El 31 de mayo este año celebramos Pentecostés, que coincide con la visita de María santísima a santa Isabel, que vive en Ein Karem que dista de Nazaret unos 150 km. Hecho recogido en el Evangelio de san Lucas (1,39-56).
Es un acontecimiento importante, que nos proporciona datos y lecturas interesantes:
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- Lo que da pie a esta visita es la Anunciación (Lc 1,26-37), donde el mensajero de Dios, Gabriel, pone en conocimiento de María que Isabel está embarazada de 6 meses, y que es un milagro dada su edad avanzada.
- María se pone en marcha para ir a ayudarla en su estado. Va —se ha puesto la fecha del 31 de mayo— 25 días antes del parto; o sea estando María embarazada de dos meses.
- Cuando María llega y se encuentra con Isabel, ésta da dos datos importantísimos: 1º. Declara a María como Madre del Señor (de Dios), es decir, la maternidad divina de María y la divinidad del ser encarnado (Cristo Jesus); 2º. Su hijo, Juan Bautista, salta de alegría en su vientre ante la presencia de quién está (aquel del que sería su anunciador), y que ya lo «anuncia a su madre Isabel», y lo cual, pues, pone de manifiesto que el feto en la Virgen María se trata de la Persona Divina (Jesús el Señor); esto implica que ya desde la concepción hay vida personal inviolable, inabortable.
Nota:
Aunque en algunos sitio se menciona como su prima Isabel, lo más correcto en pensar para hacernos una idea más exacta como pariente; pues, según parece no era exactamente su prima —por entonces los parentescos eran más amplios, (dándolos los abuelos)—; era prima de su madre Ana (con la que coincidiría, más menos, en edad).
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,39-56):
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.
Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
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Palabras del papa Francisco
(Audiencia, 5 febrero 2025)
Hoy contemplamos la belleza de Jesucristo, nuestra esperanza, en el misterio de la Visitación. La Virgen María visita a santa Isabel; pero es sobre todo Jesús, en el vientre de la madre, quien visita a su pueblo (cfr Lc 1,68), como dice Zacarías en su himno de alabanza.
Después de su asombro y admiración ante lo que le anuncia el Ángel, María se levanta y se pone en camino, como todos los que han sido llamados en la Biblia, porque «el único acto con el que el ser humano puede corresponder al Dios que se revela es el de la disponibilidad ilimitada» (H.U. von Balthasar, Vocazione, Roma 2002, 29). Esta joven hija de Israel no elige protegerse del mundo, no teme los peligros y los juicios de los otros, sino que sale al encuentro de los demás.
Cuando una persona se siente amada, experimenta una fuerza que pone en movimiento el amor; como dice el apóstol Pablo, «el amor de Cristo nos posee» (2Cor 5,14), nos impulsa, nos mueve. María siente el impulso del amor y acude a ayudar a una mujer que es pariente suya, pero que es también una anciana que, tras una larga espera, acoge un embarazo inesperado, difícil de afrontar a su edad. La Virgen va a casa de Isabel también para compartir su fe en el Dios de lo imposible, y la esperanza en el cumplimiento de sus promesas.
El encuentro entre las dos mujeres produce un impacto sorprendente: la voz de la “llena de gracia” que saluda a Isabel provoca la profecía en el niño que la anciana lleva en su vientre, y suscita en ella una doble bendición: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!» (Lc 1,42). Y también una bienaventuranza: «¡Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá!» (v. 45).
Ante el reconocimiento de la identidad mesiánica de su Hijo y de su misión como madre, María no habla de sí misma, sino de Dios, y eleva una alabanza llena de fe, esperanza y alegría, un canto que resuena cada día en la Iglesia durante la oración de las Vísperas: el Magnificat (Lc 1,46-55).
Esta alabanza al Dios Salvador, que brota del corazón de su humilde sierva, es un solemne memorial que sintetiza y cumple la oración de Israel. Está entretejida de resonancias bíblicas, signo de que María no quiere cantar “fuera del coro”, sino sintonizar con los padres, exaltando su compasión por los humildes, esos pequeños a los que Jesús en su predicación declarará «bienaventurados» (cfr Mt 5,1-12).
