Dios tiene una especial predilección por aquellos que todo el mundo desprecia, por los excluidos, los descartados, los miserables, los pordioseros, los apestados (que tienen la peste y/o que apestan)… Los malditos, en definitiva. El Evangelio (Mc 1,40-45) de hoy 15 de enero nos habla de la actitud de Jesús ante estos intocables, en este caso con lepra.






