Inmigración, en España

El derecho a la emigración se ha de reconocer y respetar. Cristianamente: por el testimonio de la Sagrada Familia que tuvo que huir a Egipto, como refugiados, ante la persecución de Herodes.  Esto es inequívoco.

Lo del trato considerando la dignidad de los migrantes es muy loable, claro; sobre desde una visión antropológica cristiana. Pero surgen varias preguntas: ¿La dignidad de los perjudicados por esa migración no se ha de tener en consideración?  ¿Se calculan y tienen en cuenta  las posibles consecuencias de una inmigración ilegal, descontrolada, etc.?

Ahora bien, apelar a la dignidad de todas las personas humanas, no es suficiente para solucionar el asunto, o mejor dicho, no es nada suficiente, porque incluso, puede —y de hecho así es— generar nuevos problemas.

 “Fui forastero y me acogisteis” (Mt 25,35). Si, es loable y bonito; pero todo está sujeto a lo posible y real. De momento en esta frase la persona a ser acogida es singular, una sola, y los que acogen son muchos, pero ¿y si fuera al revés?,  ¿y si son los migrantes más de los que caben en tu casa? ¿o si son prófugos de la justicia, o enfermos metales, o terroristas, o soldados emboscados que preparan una desestabilización del país a atacar…? ¿O si esa multitud va a provocar un desequilibrio de  la oferta de viviendas, y ni los propios del lugar se quedan sin viviendas disponibles?, lo cual vale para otras necesidades o carencias, como el trabajo, la asistencia sanitaria, etc. Y no es solo que entren y ya; sino que hay que darles techo, alimento, medicina, etc. Lo cual supone el coste importante. En los colegios se pueden dar clases a los niños que llegan, porque hay libre el sitio de los niños que no tenemos; pero por ejemplo, en la atención médica… las listas de espera han aumentado considerablemente (valga este dato personal: hace un par de años, una analítica, desde la consulta médica, la entrega de la orina y la sangre, y la consulta de los resultados, se realizaba en una semana; ahora, cinco semanas). Y una nota más, todo esto bajo una presión fiscal tremenda, jamás ha habido una cantidad de impuestos como en la actualidad; a lo que añadir la deuda pública, en continuo crecimiento; más el impuesto de los pobres, la inflación, y los fondos generation europeos. En fin, que todo esto, a este ritmo, incrementando la población en cientos de miles de personas foráneas anuales, se prevé una situación de tensiones sociales gravísimas.

Amén de los casos extremos, de refugiados…, caben dos formas principales de migración: la legal y la ilegal: hacerlo de manera lícita, con papeles, es decir, una inmigración regularizada por el país de destino, y otra, es la que llevan a cabo los desesperados por la hambruna y la miseria, dispuestos a cualquier cosa con tal de sobrevivir, y no entienden de legalismos ni de barreras del tipo que sean… Estos representan a la inmensa mayoría de los migrantes, una masa ingente e inacabada. Para dar unas respuesta dogma y fraterna a estas personas pobres de solemnidad, no cabe otra que sacarles de la pobreza, que les impele a abandonar su tierra, sus raíces, su gente, y echarse a la aventura incierta y hostil.

 

Urge, ¡urge ya!, tomarse en serio lo que está sucediendo, y que apechen los del buenísimo irresponsable con las consecuencias, aquellos que desde confortables situaciones o que tienen la vida resulta, piden legalizaciones a mansalva…  En la migración buenista hay también efectos negativos, ¿quién los asume los costes, que son diversos y no tanto económicos?

 

Soluciones o respuestas

Eso de puertas abiertas, que vengan todos los que quieran es una insensatez… Eso no es posible. Los países tienen derecho a tener leyes migratorias; es más, es una responsabilidad. Por los suyos, en primer lugar, y por los propios migrantes.  No se pueden ignoran los deberes del Estado hacia sus ciudadanos en favor de una filantropía globalista. Velar por el bienestar de sus ciudadanos es una obligación de cualquier gobernante, y a su vez dar un marco de seguridad legal a los migrantes que se incorporen al país, les dignificará otorgándomeles derechos y deberes iguales a todos los habitantes de ese país;  migrantes con contrato de trabajo, legalizados, y no dejarlos por ahí, sin nada, pidiendo o…

En cuanto a los irregulares, a los que ya están ilegalmente en el país, conviviendo, con una vida hecha de incluso años, hay que regularizarlos. Pero no de manera masiva, como se ha hecho en España, donde de una tacada se van a legalizar a 1,200.000 de peticiones, que a su vez incorporarán a sus familiares, por el derecho al reagrupamiento famular, y que supondrán en total 3.000.000. Estos es demasiado, irresponsable, que va a afectar mucho la convivencia y los servicios públicos, el mundo del trabajo…