La presencia masiva del motivo pascual hace también del Magnificat un canto de redención, que tiene como trasfondo la memoria de la liberación de Israel de Egipto. Los verbos están todos en pasado, impregnados de una memoria de amor que enciende de fe el presente e ilumina de esperanza el futuro: María canta la gracia del pasado, pero es la mujer del presente que lleva en su vientre el futuro.
La primera parte de este cantico alaba la acción de Dios en María, microcosmos del pueblo de Dios que se adhiere plenamente a la alianza (vv. 46-50); la segunda recorre la obra del Padre en el macrocosmos de la historia de sus hijos (vv. 51-55), a través de tres palabras clave: memoria – misericordia – promesa.
Dios, que se inclinó sobre la pequeña María para hacer en ella «grandes cosas» y convertirla en la madre del Señor, comenzó a salvar a su pueblo a partir del éxodo, acordándose de la bendición universal que prometió a Abraham (cf. Gn 12,1-3). El Señor, Dios fiel para siempre, ha derramado un torrente ininterrumpido de amor misericordioso «de generación en generación» (v. 50) sobre el pueblo fiel a la alianza, y ahora manifiesta la plenitud de la salvación en su Hijo, enviado para salvar al pueblo de sus pecados. Desde Abraham hasta Jesucristo, y hasta la comunidad de los creyentes, la Pascua aparece, así, como la categoría hermenéutica para comprender toda liberación posterior, hasta llegar a la realizada por el Mesías en la plenitud de los tiempos.
Queridos hermanos y hermanas, pidamos hoy al Señor la gracia de saber esperar el cumplimiento de todas sus promesas; y que nos ayude a acoger en nuestras vidas la presencia de María. Poniéndonos en su escuela, que todos descubramos que toda alma que cree y espera «concibe y engendra al Verbo de Dios» (San Ambrosio, Exposición del Evangelio según San Lucas 2, 26).
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Catena Aurea
San Ambrosio
Habiendo el ángel anunciado cosas ocultas para confirmar la fe con su ejemplo, anunció a la Virgen la concepción de una mujer estéril. Cuando María oyó esto, no como incrédula del oráculo, ni como incierta del mensajero, ni como dudando del ejemplo, sino como alegre del voto, religiosa por su oficio y transportada de gozo, se dirigió hacia las montañas. De donde sigue: «Levantándose María en aquellos días, se fue a las montañas». Llena ya de Dios ¿dónde había de ir con presteza sino hacia las alturas?
Orígenes
Jesús, que estaba en su seno, se apresuraba para santificar a Juan, encerrado aún en el vientre de su madre. Por lo que sigue: «Con premura», etc.
San Ambrosio
La gracia del Espíritu Santo no conoce dilaciones. Aprended, oh vírgenes, a no deteneros en las plazas, a no mezclaros en público en conversaciones.
Teofilacto
Por esto se fue a las montañas, porque Zacarías habitaba en las montañas. De donde sigue: «En una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías».
San Ambrosio
Aprended, santas mujeres, los cuidados que debéis prestar a vuestras parientas embarazadas. María, pues, que antes estaba sola en el mayor recogimiento, no fue detenida lejos del público por su pudor. La aspereza de las montañas no arredró su celo, ni lo largo del camino retardó sus servicios. Aprended también, vírgenes, de la humildad de María. Viene la cercana a la próxima, la más joven a la más anciana. Y no sólo viene, sino que también saludó la primera, por lo que sigue: «Y saludó a Isabel». Conviene, pues, que cuanto más casta sea una virgen, más humilde sea y deferente para los superiores en edad. Debe ser maestra en humildad la que profesa la castidad. Hay también una causa de piedad, porque el superior viene al inferior para asistirlo. María viene a Isabel, Cristo a Juan.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Mathaeum, 4
O de otro modo, la Virgen ocultaba en el fondo de su corazón lo que se le había dicho y no lo descubrió a nadie, porque no creía que prestasen asentimiento a relatos admirables. Antes al contrario, creía que si hablaba recibiría ultrajes como si ocultase un crimen propio.
