El Evangelio (Lc 11,15-26) de la liturgia de la palabra de hoy 10 de octubre nos habla de este pecado no perdonable: el que se cometa contra el Espíritu Santo.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,15-26):
En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron:«Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.
Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: «Volveré a la casa de donde salí.» Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»
De otros dos sinópticos Marcos y Mateo, que pueden ver más abajo, se pueden extraer algunos detalles que enriquezcan el texto de Lucas:
Jesús realiza un milagro, la liberación de una persona que estaba endemoniada. La gente allí presente se siente admirada, e incluso algunos se preguntan si no será Jesús el Mesías, el hijo de David, prometido y esperado, los escribas y fariseos también allí presentes se revuelven contra el sentir general y califican a Jesús de todo lo contrario: de no ser quien la gente piensa que es, sino de haber realizado esa expulsión no con poder de origen divino, es decir, con el poder que le hubiera otorgado el príncipe de los demonios, Belzebú, que le tenía poseído «tenía dentro un espíritu inmundo».
Y Jesús rebate a estos con un argumento preciso: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Si Satanás expulsa a Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?…». A lo que añade: «el árbol se conoce por su fruto».
Si Él expulsa «a los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado el reino de Dios». El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, está con Él y en Él, junto con el Padre. Es en sí la Trinidad, pues donde una de las tres personas trinitarias está están las otras dos. La vida trinitaria, el Reino de Dios, ha llegado con el Hijo a los hombres.
De modo que negar esto: negar el Reino de Dios, la obras de amor y bien que nacen del corazón de Dios, impulsadas por el Espíritu Santo, es negar el todo, ponerse insultante, blasfemamente, aliándose con el Maligno, a Dios Padre-Hijo-Espíritu Santo. Y está radical negación contra la más sagrado: achacando a lo bueno como obra de mal y a lo malo como obra de Dios trinitario, se opone a la voluntad salvadora. Aun así, Jesús viene a añadir un matiz referido a la ofensa que se haga contra Él: «… contra el Hijo del hombre será perdonado», y sin embargo se muestra tajante: «pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este mundo ni en el otro.», «no tendrá perdón jamás». Es la obstinación en la perversión que se resiste diabólicamente a la misericordia perdonadora del amor trinitario de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica en el nº 1864 dice: “No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo. Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna”.
El único pecado que no será perdona es el que se cometa contra el Espíritu Santo. Si todos los pecados se cometen contra Dios, ¿qué tiene este pecado de extraordinariamente particularidad para ser distinto a los demás, que si serán perdonados? Dios perdona siempre y todo, y persiste en ello, hasta setenta veces siete, ¿entonces? Es el pecado que no será perdona, no por Dios, que si quiere perdonarlo, sino por el hombre que no se va a dejar serlo. ¿Y cómo? Porque el hombre endurecido en su corazón, por su mucho mal odia al Bien, lo rechaza mortalmente, y en el ejercicio de la libertad en cuya dignidad personal ha sido creado, decidirá rechazar la Luz y marchar con los demonios y hacerse uno ellos. DE ahí que cuidemos la acumulación de mal, de pecados, sobre nuestra conciencia, no sea que alcancemos un grado de encanallamiento que al final dramáticamente confundamos al Bien por el Mal. Es el drama de la libertad humana que puede oponerse a Dios y a su Palabra y cerrar el corazón al perdón. Es decir, que por más misericordioso que sea Dios y trate de salvar a todos, habrá quién se niegue a ser personado, a recibir esa gracia indebida; todo porque a base de mal, de encanallamiento, es ya incapaz de percibir la bondad que el Espíritu Santo le muestra como su bien y lo rechaza como algo aborrecible, como la luz apagada por las tinieblas. Este es el mayor temor o único, que hemos de temer: el odiar el amor trinitario que nos hace presente el Espíritu Santos.
Y finalizando, en san Lucas añade: «El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».
……
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,22-30):
EN aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres:
los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
Evangelio según san Mateo (12,22-33):
Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo, y lo curó, de suerte que el mudo hablaba y veía. Y toda la multitud asombrada decía: «¿No será este el hijo de David?». Pero los fariseos al oírlo dijeron: «Este expulsa los demonios con el poder de Belzebú, príncipe de los demonios». Pero él, dándose cuenta de sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido internamente va a la ruina y toda ciudad o casa dividida internamente no se mantiene en pie. Si Satanás expulsa a Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino? Y si yo expulso los demonios con el poder de Belzebú, ¿vuestros hijos con el poder de quién los expulsan? Por eso ellos os juzgarán. Pero si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Cómo podrá uno entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse su ajuar, si no ata primero al fuerte? El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Por eso os digo que cualquier pecado o blasfemia serán perdonados a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y quien diga una palabra contra el Hijo del hombre será perdonado, pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este mundo ni en el otro. Plantad un árbol bueno y el fruto será bueno; plantad un árbol malo y el fruto será malo; porque el árbol se conoce por su fruto.
