
La aspiración de ciertas pseudorreligiones, como la Nueva Era, y los problemas que se plantea la filosofía moderna son un esfuerzo de las tinieblas por apoderarse de la luz.

Como decíamos, aunque se quiera reprimir y hasta anular la naturaleza del ser humano, su dimensión profunda más propia y verdadera, habrá momentos en que para poder respirar de esa asfixia del alma, romperá ese casco de hielo bajo el cual se halla sumergido. Y entonces buscará satisfacer esa necesidad de lo trascendente, y se agarrará a cualquier cosa.
A finales del siglo XX estábamos convencidos de que podíamos cambiar al hombre, de que la ciencia generaba necesariamente el progreso, no sólo técnico, sino también moral. Creíamos que la enseñanza era la clave de la evolución positiva de los individuos y de las sociedades.
Todas las nuevas “religiones” surgidas después de la consumación de la Revelación de Dios a través de su Hijo Jesucristo son herejías u obras de Satanás.