Griego
Por esto va a refugiarse -o mejor dicho recurre- sólo a Isabel. Así estaba acostumbrada, tanto por el parentesco y por conformidad de sus costumbres.
San Ambrosio
Pronto se declaran los beneficios de la venida de María y la presencia del Señor, pues sigue: «Y cuando Isabel oyó la salutación de María, la criatura dio saltos». Advierte en esto la diferencia y la conformidad de una y otras palabras. Isabel oyó la voz primero y San Juan recibió primero la gracia. Ella oyó según el orden de la naturaleza y éste saltó de gozo por razón del misterio. Aquélla sintió la venida de María, éste la venida del Señor.
Griego
El profeta ve y oye mejor que su madre y saluda al Príncipe de los profetas. Mas no pudiendo con palabras, lo saluda en el vientre -lo cual constituye la cúspide de la alegría-. ¿Quién ha tenido noticias alguna vez de que alguien haya saltado de gozo antes de nacer? La gracia insinuó cosas que eran desconocidas a la naturaleza. El soldado, encerrado en el vientre, conoció al Señor y al Rey que había de nacer, sin que el velo del vientre obstaculizase la mística visión. Por tanto, vio, no con los ojos de la carne sino con los del espíritu.
Orígenes
No había sido lleno del Espíritu Santo hasta que la que llevaba a Jesucristo en su vientre se presentó delante de él. Entonces fue cuando -lleno del Espíritu Santo- saltaba de gozo dentro de su madre. Y prosigue: «Y fue llena Isabel del Espíritu Santo». No hay que dudar, pues, que la que entonces fue llena del Espíritu Santo, lo fue por su hijo.
San Ambrosio
Aquella que se había ocultado, porque había concebido un hijo, empezó a manifestarse porque llevaba en su vientre un profeta. Y la que antes se avergonzaba, ahora bendice. Por tanto, prosigue: «Y exclamó en alta voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres». Exclamó en alta voz cuando advirtió la venida del Salvador, porque creyó que su parto debía ser misterioso.
Orígenes
Dice, pues: «Bendita tú entre las mujeres». Ninguna fue jamás tan colmada de gracia, ni podía serlo, porque sólo ella es Madre de un fruto divino.
Beda
Fue bendecida por Isabel del mismo modo que lo había sido por el arcángel, para que se mostrase digna de la veneración a los ángeles y a los hombres.
Teofilacto
Pero como había habido otras mujeres santas que habían engendrado hijos manchados por el pecado, añade: «Y bendito el fruto de tu vientre». O de otro modo, había dicho: «Bendita tú entre las mujeres». Y como si alguien le preguntase el porqué, añadió la causa: «Y bendito el fruto de tu vientre,…». Así como se dice en el Salmo 117 ( Sal 117,26-27): «Bendito el Señor Dios, que viene en nombre del Señor, y nos iluminó». Acostumbraba la Sagrada Escritura tomar la palabra y en el sentido y lugar de la palabra porque.
Orígenes
Llamó al Señor fruto del vientre de la Madre de Dios porque no procedió de varón, sino sólo de María, pues los que tomaron la sustancia de sus padres, fruto son de ellos.
Griego
Sólo este fruto es bendito, porque se produce sin varón y sin pecado.
Beda
Este es el fruto que se prometió a David: «Pondré sobre tu trono un fruto de tu vientre» ( Sal 131,11).
Severo de Antioquía
De este pasaje -en el cual se afirma que Cristo es fruto del vientre- surge una refutación de Eutiques. En efecto, todo fruto es de la misma naturaleza que la planta de donde procede. De donde se deduce que la Virgen es de la misma naturaleza que el segundo Adán, que quita los pecados del mundo. Y aun aquellos que dicen que es fantástica apariencia la carne de Cristo, quedan confundidos con el verdadero parto de la Madre de Dios; porque el mismo fruto nace de la misma sustancia del árbol. ¿Dónde están también aquellos que dicen que Jesucristo ha pasado por la Virgen como por un acueducto? Noten en las palabras de Isabel, a quien llenó el Espíritu Santo, que Jesucristo fue fruto del vientre.