…oo0oo…
Catena Aurea
Glosa
Había ofrecido el Señor que daría el Espíritu bueno a los que lo pidiesen, cuyo beneficio da a conocer con el siguiente milagro. De aquí prosigue: «Y estaba Jesús lanzando un demonio el cual era mudo».
Teofilato
Se llama mudo kwfoV, (cofos), al que no habla y también al que no oye. Pero con más propiedad al que ni oye, ni habla. El que no ha oído desde que nació, necesariamente no habla porque se nos enseña a hablar por medio del oído. Pero si alguno pierde el oído por cualquier accidente, conserva, sin embargo, la facultad de hablar. Pero el que se presentó al Señor era mudo y sordo.
Tito Bostrense, in Matth
Llama mudo y sordo al demonio, porque infunde las pasiones para que no se oiga la divina palabra; porque los demonios privando a los hombres de la aptitud para obrar bien, cierran el oído de nuestra alma. Por esto vino Jesucristo a arrojar al demonio, para que podamos oír la palabra de la verdad. Curó a uno para dar a todos la salud. Por esto sigue: «Y así que hubo echado al demonio, habló el mudo».
Remigio
Este endemoniado, según San Mateo, no sólo era mudo sino también ciego. Luego hizo tres milagros en un solo hombre. Siendo ciego ve, siendo mudo habla, estando poseído por el demonio queda libre. Esto se verifica todos los días en la conversión de los creyentes. Primeramente, expulsado el demonio, ven la luz de la fe y después se desatan en alabanzas al Señor aquellas bocas que antes eran mudas.
San Cirilo, in Cat. graec. Patr
Una vez hecho este milagro el pueblo lo ensalzaba haciéndolo público y dándole la gloria que conviene a Dios. Por esto sigue: «Y todas las gentes quedaron muy admiradas».
Beda
Admirándose siempre las turbas -que parecían menos instruídas- de los hechos del Señor, los escribas y los fariseos se esforzaban en negarlos o en darles mala interpretación, haciéndolos aparecer no como obra de la divinidad, sino del espíritu inmundo. Por esto sigue el evangelista: «Mas no faltaron allí algunos que dijeron»: «Por arte de Beelzebub, príncipe de los demonios, echa El los demonios». Beelzebub era el dios de Accaron 1; Beel es lo mismo que Baal y Zebub quiere decir mosca. Por tanto, Beelzebub viene a significar el señor de las moscas 2, de cuyo asqueroso rito tomó el nombre el príncipe de los demonios.
San Cirilo, ubi supra
Otros, estimulados por los mismos aguijones de la envidia, le pedían que hiciese milagros; por esto sigue: «Y otros por tentarle le pedían les hiciese ver algún prodigio del cielo». Como diciendo: Aun cuando arrojas los demonios del cuerpo de un hombre, no es prueba suficiente de la obra divina; todavía no hemos visto algo que pueda compararse con los primitivos milagros: Moisés pasó al pueblo de Israel por medio del mar ( Ex 12); Josué, que le sucedió, detuvo al sol en Gabaón ( Jos 10). Pero tú no nos has hecho ver nada de esto. Al pedir, pues, milagros estupendos, daban a conocer cuáles eran entonces sus pensamientos respecto de Jesucristo.
Notas
- Accaron o Eqrón: ciudad filistea.
- O también: señor del estiércol.
San Crisóstomo, hom. 42, in Matth
Siendo inconveniente la sospecha de los fariseos, no se atrevían a publicarla por miedo a la muchedumbre, sino que la desenvolvían dentro de su conciencia. Por esto sigue: «El, cuando vio los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, será asolado».
Beda
No responde a lo que han dicho sino a lo que piensan, para que se viesen compelidos a creer en el poder de Aquel que veía los secretos del corazón.
Crisóstomo, ut supra
No respondía según las Escrituras, porque no les prestaban atención, falseándolas en su explicación, sino según lo que generalmente sucede. Porque la casa y la ciudad, una vez divididas, se destruyen prontamente, y lo mismo un reino que es lo que hay de más fuerte, siendo la unión de los súbditos la que afirma los reinos y las casas. Ahora bien, dice, si yo lanzo a los demonios por arte del demonio, los demonios están divididos y concluye su poder. Por esto añade: «Pues si Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo ha de subsistir?», etc. Porque Satanás no lucha contra sí mismo, ni hace daño a sus satélites, sino más bien afirma su reino. Luego sólo resta decir que yo destruyo a Satanás por poder divino.