Parar, en parte, la gran afluencia de migrantes provenientes del mar, en barcazas inestables que les proveen mafias. Hay que estrangular esta vía que consta muchas vidas y que son explotados en un precio de cuanto tienen; a la vez que se constituyen en baza política, medio útil de gobiernos y chantajistas para presionar a países del Mediterráneo, especialmente a España. Acabar con esta mafias y restringir tanta sangría, cabe una acción militar de alcance: desplegar un gran número de medios y militares para controlar las aguas maritimas nacionales, surcando y controlando las internacionales, haciendo que se acerquen las barcazas: se les parará en su avance, se les proveerá de alimentos, combustible, chalecos salvavidas, etc., y se les remolca hasta la línea de las aguas del país de procedencia… De modo que cuando se sepa la inutilidad de ese medio de introducirse en España, se desistirá en el uso de esta via.

La Iglesia española también tiene una responsabilidad en todo esto: plataforma eclesial, integrada por Cáritas, Confer, Justicia y Paz, así como la Comisión Episcopal de Migraciones,

con buena voluntad colabora en la acogida… y rescate. Y el cardenal Robert Sarah opina: “La Iglesia no puede colaborar en esta nueva forma de esclavitud en que se ha convertido la inmigración de masas”:

A los menores hay que devolverlos con sus padres, que es con quienes deben estar. ¿Y si no tiene padres o padres conocidos? Que se encargue de ellos el papa Estado de donde han venido. Quienes tienen que responsabilizarse de ellos y cuidarlos, son obviamente, sus padres, y en su defecto el padre adictivo, el Estado correspondiente. Que no se sabe quiénes son los padres carnales ni el papa patriótico, el que se ha de encargar de ellos es el Estado desde el que se ha dado la violación de la frontera. Así de claro.

Exponemos esta interesante sería de reflexiones de periodista Juan Carlos Girauta en Eldebate:

1) La mayoría de menas no lo son. Cuando se realizan las pruebas, el grueso son mayores de edad. La práctica totalidad son hombres. A pesar de lo anterior, políticos y periodistas siguen refiriéndose a esa tropa de hombres adultos como «niñas y niños». ¿Por qué no las llaman «esas niñas» directamente? Anímense. 2) Aportar al debate público índices de criminalidad donde el hurto en un súper y el asesinato cuentan lo mismo –como hace Marlaska–, es un engaño burdo. Pero lo burdo funciona con el espectador de televisión. 3) El aumento de la inseguridad y el empeoramiento de las prestaciones públicas es en gran parte consecuencia de la inmigración ilegal masiva. 4) Ningún agente político ha afirmado que todos sean delincuentes. Los delincuentes son una minoría, pero esa minoría tiene un peso ponderado notablemente mayor que entre los españoles. 5) La inmigración ilegal masiva que Europa ha ido regularizando no es aportadora neta. Es detractora neta de recursos, e incompatible con el mantenimiento del Estado del Bienestar. 6) Naves españolas supuestamente humanitarias remolcan barcazas sobrecargadas durante casi toda su travesía hasta España. Se trata de un negocio, puesto que los ocupantes pagan, los de las barcazas cobran y los de las naves reciben premios a su humanitarismo y jugosas subvenciones. Un negocio de tráfico de seres humanos.

La verdadera solución solo la puede aportar el espíritu de la fraternidad cristiana, que nos vinculan como hijos de un Padre creador común. Capaz de un amor misericordioso que dispones, renunciando a todo egoísmo, a cualquier renuncia y sacrificio. 

El obispo de Camerún afirma que la falta de trabajo y migración en África tienen “una conexión evidente”. Tengamos en cuenta que 848 millones de personas que padecen Hambre.  De modo que hay que atacar ese gravísimo problema de raíz.

Todas las naciones del mundo se tienen que implicar, sentarse y coger el toro por los cuernos. No hay más solución que el que todos los países de la tierra se comprometan en acabar con la pobreza en el mundo. Los países ricos, receptores, han de posibilitar los medios, sacrificarse un poco para que los pobres de la tierra sobrevivan y vivan en su propia tierra según unos estándares universalizados por los medios de comunicación, han dado a conocer como de bienestar.

La solución no es otra que el mundo del bienestar, sobradamente alimentado, del despilfarro, rico… aporte una renta universal para todos los ciudadanos empobrecidos del mundo, fomentando a la vez la industrialización y producción propia de países para su desarrollo, etc. Cada ciudadano de los países del «primer mundo» tienen que desprender de una parte de su sueldo (un 5%, por ejemplo) para ser destinado a solucionar la pobreza y la migración forzosa, que nadie quiere por propia voluntad, pues a todos nos gusta vivir en su lugar de nacimiento, desarrollarse y ser feliz con los suyos… Y este es un derecho fundamental, tal vez el primero. Hasta entonces, la rebelión de los hambrientos será imparable. Y harán bien; estos serán los que, haciendo explotar todo esto, procuraran una vida más digna para sus generaciones siguientes.

 

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