Prosigue: «¿Y de dónde esto a mí, que la Madre de mi Señor venga a mí?»
San Ambrosio
No dice esto como ignorando pues sabe que por gracia y operación del Espíritu Santo, la Madre del Señor saluda a la madre del profeta para provecho de su hijo. Y para que conste que esto no sucede en virtud de mérito humano, sino del don de la gracia divina, dice así: «¿De dónde esto a mí?», esto es: ¿Con qué jactancia, en virtud de qué acciones, por cuáles méritos?
Orígenes
Diciendo esto está conforme con su hijo; porque también San Juan se considera indigno de la venida de Jesucristo a él. Llama Madre del Señor a la que todavía es Virgen, vaticinando así la realización de lo que se le había anunciado. La provisión de Dios -o sea su providencia- había llevado a María a casa de Isabel para que el testimonio de San Juan llegase desde el vientre al Señor. Y desde aquel momento el Señor constituyó a San Juan en profeta suyo. Por lo cual sigue: «Porque he aquí, luego que llegó la voz de tu salutación a mis oídos».
San Agustín, epistola, 57
Para decir esto, como antes declara el evangelista, fue llena del Espíritu Santo, el cual sin duda se lo reveló, y por ello conoció lo que significaba aquel salto del niño; esto es, que había venido la Madre de Aquel de quien él era precursor y el futuro manifestador. La significación de un asunto de tanta importancia pudo ser conocido por personas mayores, no por un niño. Pues no dijo: «Saltó de fe el niño en mi vientre», sino «Saltó de gozo». Pues vemos que el salto no sólo es propio de los niños, sino también de los corderos, cuyos saltos no proceden de alguna fe, ni de la religión, ni de ningún otro conocimiento racional. Pero este saltar es nuevo e inusitado, porque tiene lugar en el vientre, y a la venida de Aquella que había de dar a luz al Salvador de todos. Por tanto, este saltar y -por decirlo así- este saludo dado a la Madre del Señor -como suelen hacerse los milagros-, se hizo divinamente en el niño y no naturalmente por el niño. Aun cuando el uso de la razón y de la voluntad hubiera sido tan precoz en el niño, que desde el seno de su madre hubiese podido conocer, creer y sentir, también esto debe considerarse como obra del divino poder y uno de sus milagros, pero nunca como obra de la naturaleza humana.
Orígenes
Había venido la Madre del Señor a visitar a Santa Isabel para ver la concepción milagrosa que el ángel le había anunciado, para que de ello se siguiese la credulidad respecto del fruto más excelente que habría de nacer de la Virgen. Y refiriéndose a esta fe, habla Santa Isabel, diciendo: «Y bienaventurada la que creíste, porque cumplido será lo que te fue dicho de parte del Señor».
San Ambrosio
Ved que María no dudó sino que creyó, por lo cual consiguió el fruto de la fe.
Beda
Y no debe llamar la atención que el Señor -que había de redimir al mundo- empezase su obra por su propia Madre, a fin de que aquella, por la que se preparaba la salvación a todos, recibiese en prenda -la primera- el fruto de salvación.
San Ambrosio
Pero también vosotros sois bienaventurados, porque habéis oído y creído. Cualquier alma que cree, concibe y engendra al Verbo de Dios y conoce sus obras.
Beda
Todo el que concibe al Verbo de Dios en su inteligencia, sube al punto por la senda del amor a la más alta cumbre de las virtudes, puesto que puede penetrar en la ciudad de Judá -esto es, en el alcázar de la confesión y de la alabanza- y hasta permanecer en la perfección de la fe, de la esperanza y de la caridad «como tres meses» en ella.
San Gregorio Magno, super. Ezech., 1,8
Fue ilustrada por el espíritu de profecía acerca de lo pasado, lo presente y lo futuro, que conoció que aquélla había creído en las promesas del ángel. Y llamándola Madre, comprendió que llevaba en su vientre al Redentor del género humano. Y prediciendo las cosas que habían de suceder, vio también lo que se seguiría en lo futuro.
