El amor cubre multitud de pecados

Esto es lo que nos dice san Pedro en su primera carta: «Sobre todo, ámense profundamente los unos a los otros, porque el amor cubre todos los pecados» ( 4,8).

A pesar de  los pecados, de las deficiencias y limitaciones y miserias humanas,…  el conjunto, lo importante y fundamental de la persona puede quedar a salvo, salvada salvando.

Así, pongamos como ejemplo, muchos hombres, padres de familia, que aún cometiendo ciertas faltas éticas, como defraudar a Hacienda, deslices e infidelidades, escaqueos en el trabajo y en ciertas responsabilidades, en la falta de solidaridad, siendo egoísta, etc., sin embargo, saca a su familia adelante, proveyéndola con su esfuerzo diario de todo aquello que necesita.

Un vida, cuestionada -perdida- moral y ciertamente, según los juicios humanos, se revela así habitada por la presencia de Dios, por su Espíritu y gracia -Es decir, » vivan por el Espíritu con la vida de Dios» (1Pe 4,6), que le mueve a responsabilizarse según la conciencia de lo que supone vivir y asumir fielmente su opción fundamental, que no es otra que la de vivirse dignamente bajo el dinamismo del amor en que ha sido constituido.

De modo que el ser humano, pese su condición precaria, imperfecta y pecadora, merced a la voluntad divina que ha querido misericordiosamente considerarlo así, puede obrar, según el dinamismo del Amor, actos amorosos.  

El Amor (de Cristo) encubierto en nosotros es el que gracias a su reinado místicamente latente genera amor visible que cubre la multitud de pecados descubiertos.

De lo cual se deriva que hemos de estar, aún a consta de nuestros defectos e imperfecciones y comportamientos menos dignos, a amar lo más posible, a cuidar y ser generosos con los demás. «Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1Pe 4,10).

Porque con ello, con el amor, se contrapesa el platillo de la balanza que nos condenaría.

Por consiguiente, no nos cansemos de amar todo lo posible, aunque sea entremezclando torpezas. Dios misericordiosamente escogerá las espigas de entre la cizaña que crecieron al unísono. Pues el Señor ha querido, en su bondad infinita, que las obras buenas sean más consideras que las malas.

 

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