Los dos olivos

Olivos del Huerto de los Olivos, en la actualidad.

La primera lectura de la liturgia de hoy, 23 de noviembre, es del Apocalipsis (11,4-12), y trata de dos figuras santas, proféticas, que vendrán a la tierra en los momentos finales, en plena tormenta de la persecución de los cristianos por medio del Anticristo:


Me fue dicho a mí, Juan:
«Aquí están dos testigos míos, estos son los dos olivos y los dos candelabros que están ante el Señor de la tierra. Y si alguien quiere hacerles daño, sale un fuego de su boca y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, es necesario que muera de esa manera. Estos tienen el poder de cerrar el cielo, para que no caiga lluvia durante los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plagas siempre que quieran.
Y cuando hayan terminado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran ciudad, que se llama espiritualmente Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado. Y gentes de los pueblos, tribus, lenguas y naciones contemplan sus cadáveres durante tres días y medio y no permiten que sus cadáveres sean puestos en un sepulcro. Y los habitantes de la tierra se alegran por ellos y se regocijan y se enviarán regalos unos a otros, porque los dos profetas fueron un tormento para los habitantes de la tierra».
Y después de tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos, y se pusieron de pie, y un gran temor cayó sobre quienes los contemplaban. Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía:
«Subid aquí».
Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos se quedaron mirándolos.

 

Enoc evangelizará y organizará a los Judíos que buscarán el bautismo y la conversión a la fe católica durante el reinado del anticristo. Elías evangelizará y organizará la última ola de gentiles que se convierten a Cristo durante el reinado de terror del anticristo.

……

 

En otros lugares bíblicos se hace referencia se hace referencia a estos dos personajes, y también en boca de santos y a través de apariciones:

 

Apocalipsis 11

 2  El patio exterior del Santuario, déjalo aparte, no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, que pisotearán la Ciudad Santa 42 meses.

3  Pero haré que mis dos testigos profeticen durante 1260 días, cubiertos de sayal».

El Antiguo Testamento nos habla de dos personajes que fueron arrebatados en vida: Elías y Enoc. Ambos fueron llevados al cielo sin pasar por la muerte (Gn 5, 24; Heb 11, 55; y 2 Rey 2, 11) y ambos volverán durante la Gran Tribulación para enfrentar públicamente al Anticristo.

Ellos estarán llenos del Espíritu Santo, predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios por ellos; harán grandes prodigios, por la virtud del Espíritu, y condenarán los errores del Anticristo.

Zacarías, capítulo 4

[1]Volvió el ángel que hablaba conmigo y me despertó como a un hombre que es despertado de su sueño. [2]Y me dijo: «¿Qué ves?» Dije: «Veo un candelabro todo de oro, con una ampolla en su vértice: tiene siete lámparas y siete boquillas para las siete lámparas que lleva encima. [3]Hay también dos olivos junto a él, uno a su derecha y el otro a su izquierda.» (…)

[11]Entonces tomé la palabra y le dije: «¿Qué son esos dos olivos a derecha e izquierda del candelabro?» [12](Añadí de nuevo y le dije: «¿Qué son las dos ramas de olivo que por los dos tubos de oro vierten de sí aceite dorado?») [13]El me habló y dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi señor.» [14]Y él me dijo: «Estos son los dos Ungidos que están en pie junto al Señor de toda la tierra.»

Santa Hildegarda

Entonces hacia el fin, aparecerán dos potencias, como en las dos cabezas, una que va para arriba hacia la salvación, incluso entre angustias y apuros, que es la de Enoch y de Elías. La otra, que tiende en cambio hacia la perdición rechinando los dientes y aparentando milagros gloriosos y virtud, que es la del Anticristo.

Para qué Enoch y Elías resucitarán de la muerte a los ojos de todo el mundo. Levantándolos sobre una nube, se confirmará definitivamente la resurrección de los muertos y la antigua serpiente reaccionará suscitando en el hijo de la perdición el máximo furor contra Dios y los santos.