San Ambrosio
Así como el pecado empezó por las mujeres, así también las cosas buenas deben empezarse por las mujeres; así, no parece ocioso que Isabel vaticine antes que Juan, y María antes del nacimiento del Señor. Además, siendo María más excelsa, su profecía es más plena.
San Basilio, in Psalmo, 33
La Santísima Virgen, considerando la inmensidad del misterio, con intención sublime, y con un fin muy alto y como avanzando en sus profundidades, engrandece al Señor. Por esto prosigue: «Y dijo María: Mi alma engrandece al Señor».
Griego
Como si dijese: Las maravillas que Dios pronunció, las cumplirá en mi cuerpo; pero mi alma no será infructuosa delante de Dios. Yo debo aportar el fruto de mi voluntad, porque cuanto mayor es el milagro con que soy honrada, tanto mayor es la obligación que tengo de honrar a Aquel que en mí obra cosas tan admirables.
Orígenes
Si Dios no puede recibir ni aumento ni detrimento ¿cómo es que dice María: «Mi alma engrandece al Señor»? Mas si considero que el Señor Salvador es imagen del Dios invisible, y que el alma fue hecha a su imagen, para que sea imagen de la imagen, entonces será como a imitación de aquellos que suelen pintar imágenes; cuando engrandeciere mi alma con el pensamiento, palabras y obras, la imagen de Dios se hace grande y el mismo Señor -cuya imagen está en mi alma- se engrandece.
San Basilio, in Psalmo. 33
Los primeros frutos del Espíritu Santo son la paz y la alegría. Y como la Santísima Virgen había reunido en sí toda la gracia del Espíritu Santo, con razón añade: «Y mi espíritu se regocijó». En el mismo sentido dice alma y espíritu. La palabra exaltación -de tanto uso en las Sagradas Escrituras- insinúa cierto hábito o estado del alma -alegre y feliz- en aquellos que son dignos de él. Por eso la Virgen se regocija en el Señor con inefable latir del corazón y transporte de gozo en la agitación de un afecto honesto. Sigue: «En Dios mi Salvador».
Beda
Porque el espíritu de la Virgen se alegra de la divinidad eterna del mismo Jesús -esto es, del Salvador-, cuya carne es engendrada por una concepción temporal.
San Ambrosio
El alma de María en verdad que engrandece al Señor, y su espíritu se regocija en Dios; porque consagrada en alma, espíritu y cuerpo al Padre y al Hijo, venera con piadoso afecto a un solo Dios, de quien son todas las cosas. Que el alma de María esté en todas las cosas para engrandecer al Señor; que el espíritu de María esté en todas las cosas para regocijarse en el Señor. Si según la carne una sola es la Madre de Cristo, según la fe el fruto de todos es Cristo. Porque toda alma concibe el Verbo de Dios, si, inmaculada y exenta de vicios, guarda su castidad con pudor inviolable.
Teofilacto
Engrandece al Señor aquel que sigue dignamente a Jesucristo, y mientras se llama cristiano, no ofende la dignidad de Cristo, sino que practica obras grandes y celestiales; entonces, se regocijará el espíritu -esto es, el crisma espiritual-, o lo que es lo mismo, adelantará y no será mortificado.
San Basilio, in Psalmo, 33
Si cuando la luz penetrare en tu corazón percibieres -por aquella oscura y breve imagen- la constancia de los justos en amar a Dios y en despreciar las cosas corporales, sin dificultad alguna conseguirías gozo en el Señor.
Orígenes
Primero el alma engrandece al Señor, para después alegrarse en Dios. Pues si antes no creemos, no podemos alegrarnos.
Griego
Manifiesta la causa por la que conviene engrandecer al Señor y alegrarse en El diciendo: «Porque miró la bajeza de su sierva». Como si dijese: El Señor lo hizo así, yo no lo esperaba; estaba contenta con los humildes, ahora soy elegida para un consejo inefable y exaltada de la tierra al cielo.