San Ambrosio
También da a conocer en esto que su reino es indisoluble y eterno; y por tanto, a los que no esperan en Jesucristo, sino que creen que arroja a los demonios en virtud del príncipe de los demonios, les niega que sean de su reino eterno, lo cual se refiere también al pueblo judío. En efecto, ¿cómo puede ser eterno el reino de los judíos, el pueblo guardián de la ley, cuando niega a Jesús anunciado por ella? Y así la fe del pueblo judío se contradice; contradiciéndose se divide; dividiéndose se destruye; y por tanto, el reino de la Iglesia subsistirá siempre, porque su fe es indivisible y su cuerpo es uno solo.
Beda
El reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo tampoco está dividido, sino que está establecido con estabilidad eterna. Renuncien, pues, los arrianos a sostener que el Hijo es menor que el Padre, y el Espíritu Santo menor que el Hijo, porque los que tienen el mismo reino tienen la misma majestad.
Crisóstomo, in Matthaeum hom. 42
Esta es la primera solución, pero la segunda (que se refiere a los discípulos) es la que da en seguida diciendo: «Y si yo por virtud de Beelzebub lanzo los demonios: ¿vuestros hijos por quién los lanzan?». No dice mis discípulos, sino vuestros hijos, queriendo calmar su furor.
San Cirilo, in Cat. graec. Patr
Fueron judíos los discípulos de Jesucristo, pues procedían de los judíos según la carne, los cuales habían recibido de Cristo poder sobre los espíritus inmundos, y en el nombre de Cristo libraban de ellos a los poseídos. Por tanto, cuando vuestros hijos venzan a Satanás en mi nombre, ¿no es una gran insensatez decir que yo tengo este poder de Beelzebub? Así vosotros seréis condenados por la fe de vuestros hijos. De aquí sigue: «Por esto serán ellos vuestros jueces».
Crisóstomo, hom. 42 ut sup
Porque, puesto que hay entre vosotros quien me obedece, claro es que condenará a los que obran en contrario.
Beda
O bien, designa como hijos de los judíos a los exorcistas de aquella gente que arrojaban a los demonios invocando a Dios; como diciendo: si la expulsión de los demonios en vuestros hijos se atribuye a Dios y no a los demonios, ¿por qué cuando se trata de mí no ha de reconocer igual causa la misma obra? Luego ellos mismos serán vuestros jueces, no por poder sino por comparación; porque ellos atribuyen a Dios la expulsión de los demonios y vosotros a Beelzebub, príncipe de los demonios.
San Cirilo, ubi sup
Luego si lo que dices tiene carácter de calumnia, resulta que yo arrojo los demonios por medio del Espíritu de Dios. Por esto sigue: «Mas si con el dedo de Dios lanzo los demonios, ciertamente llegó a vosotros el reino de Dios».
San Agustín. De cons. Evang., lib. 2, cap. 38
Lo que San Lucas llama dedo de Dios, San Mateo llama Espíritu de Dios. Y, sin embargo, no hay en esto disparidad; sino que más bien enseña que debemos conocer el sentido en que debemos entender las palabras «dedo de Dios» en cualquier lugar que las hallemos de la Sagrada Escritura.
San Agustín. De quaest. Evang. lib. 2, q. 17
Se llama al Espíritu Santo dedo de Dios, por la equitativa distribución de sus dones entre los hombres y los ángeles; puesto que en ningún miembro nuestro se hace la división más patente que en los dedos.
San Cirilo, in Thesauro, lib. 13, cap. 2
O bien es llamado el Espíritu Santo dedo de Dios, como el Hijo es llamado la mano y el brazo del Padre; pues el Padre lo hace todo por El. Como el dedo no está separado de la mano sino que está unido naturalmente a ella, así el Espíritu Santo está unido al Hijo consustancialmente, y el Hijo todo lo hace por El.
San Ambrosio
Por la unión de nuestros miembros, además, no puede dividirse nuestra fuerza, puesto que no puede haber división en lo que es indivisible; y por tanto, el nombre de dedo debe referirse a la unidad y no a la división del poder.
San Atanasio, orat. 2, contra Arrianos
Pero ahora, en razón de su humanidad, quiere el Señor aparecer menor al Espíritu Santo, diciendo que echa los demonios en virtud del citado Espíritu. Con ello da a conocer que no es suficiente la naturaleza humana para arrojar a los demonios; solo puede en virtud del Espíritu Santo.
