El pecado contra el Espíritu Santo, el que no será perdonado

El Evangelio (Mc 3,22-30) de la liturgia de la palabra de hoy 23 de enero nos habla de este pecado no perdonable: el que se cometa contra el Espíritu Santo.  

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,22-30):

EN aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres:
los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre
».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

 

De otros dos sinópticos Lucas y Mateo, que pueden ver más abajo, se pueden extraer algunos detalles que enriquezcan el texto de Marcos:

Jesús realiza un milagro, la liberación de una persona que estaba endemoniada. La gente allí  presente se siente admirada, e incluso algunos se preguntan si no será Jesús el Mesías, el hijo de David, prometido y esperado, los escribas y fariseos también allí presentes se revuelven contra el sentir general y califican a Jesús de todo lo contrario: de no ser quien la gente piensa que es, sino de haber realizado esa expulsión no con poder de origen divino, es decir, con el poder que le hubiera otorgado el príncipe de los demonios, Belzebú, que le tenía poseído «tenía dentro un espíritu inmundo».

Y Jesús rebate a estos con un argumento preciso: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Si Satanás expulsa a Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?…». A lo que añade: «el árbol se conoce por su fruto»

Si Él expulsa «a los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado el reino de Dios». El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, está con Él y en Él, junto con el Padre. Es en sí la Trinidad, pues donde una de las tres personas trinitarias está están las otras dos. La vida trinitaria, el Reino de Dios, ha llegado con el Hijo a los hombres.

De modo que negar esto: negar el Reino de Dios, la obras de amor y bien que nacen del corazón de Dios, impulsadas por el Espíritu Santo, es negar el todo, ponerse insultante, blasfemamente, aliándose con el Maligno, a Dios Padre-Hijo-Espíritu Santo. Y está radical negación contra la más sagrado: achacando a lo bueno como obra de mal y a lo malo como obra de Dios trinitario, se opone a la voluntad salvadora. Aun así, Jesús viene a añadir un matiz referido a la ofensa que se haga contra Él:  «… contra el Hijo del hombre será perdonado»,  y sin embargo se muestra tajante:  «pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este mundo ni en el otro.», «no tendrá perdón jamás». Es la obstinación en la perversión que se resiste diabólicamente a la misericordia perdonadora del amor trinitario de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica en el nº 1864 dice: “No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo. Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna”. Es el drama de la libertad humana que puede oponerse a Dios y a su Palabra y cerrar el corazón al perdón.

 Y finalizando, en san Lucas añade: «El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

 

Evangelio según san Mateo (12,22-33): 

Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo, y lo curó, de suerte que el mudo hablaba y veía.  Y toda la multitud asombrada decía: «¿No será este el hijo de David?». Pero los fariseos al oírlo dijeron: «Este expulsa los demonios con el poder de Belzebú, príncipe de los demonios». Pero él, dándose cuenta de sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido internamente va a la ruina y toda ciudad o casa dividida internamente no se mantiene en pie. Si Satanás expulsa a Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino? Y si yo expulso los demonios con el poder de Belzebú, ¿vuestros hijos con el poder de quién los expulsan? Por eso ellos os juzgarán. Pero si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Cómo podrá uno entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse su ajuar, si no ata primero al fuerte? El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. Por eso os digo que cualquier pecado o blasfemia serán perdonados a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y quien diga una palabra contra el Hijo del hombre será perdonado, pero quien hable contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este mundo ni en el otro. Plantad un árbol bueno y el fruto será bueno; plantad un árbol malo y el fruto será malo; porque el árbol se conoce por su fruto

 ……

 

Evangelio según san Lucas (11,14-23):

EN aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.
Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

 

Quien desee ampliar más sobre este tema, puede acceder a estos otros artículos nuestros:

El pecado que no será perdonado

Confesar la fe, el Espíritu Santo y el pecado que no será perdonado

 

ACTUALIDAD CATÓLICA