Pseudo-Agustín, serm. de Assumpt., 208
¡Oh verdadera humildad, que parió a los hombres un Dios, dio a los mortales la vida, renovó los cielos, purificó el mundo, abrió el paraíso y libró a las almas de los hombres! La humildad de María se convirtió en escala para subir al cielo, por la cual Dios baja hasta la tierra. ¿Qué quiere decir «miró», sino «aprobó»? Muchos parecen humildes a los ojos de los hombres; pero la humildad de ellos no la mira el Señor, porque si fuesen verdaderamente humildes, querrían que Dios fuese alabado por los hombres, y no que los hombres los alabasen. Y su espíritu se alegraría, no en este mundo, sino en Dios.
Orígenes
¿Mas qué tenía de humilde y de despreciable la que llevaba en su vientre al mismo Hijo de Dios? Pero considera que la humildad en las Sagradas Escrituras es una de las virtudes que los filósofos llaman atufia, atyfia, o metriotiV, metriotis, y nosotros, por perífrasis, podemos llamarla: no ser vanidoso, sino rebajarse a sí mismo.
Beda
Aquélla cuya humildad se ve, se llama por todos con propiedad bienaventurada; por ello prosigue: «He aquí que desde ahora me dirán bienaventurada», etc.
San Atanasio
Si según el Profeta Isaías son bienaventurados todos los que proceden de Sión y viven cerca de Jerusalén como domésticos, ¿cuánta debe ser la alabanza de la excelsa y sacrosanta Virgen María, que fue elegida para ser Madre del Verbo, según la carne?
Griego
No se llama a sí misma bienaventurada por la vanagloria. Porque ¿dónde podría estar el orgullo en aquella que se llama sierva del Señor? Pero vaticina lo que ha de suceder, inspirada por el Espíritu Santo.
Beda
Convenía, pues, que, así como había entrado la muerte en el mundo por la soberbia del primer padre, se manifestase la entrada de la vida por la humildad de María.
Teofilacto
Y por ello dice: «Todas las generaciones». No sólo Israel, sino también todas las naciones de los creyentes.
Teofilacto
Manifiesta la Virgen que no será proclamada bienaventurada por su virtud, sino que explica la causa diciendo: «Porque hizo conmigo cosas grandes el que es poderoso».
Pseudo-Agustín, serm. de Assumpt., 208
¿Qué cosas grandes hizo en ti? Creo: que siendo criatura dieras a luz al Creador y que siendo sierva engendraras al Señor, para que Dios redimiese al mundo por ti, y por ti también le volviese la vida.
Tito Bostrense
¿Y cómo soy grande sino porque conciba, permaneciendo virgen, superando por disposición de Dios a la naturaleza? Soy considerada digna de ser Madre sin obra de varón y no una madre cualquiera, sino del Unigénito Salvador.
Beda
Esto se refiere al principio del cántico, en donde dice: «Mi alma engrandece al Señor». Sólo aquella alma, en quien Dios se ha dignado hacer cosas grandes, es la que puede engrandecerle con dignas alabanzas.
Tito Bostrense
Dice, pues: «El que es poderoso», para que si alguno duda de la verdad de la encarnación, permaneciendo virgen después de haber concebido, refiera este milagro al gran poder de Aquel que lo ha hecho. Ni se ha manchado porque el Unigénito haya nacido de ella, porque es santo el nombre de El.
San Basilio, in Psalmo, 33
El nombre de Dios se llama santo, no porque en esas sílabas se encierre cierta virtud significativa, sino porque toda mención de Dios es santa y pura.
Beda
Lo extraordinario de su poder aventaja a toda criatura en el grado más alto, y lo distingue mucho de todas las cosas que ha hecho; lo cual se entiende mejor en el texto griego, en el que se pone la palabra agion, que significa como fuera de la tierra.
Beda
Volviéndose desde los dones especiales que ha recibido del Señor hacia las gracias generales, explica la situación de todo el género humano añadiendo: «Y su misericordia de generación en generación a los que le temen». Como diciendo: No sólo me ha dispensado gracias especiales el que es poderoso, sino a todos los que temen a Dios y son aceptos en su presencia.
Orígenes
La misericordia de Dios no se limita a una sola generación, sino que eternamente se extiende de generación en generación.
