La pseudoespiritualidad (II)

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Como decíamos, aunque se quiera reprimir y hasta anular la naturaleza del ser humano, su dimensión profunda más propia y verdadera, habrá momentos en que para poder respirar de esa asfixia del alma, romperá ese casco de hielo bajo el cual se halla sumergido. Y entonces buscará satisfacer esa necesidad de lo trascendente, y se agarrará a cualquier cosa.

Intrínsecamente, esa cualquier cosa,  es una respuesta a las preguntas del hombre actual y a su sed de trascendencia. La Nueva Era (con todo el cúmulo de práctica y corrientes esotéricas y sectarias) es síntoma de una cultura en profunda crisis y, a la vez, una respuesta equivocada a la misma: a sus inquietudes e interrogantes, a sus aspiraciones y esperanzas. Es un intento baldío por saciar la necesidad religiosa; hace falta algo más. Intenta colmar, de modo parcial y desfigurado, las universales necesidades humanas de sentido, esperanza, trascendencia, sacralidad, pertenencia comunitaria, plenitud, santidad, etcétera. Propone una visión ambigua del mundo en lo espiritual y en lo religioso. Parece algo superficial, capaz de adaptarse a cualquier manera de vivir, un techito confortable, sin compromiso, sin moral, sin verdades definidas, sin nada fuerte y consistente, sin el abismo de la fe que entraña la verdadera religiosidad. En realidad supone un intento por escapar al interrogante sobre Dios y a las respuestas comprometedoras, y en definitiva, a la propia conciencia de seres con alma. Aversión o el miedo a enfrentarse con lo auténtico, a ponerse frente a Dios. Trata de procurarse efectos beneficiosos de la religión, pero sin religión.

 Una religión de diseño, a medida; una pseudoespiritual, espiritualidad prêt-à-porter, de consumo rápido y escaso compromiso, fácil y cómoda; un `supermercado´ de creencias donde cada quien toma lo que le gusta y deja lo demás, tratan sólo sentirse bien consigo mismo o tener el poder sobre las cosas y las personas; tiene mucho de animista y brujeril, de retrotraerse a épocas magicoprimitivas. Se trata de una espiritualidad sin Dios; dicen dios y no piensan en un Dios personal, en el Dios Creador y Padre que creemos los cristianos, sino en un dios impersonal, abstracto y cósmico, una fuerza o energía universal. La cual –y he aquí lo más grave– puede devenir o tratarse de una fuerza oscura, procedente de presencias demoniacas.  

Gracias a Dios, no son pocos los que en cierto momento de sus vidas se han visto atraídos por las religiones orientales, el hinduismo y el budismo, u occidentales, como la Nueva Era, y han acabado redescubriendo su fe cristiana de la infancia.

La Nueva Era propone teorías y doctrinas sobre Dios, el hombre y el mundo incompatibles con la fe cristiana, e incluso totalmente contraria a ella. Ningún cristiano puede seguir sus enseñanzas ni tratar de hacerlas compatibles con las del Evangelio.

 

 La pseudoespiritualidad (I)  

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