Dada la fecha en que celebramos la Hispanidad, es muy oportuno hablar de la fe como factor fundamental que empujó a los españoles a embarcarse hacia esas tierras desconocidas. De mis recuerdos de estudiante de teología, hace ya muchos años, tengo gravado lo que dijera un profesor: el cardenal Cisneros (1436-1517) –a quien, dicho de paso, la Iglesia debería pensarse en lanzar su proceso de canonización– eligió para evangelizar Iberoamérica a sacerdotes, frailes y monjes de fe probada. Lo cual habla del cuidado y compromiso de la Iglesia católica por la evangelización de los pobladores indios de las nuevas tierras descubiertas a los que consideraba como personas humanas a las que había que bautizar con la dignidad de hijos de Dios, en igualdad de derechos que cualquier miembros de la Iglesia.
La reina española Isabel la Católica prohibió esclavizar indios: Un indio cristiano nunca podía ser esclavo. En noviembre de 1504, Isabel, tres días antes de morir, dictó su famoso testamento. Dedica todo un párrafo a dictaminar normas –de manera inconcebible para entonces– sobre los indios; era la primera vez en la Historia que una potencia vencedora prohibía esclavizar a los vencidos. Es un texto fundacional de la Hispanidad:
Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen.
Isabel la Católica sería quien marcara la línea de actuación hispánica para 4 siglos de presencia en América: a) ligándola desde el principio a la evangelización, real, apoyada desde el Estado; b) declarando el derecho natural de los nativos americanos a no ser esclavizados ni robados y ser tratados como otros súbditos
Isabel se anticipó en 35 años a la formulación del derecho de gentes de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto: en América la esclavitud de los indios será algo marginal, que se dará sobre todo con prisioneros de guerra en las zonas más remotas de guerra fronteriza (en la inacabable guerra araucana en Chile, por ejemplo). Y no habrá tráfico de indios esclavizados hacia Europa. Se daban casos de barcos españoles que atrapaban barcos franceses en guerra, con indios esclavos de los franceses, y debían ponerlos en libertad.
Y a aquello primeros misioneros les siguieron muchísimos otros que dejaron su patria española y dieron su vida para sembrar en el Nuevo Mundo la vida nueva de la fe, la esperanza y el amor en Nuestro Señor Jesucristo.
Participamos plenamente en lo que dice Eulogio López: «Lo mejor que ha hecho España en toda su historia ha sido la evangelización y liberación de América.»
“¡Dichosa tú, América, Iglesia de América, portadora de Cristo también, que has recibido el anuncio de la salvación y has creído en «lo que te ha dicho el Señor»! La fe es tu dicha, la fuente de tu alegría. ¡Dichosos vosotros, hombres y mujeres de América Latina, adultos y jóvenes, que habéis conocido al Redentor! Junto con toda la Iglesia, y con María, vosotros podéis decir que el Señor «ha puesto los ojos en la humildad de su sierva».[92] ¡Dichosos vosotros, los pobres de la tierra, porque ha llegado a vosotros el Reino de Dios! (San Juan Pablo II, el 12 de octubre de 1992, V Centenario del Descubrimiento).
Desgraciadamente, hoy es de reseñar el hundimiento del catolicismo en la mayoría de los países de Latinoamérica: el nivel de práctica religiosa entre los jóvenes católicos, principalmente, es la más baja de la historia de toda su historia. Muchos han dejado el catolicismo para pasarse a las iglesias protestantes y otros han dejado de creer engrosando las filas del agnosticismo y del ateísmo.
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