Griego
Yo concibo por la misericordia que El tiene para todas las generaciones, y El se une a un cuerpo animado, obrando nuestra salvación, movido por sola su piedad. Se compadece no indistintamente, sino de aquellos a quienes somete su temor en cada nación. Y por esto dice: «A los que le temen», esto es, a los que, llevados por la penitencia, se convierten a la fe y se dedican a la mortificación. Porque los que siguen obstinados cierran la puerta de su compasión por la malicia de su incredulidad.
Teofilacto
O indicó con esto que los que temen conseguirán misericordia en esta generación -esto es, en la presente- y en la otra -esto es, en la vida eterna- recibiendo en esta vida el ciento por uno ( Mt 19), pero en la otra, beneficios mucho mayores.
Beda
Describiendo el estado del género humano, demuestra qué es lo que merecen los soberbios y qué los humildes, diciendo «Hizo valentía con su brazo». Esto es, en el mismo Hijo de Dios. Así como tu brazo es con lo que obras, así el brazo de Dios se llama su Verbo, por el que ha fabricado el mundo.
Orígenes
Hizo valentía con su brazo para los que le temen; porque aunque te acerques débil a Dios, si le temes, conseguirás el valor ofrecido.
Teofilacto
También en su brazo -esto es, en su Hijo encarnado- hizo valentía, porque la naturaleza humana fue vencida por el parto de la Virgen y el Dios humanado.
Griego
O también: hizo, en vez de hará valentía, no como en otro tiempo, por medio de Moisés contra los egipcios, ni por el ángel -a saber, cuando venció a una multitud de asirios rebeldes-, ni por algun otro intermediario, sino que triunfó por su propia fuerza, venciendo a los enemigos inteligibles. Por lo que sigue: «Dispersó», a saber, a todo espíritu orgulloso que no obedece a su venida, sino que descubre y muestra sus soberbios pensamientos.
San Cirilo de Jerusalén
Estas cosas deben entenderse más propiamente de la cohorte enemiga de los demonios. A estos, pues, que oprimían la tierra, los disipó el Señor cuando vino y restituyó a su obediencia a los que tenían cautivos.
Teofilacto
También puede esto entenderse de los judíos, a quienes dispersó por todas las naciones, como ahora están dispersos.
Beda
Lo que dijo: «Hizo valentía con su brazo» y lo que había dicho antes: «Y su misericordia de generación en generación», debe unirse a estos versículos; porque, en efecto, en toda la sucesión de las generaciones, los soberbios no cesan de perecer y los humildes de ser ensalzados, por justa y piadosa disposición del poder divino. Por eso se dice: «Destronó a los poderosos, y ensalzó a los humildes».
San Cirilo de Jerusalén
Cosas grandes sabían los demonios y el diablo las sabía de los gentiles, los fariseos y escribas; sin embargo, Dios los depuso y elevó a los que se humillaban bajo la mano poderosa de Dios ( 1Pe 5), dándoles la virtud de hollar con los pies las serpientes, los escorpiones y todo el poder del enemigo ( Lc 10). Los judíos eran también soberbios por su poder, pero su incredulidad los postró; y de entre los gentiles subieron muchos, oscuros y humildes, por medio de la fe, a la cumbre de la perfección.
Griego
Se conoce que nuestra inteligencia es trono de la Divinidad. Pero las potestades infernales, después de la trasgresión, se asentaron en la conciencia de nuestro primer padre, como en su propia sede. Por esto vino el Señor, arrojó a los espíritus malignos de los tronos de las voluntades y ensalzó a los que vivían humillados por los demonios, limpiando sus conciencias y convirtiendo sus almas en su propio trono.
Glosa
Como parece que la prosperidad humana consiste principalmente en los honores de los poderosos y en la abundancia de las riquezas, después de la caída de los poderosos y la exaltación de los humildes, hace mención del anonadamiento de los ricos y la abundancia de los pobres.
