![]() Siempre, desde los años 60, el yoga ?proveniente de la India? ha estado presente en la sociedad occidental en alguna u otra medida. Pero últimamente, se está estableciendo y generalizando como una cuasi disciplina académica; se imparte en algunos colegios y hasta guarderías.
El respaldo ?por practicarlo? de gente importante de la sociedad, como reinas o líderes políticos y empresariales, ha contribuido a su aceptación e implantación, sin ningún juicio crítico. Unos lo practican por esnobismo, otros por la moda, otros porque sí, porque está apuntado su círculo de amigos, otros por liberarse del estrés, otros porque no saben qué hacer con el tiempo libre, otros porque es como una prolongación del gimnasio, otros porque han sido arrastrados por la publicidad, otros porque huyen de la soledad; otros porque buscan algo, no les satisface lo que ven ni su existencia, se sienten interiormente inquietos. En fin, una panoplia de rezones, desde las más vacuas a las más sería y personales. Habiendo tantos motivos o «excusas» y dado el tiempo del que hoy día se dispone y que la gente no sabe qué hacer con él, no es raro que, quien más o quien menos ,se aventure a probar y beber de esa agua. Sean movidos por una sed sincera o inventada, el caso es que cada vez hay más gente que prueba… El problema es que tras esa inofensiva agua mansa, en que parece que no ocurre nada ?sólo son meros ejercicios físicos de relajación?, si que ocurren cosas. Les invitamos a leer el breve artículo que escribimos con anterioridad y ver el video que le acompaña donde queda patente del peligro real de estas prácticas que abren puertas incautamente a las fuerzas desconocidas ?y siempre dañinas? de las que de siempre nos ha advertido nuestra fe cristiana y sana doctrina: http://www.actualidadcatolica.es/?p=1575
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