Dios propone y el hombre dispone

De siempre se ha dicho «el hombre propone y Dios dispone», pero es más bien justamente al revés. Dios propone a nuestra libertad: muestra lo que desea para nosotros, nos comunica las indicaciones de su voluntad: son propuestas de comunión y santidad, y es el hombre el que dispone: «He aquí que estoy a la puerta y llamo; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él» (Ap 3,20).  

                                             ***** 

Cuentan que un famoso pintor pintó un cuadro de Jesús llamando a una puerta, haciéndose eco del texto del libro del Apocalipsis: «Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguien oye y me abre, entraré, y cenaremos juntos» (Ap 3, 20).

En la gala de inauguración del cuadro, en el turno de preguntas, un periodista levantó la mano y dijo al autor:

—Su cuadro es sin duda una obra de arte inigualable. Pero tiene un defecto imperdonable.

Todos en la sala comenzaron a murmurar, nerviosos.

—Agradezco su sinceridad -dijo el autor -. ¿Cuál es el fallo que tiene mi cuadro?

—Que la puerta a la que llama Jesús – dijo el periodista – no tiene picaporte.

El murmullo se hizo más agudo entre todos los asistentes. Efectivamente, en el cuadro se veía claramente que la puerta pintada no tenía ningún picaporte ni nada que se le pareciera, nada para abrir la puerta. El artista, sin embargo, sonreía.

—Tiene usted toda la razón – comentó -, pero eso no se debe a ningún error. La puerta del corazón sólo se puede abrir por dentro. Dios nunca fuerza la entrada ni se impone, ni nos obliga a aceparle. Él llama a la puerta y espera, pero si no queremos abrirle, no entrará. Dios respeta nuestra libertad al máximo, y quiere ganarse con su amor nuestra confianza. Por eso la puerta no tiene picaporte. Jesús sólo puede entrar si le dejamos.

                                               *****

 

Dios es proposición, llamada, invitación, presencia, cercanía, donación, disponibilidad, generosidad, servicialidad, amabilidad, dulzura, misericordia, gracia…  Y es ser humano el que dispone, el que en definitiva decide. Acoger tanta efusión de amor que nos toca conmovedoramente el alma esperando pacientemente, respetuosamente, delicadamente, lo supone todo: pues sí le decimos sí y le abrimos, entonces el Señor se sentará con nosotros a la mesa e invitará a comer, a entrar en comunión él… entonces perteneceremos a su Reino.

Este estar paciente, siempre esperando nuestra conversión, es constante e infinita, es una locura de amor, que no se cansa de esperar y perdonar, por mayor que sea nuestra cerrazón. Esa actitud divina salvadora no cambia; de modo que todo depende de nuestra respuesta. Y este es nuestro mayor temor, el único, el de no estar a la altura de las circunstancias, y no se capaces de recibir lo que tan regaladamente se nos ofrece.

De modo que nuestro destino está en nuestras manos, porque Dios nos ama hasta el límite de cuanto nosotros nos dejemos amar. Abrirnos a ese amor, abrirle la puerta de nuestro corazón, es lo que nos va a salvar. De ahí que desde dentro de nosotros escuchemos el silencio de una Presencia cercana; lo cual se propicia por la fe, virtud de gracia que es la llave que abre la puerta… Dios está deseoso de mantener con todos nosotros una relación cada vez más cercana, afectuosa, divinizada. Creerlo, creer en Dios es la única respuesta posible, y es la que Jesús busca siempre en cada encuentro en los Evangelios con la gente, eso es todo, luego Él pondrá lo más.

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.