San Basilio, in Psalmo, 33
Ciertamente que el presente pasaje nos aparta aun de las cosas sensibles, enseñándonos la incertidumbre de los bienes mundanos, pues son caducos, como ola que aquí y allá se difunde por el ímpetu de los vientos. Tomado intelectualmente, el género humano tenía hambre, a excepción de los judíos, a quienes había enriquecido la tradición de la ley y las enseñanzas de los profetas; mas como no se adhirieron humildemente al Verbo humanado, fueron dejados vacíos, no llevando nada, ni fe, ni ciencia. Fueron privados de la esperanza de los bienes y de la terrena Jerusalén y excluidos de la vida futura. Pero aquéllos de entre los gentiles que tenían hambre y sed, habiéndose adherido al Señor, fueron colmados de bienes espirituales.
Glosa
Los que desean las cosas eternas con todo interés y como hambrientos, serán saciados cuando Jesucristo aparezca en su gloria. Pero los que se gozan en las cosas de la tierra al final serán abandonados, vacíos de toda felicidad.
Glosa
Después que hace mención de la piedad y de la justicia divina, vuelve a ocuparse de la gracia especial que dispensa por medio de la nueva encarnación, diciendo: «Recibió a Israel su siervo», como médico que visita al enfermo. Así, Dios se hizo visible entre los hombres, para hacer que Israel -esto es, el que ve a Dios- fuese su siervo.
Beda
Esto es, al obediente y al humilde; porque el que no quiere humillarse, no puede salvarse.
San Basilio
Dice, pues, Israel, no la material a quien ennoblecía su nombre, sino la espiritual que retenía el nombre de la fe, teniendo sus ojos dirigidos hacia Dios para verlo por medio de la fe. También puede adaptarse a la Israel material, puesto que de ella creyeron muchos. Hizo esto «acordándose de su misericordia», porque cumplió lo que había ofrecido a Abraham, diciendo: «Porque serán bendecidas en tu descendencia todas las naciones de la tierra» ( Gén 22,18). La Madre de Dios, recordando esta promesa decía: «Así como habló a nuestros padre Abraham». Porque se dijo a Abraham: «Estableceré mi pacto entre nosotros, y entre tu descendencia que habrá de venir después que tú, por medio de un pacto sempiterno que alcanzará a todas sus generaciones, a fin de que yo sea tu Dios y el de tu descendencia después de ti» ( Gén 17,7).
Beda
Llama descendencia, no tanto a los engendrados por la carne, como a los que han de seguir las huellas de su fe, y a quienes se ha prometido la venida del Salvador en los siglos.
Glosa
Como esta promesa de herencia no se cierra por límite, no faltarán creyentes hasta el fin del mundo y la gloria de la bienaventuranza será perenne.
San Ambrosio
Permaneció María en casa de Isabel hasta que se cumplió el tiempo en que ésta debía dar a luz. Por lo cual se dice: «Y María se detuvo».
Teofilacto
En el sexto mes de la concepción del precursor se presentó el Angel a María, quien permaneció tres meses con Isabel. Y así se cumplieron los nueve meses.
San Ambrosio
La causa por la que permaneció tanto tiempo no fue la sola familiaridad, sino también para el bien de tan gran profeta. Porque si a su primera entrada fue tan grande el don comunicado, que el niño saltó dentro del vientre a la salutación de María y la madre se llenó del Espíritu Santo, ¿cuánto más podemos creer que añadiría en el espacio de tanto tiempo la presencia de la Santísima Virgen María? Bien se deduce de aquí que prestó sus servicios y guardó un número místico 1.
Beda
Es necesario que el alma casta, que concibe el deseo del Verbo espiritual, soporte la intensa carga del ejercicio celestial; y permaneciendo allí como tres meses, no deje de perseverar mientras la ilumine la luz de la fe, la esperanza y la caridad.
Teofilacto
Pero cuando Santa Isabel iba a alumbrar, la Virgen se retiró. Por lo cual se añade: «Y se volvió a su casa»; a saber, por la muchedumbre que debía reunirse para el parto, pues no era conveniente que la Virgen estuviese presente en tales circunstancias.
Griego
Es, pues, costumbre de las vírgenes el retirarse cuando una mujer alumbra. Desde que llegó a su casa no salió para otra parte; sino que allí permaneció en adelante, hasta que conoció que llegaba la hora del parto; y allí el ángel del Señor disipó la duda de José.
Notas
- Es decir, el número tres.
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