El espíritu mundano

Mientras haya mundo existirá “el espíritu del mundo”, “espíritu de la época”, “espíritu del tiempo” (zeitgeist). Es una atmosfera tóxica para el espíritu humano-cristiano. El mundo ésta impetrado por Satanás.

Su presencia será más o menos poderosa según el ser humano se preste a ello. De modo que hubo periodos históricos menos mundanos; en esas épocas el espíritu del Evangelio impregnaba las realidades temporales; el espíritu del mundo persistía, pero limitado en su poderío, disminuido en su capacidad de influir. Desde el siglo XIX se han venido acumulando “polución ideológica”, declarándose en rebeldía contra la religiosidad de la Humanidad. No sólo ateísta sino antiteísta. Aquí está el racionalismo, el marxismo, en parte el liberalismo, el materialismo, el nihilismo, el relativismo, el constructivismo, la ideología de género, etc., que suponen la encarnación del espíritu del mundo y la apoteosis del mal y el triunfo de las tinieblas, con la negación de los seres humanos y su bestialización.

A partir de esos momentos históricos, como alternativa a esas fuerzas perversas, se dieron con insistencia las apariciones de la Santísima Virgen María y también en muchos casos, con la compañía de San Miguel Arcángel, para frenar estas influencias y avisar y proteger a la Iglesia.

La Virgen María desde mediados del siglo XIX y todo el XX, en múltiples apariciones se ha venido manifestando en el sentido de representativo de estas palabras de “La Señora de todos los Pueblos” (1945 y 1959): “El mundo está envuelto por un falso espíritu, por Satanás. El falso espíritu gobierna el mundo. El paganismo moderno, el humanismo, el ateísmo, el socialismo moderno y el comunismo gobiernan el mundo.”

Cuando el mal se viste de bien, es peligrosísimo, o lo mismo, cuando arrastra tras un bien que usa como estandarte para muchos males. Prueba de ello son las ideologías de apariencia loable, pero tras las cuales se emboscan infinidad de males, que configuran la voluntad dominadora del Mal y se fragua su reinado. El espíritu mundano es el espíritu de perdición, es la atmosfera de las tinieblas, donde habita y reina el Maligno.

Cada vez más, sin duda alguna, se está dando un proceso sometimiento de las mentes y corazones a este espíritu. Esto se observa en el comportamiento mundanizado de la gente, en su falta de escrúpulos, su amoralidad, en su insensibilidad para lo religioso… Y también se comprueba que ese espíritu alcanza a la misma Iglesia cuando en algunos de sus miembros de cierta notoriedad se levantan voces apostando por una Iglesia que se debiera actualizar de acuerdo a los tiempos y sus problemáticas; es decir y en definitiva, que la Iglesia deje de ser ella misma y se mimetice con el mundo, mundanizándose.  

La Iglesia, desde sus orígenes y en todo lugar, ha sufrido persecución… El martirio de los cristianos a lo largo de su historia es una constante y forma parte de su seña de identidad. Se expresa en lo que san Pablo denominó ya el espíritu del mundo. Y así tendrá que ser, pues es inevitable la perspectiva de la cruz… “Si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?”(Lc 23,31), dijo Jesucristo con la cruz a cuestas camino del Calvario.

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