar todo e intervenir en todo- a los demás -ciudadanos- hasta en lo más personal, por encima de todo y al coste que sea, aquellas palabras del alcalde de Zalamea: «Al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios».

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Sociedad enferma

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Estos son los tiempos presentes en los que al igual que hay un incremento de la polución medioambiental, hay también un aumento de la contaminación espiritual. A aquella se le presta mucha atención (al menos se hace mucho ruido), y en cambio, a la cuestión del alma —a la que se ignora—, ninguna.

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Eclipse de la conciencia

     «Hay muchos suicidas morales, que se esfuerzan por ahogar su alma en el bullicio y la disipación como esos desgraciados que beben y se emborrachan para entorpecer su conocimiento y abotagarse» (M. Unamuno)[1].

         Cuidad de que vuestros corazones no se emboten por la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y caiga de improviso sobre vosotros este día, como un lazo; porque vendrá sobre vosotros, los habitantes de la tierra. (Lc 21,34-35).

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