San Cirilo, in Cat. graec. Patr
Por esto se dice muy oportunamente: «El reino de Dios ha llegado a vosotros»; esto es, si yo, siendo hombre, en virtud del Espíritu divino arrojo los demonios, la naturaleza humana ha sido enriquecida en mí y viene el Reino de Dios.
San Juan Crisóstomo, in Matthaeum hom. 42
Dice «sobre vosotros», para atraerlos. Como diciendo: Si os vienen los días de la prosperidad, ¿por qué os hastiáis de vuestros bienes?
San Ambrosio
También manifiesta el fuerte poder que hay en el Espíritu Santo en quien está el Reino de Dios; y como el Espíritu Santo habita en nosotros, venimos a ser real morada suya.
San Tito Bostrense, in Matth
O bien dice: «el reino de Dios ha llegado a vosotros», para dar a entender que ha llegado contra vosotros y no a favor vuestro; terrible será la segunda venida de Jesucristo para los malos cristianos.
San Cirilo, in Cat. graec. ubi sup
Como era necesario por muchas razones rebatir las palabras de sus detractores, utiliza un ejemplo clarísimo, por medio del cual demuestra a los que lo quieran comprender que el príncipe de este mundo es vencido por el poder que El tiene, por eso dice diciendo: «Cuando el fuerte armado guarda su atrio», etc.
San Juan Crisóstomo, homil. 42, in Matth
Llama fuerte al diablo, no porque lo sea por naturaleza, sino dando a conocer su antigua tiranía, causada por nuestra debilidad.
San Cirilo, in Joan, lib. 10, cap. 11
Antes de la venida del Salvador usó de mucha violencia en el mundo robando los rebaños ajenos -esto es, los de Dios- y conduciéndolos, por decirlo así, a su propio redil.
San Teofilacto
Sus armas son los pecados de toda clase, en los que confía para prevalecer contra los hombres.
Beda
Llama su atrio 1 al mundo, porque está ocupado por la malicia ( 1Jn 5,19) teniendo en él todo poder hasta la venida del Salvador, como que descansaba en los corazones de los infieles sin contradicción ninguna, pero fue vencido por uno más fuerte en poder, Cristo, que al liberar a todos los hombres lo expulsó del mismo, por esto añade: «Pero si sobreviniendo otro más fuerte que él lo venciere», etc.
San Cirilo, ubi supra
Después que el Verbo del sumo Dios, dador de toda fortaleza y Señor de todas las virtudes, se hizo hombre, lo acometió y le quitó sus armas.
Beda
Sus armas son la astucia, el engaño y la torpeza espiritual; y sus restos son los hombres engañados por él.
San Cirilo, ubi supra
Porque los judíos que desde hacía tiempo habían sido seducidos por él por el error y la ignorancia acerca de Dios, han sido llamados por los Santos apóstoles hacia el anuncio de la verdad y ofrecidos a Dios Padre por la fe que prestaban al Hijo.
San Basilio, in Esai, 18
Distribuyó también sus restos, mostrando el fiel amparo de los ángeles para la salud de los hombres.
Beda
Jesucristo como vencedor distribuye los restos -lo cual es señal de triunfo-, porque conduciendo cautiva a la cautividad, repartió sus dones a los hombres; esto es, ordenando que unos sean apóstoles, otros evangelistas, otros profetas y otros pastores y doctores ( Ef 4).
San Juan Crisóstomo, hom. 42, ut sup
Después pone la cuarta solución cuando añade: «Quien no está conmigo está contra mí». Como diciendo: yo quiero ofrecer los hombres a Dios y Satanás todo lo contrario. ¿Cómo, pues, el que no coopera conmigo, sino que disipa lo que es mío, puede estar conforme conmigo para arrojar a los demonios? Prosigue: «Y el que no recoge conmigo, desparrama».
San Cirilo, ubi supra
Como diciendo ( Mt 12,45): Yo he venido a reunir a los hijos de Dios dispersados por el demonio; y el mismo Satanás, como no está conmigo, procura esparcir lo que yo he reunido y salvado. ¿Cómo, pues, ha de darme el poder el que combate todos mis designios?
San Juan Crisóstomo, hom. 42, ut sup
Pero si el que no coopera es adversario, mucho más lo es el que se me opone. Me parece que en esta alegoría alude a los judíos igualándolos con el demonio, pues ellos obraban contra El y dispersaban a los que El congregaba.
Notas
- Por extensión se refiere a la casa.
