La primera lectura (que pueden leer en la parte inferior) de la liturgia de la misa de hoy, 29 de mayo, san Pedro emplea en su primera carta esta expresión hermosa, benigna, alentadora, esperanzadora, significando que el amor a los ojos de Dios, por su inmensa misericordia, ha querido dar una importancia mayor que los pecados que podamos cometer. Es una apuesta por nuestra salvación: «Sobre todo, ámense profundamente los unos a los otros, porque el amor cubre todos los pecados» (4,8).
A pesar de los pecados, de las deficiencias y limitaciones y miserias humanas,… el conjunto, lo importante y fundamental de la persona puede quedar a salvo, salvada salvando.
Así, pongamos como ejemplo, muchos hombres, padres de familia, que aún cometiendo ciertas faltas éticas, como defraudar a Hacienda, deslices e infidelidades, escaqueos en el trabajo y en ciertas responsabilidades, en la falta de solidaridad, siendo egoísta, etc., sin embargo, saca a su familia adelante, proveyéndola con su esfuerzo diario de todo aquello que necesita.
Un vida, cuestionada -perdida- moral y ciertamente, según los juicios humanos, se revela así habitada por la presencia de Dios, por su Espíritu y gracia -Es decir, » vivan por el Espíritu con la vida de Dios» (1Pe 4,6), que le mueve a responsabilizarse según la conciencia de lo que supone vivir y asumir fielmente su opción fundamental, que no es otra que la de vivirse dignamente bajo el dinamismo del amor en que ha sido constituido.
De modo que el ser humano, pese su condición precaria, imperfecta y pecadora, merced a la voluntad divina que ha querido misericordiosamente considerarlo así, puede obrar, según el dinamismo del Amor, actos amorosos.
El Amor (de Cristo) encubierto en nosotros es el que gracias a su reinado místicamente latente genera amor visible que cubre la multitud de pecados descubiertos.
De lo cual se deriva que hemos de estar, aún a consta de nuestros defectos e imperfecciones y comportamientos menos dignos, a amar lo más posible, a cuidar y ser generosos con los demás. «Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1Pe 4,10).
Porque con ello, con el amor, se contrapesa el platillo de la balanza que nos condenaría.
Por consiguiente, no nos cansemos de amar todo lo posible, aunque sea entremezclando torpezas. Dios misericordiosamente escogerá las espigas de entre la cizaña que crecieron al unísono. Pues el Señor ha querido, en su bondad infinita, que las obras buenas sean más consideras que las malas.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1 Pedro 4, 7-13
Hermanos: Ya está cerca el final de todo; por lo tanto, vivan con sensatez y en vigilancia para poder orar. Sobre todo, mantengan en continua actividad el amor mutuo, pues el amor sepulta una multitud de pecados. Sean hospitalarios los unos con los otros, sin quejas.
Que cada uno, como buen administrador de la gracia multiforme de Dios, emplee para servir a los demás, los dones recibidos. Quien habla, sea mensajero de las palabras de Dios; quien se dedica a servir a los demás, que los sirva con la fuerza que Dios le comunica. De modo que Dios sea glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.
No se sorprendan, queridos hermanos, del fuego de persecución que ha prendido por ahí para ponerlos a prueba, como si les sobreviniera algo nunca visto. Al contrario, alégrense de compartir ahora los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, el júbilo de ustedes sea desbordante.
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