Categoría: SALVACIÓN O CONDENACIÓN

Así perdona Dios


Se acercó Pedro y dijo a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”
Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” ( Mt 18, 21-22).

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Autoexcomunión

           A los de fuera, Dios los juzgará. Arrojad de entre vosotros al malvado (1 Cor 5,13).      

         Y Jesús respondió: ‘Aquel a quien yo dé un bocado mojado’. Y mojando el bocado, lo tomó y se lo dio a Judas, el de Simón, el Iscariote. Y tras el bocado ENTRÓ Satanás en él (Jn 13,26-27).

           Y él, tomando el bocado, SALIÓ en seguida. Era de noche (Jn 13,30). 

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Necesitamos a Dios

Necesitamos de Dios. Y no ya por la fragilidad de la vida humana, experimentada en momentos de pandemias, o la conocida expresión de desespero de “sólo un Dios nos puede salvar” de Martin Heidegger en 1966, que pronunciara ante lo dantesco del siglo XX, con sus horrorosas de las guerras mundiales consecuencias de un hombre convertido en alimaña, y que “dejado de la mano de Dios”, y el destino amenazador de la potencia tecnología, sería capaz de destruir el mundo entero; sino y principalmente por la responsabilidad del quehacer(se) cotidiano de cada uno de nosotros, en que nos jugamos algo muy importante: nuestro destino definitivo, la condenación o salvación eternas.

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Dimas y todos nosotros, salvados

Al que oiga mis palabras y no las cumpla, yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día.  (Jn 12,47-48).

Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?». Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo». (Mc 10,26-27). Seguir leyendo “Dimas y todos nosotros, salvados”

La parábola del Hijo Pródigo

Todos los años por el mes de marzo, como ayer 6, en la liturgia de la misa se lee el evangelio según san Lucas 15,1-3.11-32, (que pueden leer abajo). Es un párrafo rico, lleno de matices y sugerencias; pero para no alegorizarla la parábola, fijémonos brevemente en lo central del tema que es -como dice el mismo texto-:  “este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”-.

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