San Cirilo in Cat. graec Patr
Después de lo dicho manifiesta el Señor los errores en que había caído el pueblo de los judíos respecto de Jesucristo, diciendo: «Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre», etc. Que este ejemplo se refiere a los judíos lo expresa San Mateo cuando dice ( Mt 12,45): «Así sucederá a esta pésima generación»: Y fue así que en todo el tiempo que habían estado en Egipto viviendo según las leyes del país, habitó en ellos el espíritu maligno. De él fueron librados cuando sacrificaron el cordero que figuraba a Jesucristo y marcaron sus puertas con sangre, evitando así su destrucción.
San Ambrosio
De este modo se compara con un solo hombre a todo el pueblo judío, de quien había salido el demonio por la ley. El demonio volvió al vulgo de los judíos, pues no pudo hallar reposo entre los gentiles, cuyos corazones, habiendo sido áridos, recibieron después por el bautismo el rocío del Espíritu y la fe de Cristo, porque Jesucristo es como un incendio para los espíritus inmundos. Por esto, dice: «Y cuando no le halla, dice: me volveré a mi casa de donde salí».
Orígenes, in Cat. graec. Patr
Esto es, a aquéllos de Israel que había visto no contenían en sí nada de Dios y se hallaban como desiertos y vacíos de El. He aquí como se expresa esto: «Y cuando vuelve la halla barrida».
San Ambrosio
Exteriormente, pues, aparece más limpio y adornado su cuerpo que lo que lo está interiormente su alma. No se purificaba ni templaba su ardor con las aguas de la sagrada fuente; y por ello el espíritu inmundo volvía a él, llevando consigo siete espíritus peores que él. Por esto dice: «Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él y entrando en esta casa fijan en ella su morada». Y esto, porque con intención sacrílega falta a la semana de la ley y al misterio del octavo día. Y así como se multiplica para nosotros la gracia del espíritu en siete dones, así se acumula sobre ellos todo el daño de los espíritus inmundos, pues a veces se comprende en este número lo universal 1.
San Juan Crisóstomo, hom. 44, in Matth
Ahora ocupan las almas de los judíos demonios peores que los anteriores. Porque en otro tiempo maltrataban a los profetas, pero ahora injurian al que es Señor de los profetas; por eso sufrieron más bajo el dominio de Vespasiano y de Tito, que en Egipto y Babilonia. Por esto sigue: «Con lo que el último estado de aquel hombre es peor que el primero». Antes tenían la asistencia divina y la gracia del Espíritu Santo, pero ahora están privados aún de estos dones; por eso ahora sufren con la privación de la gracia miserias mayores y más crueldad en la fuerza con que el enemigo los tienta.
San Cirilo, ubi sup
Su estado es peor que el primero, según las palabras del apóstol ( 2Pe 2,21): «Más les valía no haber conocido el camino de la verdad, que separarse de él después de haberle conocido».
Beda
Esto mismo puede entenderse respecto de los herejes, de los cismáticos y de todo mal católico, de quienes ha salido el espíritu inmundo en el día del bautismo. Este recorre los lugares áridos, esto es, los corazones de los fieles que están limpios de la blandura de los pensamientos vanos; examina el astuto acechador si puede inculcar en ellos los pasos de su iniquidad. Dice, pues: «Me volveré a mi casa, de donde salí»; en lo cual debe temerse que nos oprima por nuestra negligencia la culpa que creíamos extinguida en nosotros. La encuentra barrida, esto es, limpia de la suciedad del pecado por la gracia del bautismo; pero vacía de buenas obras. Se entiende, en fin, por los siete espíritus malos que toma consigo, todos los vicios; y se llaman peores porque no sólo tendrá aquellos siete vicios que son contrarios a las siete virtudes espirituales, sino que también fingirá tener estas virtudes por hipocresía.
San Juan Crisóstomo, in Matthaeum hom 45
No sólo se ha dicho esto para los judíos sino que debemos recibirlo como dicho también para nosotros. Por lo que sigue: «Con lo que el último estado de aquel hombre es peor que el primero»;es decir, si después de haber sido iluminados y librados de nuestras culpas pasadas, volvemos otra vez a la misma maldad, la pena de los pecados que cometamos después será mucho mayor.
Beda
Puede también entenderse que el Señor añadió esto para distinguir sus acciones de las de Satanás. El siempre limpia lo que está manchado, mientras que Satanás se apresura a manchar con mayores inmundicias lo que ha sido limpiado.
Notas
- El número siete se asocia con los conceptos de totalidad y plenitud.
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Quien desee ampliar más sobre este tema, puede acceder a estos otros artículos nuestros:
El pecado que no será perdonado
Confesar la fe, el Espíritu Santo y el pecado que no será perdonado