Después de que Enoch y Elías hayan padecido la muerte del cuerpo por obra del hijo de la perdición, ocurrirá que los seguidores de éste se alegrarán mucho viendo que los ha destruido, pero posteriormente, cuando el espíritu de vida los resucite y los lleve para arriba sobre las nubes, su alegría se transformará en temor, tristeza y gran desconcierto.

La fe en la Iglesia zozobrará hasta el testimonio de Enoc y Elias. Desde la época de las persecuciones con que el Hijo del Demonio atormentará a los fieles hasta la enseñanza de Mis dos testigos, Enoc y Elias, que despreciarán lo terrenal y consagrarán todo su esfuerzo a los deseos celestiales, la fe en la Iglesia zozobrará.

La Salette

La Iglesia será eclipsada, el mundo se hallará en la consternación. Pero he aquí a Enoch y Elías llenos del Espíritu de Dios; ellos predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes progresos por virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo.

……

 

Estas es una reflexión del carmelita padre Juan del Carmelo:  «Elías y Henoc… ¿donde están?»

 

Dos figuras bíblicas, una de ellas es el profeta Elías, al que se puede considerar el más grande de los profetas después de Moisés, y antes del nacimiento de San Juan Bautista, es esta la del profeta Elías. La otra figura bíblica, es Enoc o Henoc, al cual se refiere el Génesis diciéndonos: “17 Caín se unió a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Henoc. Caín fue el fundador de una ciudad, a la que puso el nombre de su hijo Henoc. 18 A Henoc le nació Irad. Irad fue padre de Mejuíael; Mejuíael fue padre de Metusael, y Metusael  fue padre de Lamec”. (Gn 4,17-18). En el siguiente capítulo del Génesis se nos sigue hablando de Henoc, y se nos dice: “21 Henoc tenía sesenta y cinco años cuando fue padre de Matusalén.22 Henoc siguió los caminos de Dios. Después que nació Matusalén, Henoc vivió trescientos años y tuvo hijos e hijas. 23 Henoc vivió en total trescientos sesenta y cinco años. 24 Siguió siempre los caminos de Dios, y luego desapareció porque Dios se lo llevó”. (Gn 5,21-24).

Ambos personajes bíblicos, a pesar de la cantidad de años que median, entre la existencia de uno y la del otro, ambos tiene una cosa en común, y es que ninguno de los dos, de acuerdo con lo que se nos dice en la Biblia, aún no ha muerto. En el caso de Henoc, ya hemos visto que se nos dice: “….y luego desapareció porque Dios se lo llevó”. (Gn 5,24).  Pero aún es más claro en N.T. ya que en la Carta a los hebreos, podemos leer: “5 Por la fe, Henoc fue llevado al cielo sin pasar por la muerte. Nadie pudo encontrarlo porque Dios se lo llevó, y de él atestigua la Escritura que antes de ser llevado fue agradable a Dios”. (Heb 11,5).

El profeta Elías, fue el primer eremita del Monte Carmelo. La orden de los carmelitas le veneran como su fundador  como el fundador de la orden. Santiago en su epístola dice de él: “17 Elías era un hombre como nosotros, y sin embargo, cuando oró con insistencia para que no lloviera, no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses”. (Sant 5,17). 

Tenemos, pues que conforme nos dice la Biblia, ni Henoc ni Elías han muerte. Entonces ¿dónde se encuentran? Santo Tomás de Aquino se ocupa de este problema, pero ante de entrar a conocer la opinión de Santo Tomás, conviene que recordemos  a San Pablo que nos habla del tercer cielo: “…si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe, fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre, en el cuerpo o fuera del cuerpo del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe, fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar”. (2Co 12,2).

Santo Tomás de Aquino, según él, Henoc y Elías, se encuentran preservados en el cielo atmosférico (que se identifica con el paraíso terrenal), pero no en el cielo empíreo (el Cielo propiamente entendido). (Suma Teológica III, q. 49, a. 5). Santo Tomás, con los Santos padres de la Iglesia, nos dice que Enoc y Elías están esperando fuera en el espacio exterior y que volverán al final de los tiempos para la batalla con el anticristo. 

 

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