La humildad, la virtud más importante

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       El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado (Lc 14,11).

      “Mientras estamos en esta tierra, no hay cosa que más nos importe que la humildad.” (Santa Teresa de Jesús[1]).

      “El más humilde de la tierra es el más santo” (San Agustín).

 

 

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            En la vida de San Felipe Neri abundaban los rasgos de ingenio:

            Corrió por Roma la voz de que una monja de cierto convento hacia milagros. Su Santidad comisionó a este santo varón para hacer las investigaciones pertinentes. Nuestro buen religioso marchó al convento he hizo comparecer a la monja, a la que ordenó le limpiara las botas. La monja, indignada, se negó a la tarea. [Otros relatos cuenta que: el santo en cuanto la vio, lo primero que hizo fue darle un par de bofetones. La  monja se enfadó mucho…]. Felipe Neri se marchó y fue a ver al Papa.

          —Santo Padre —le dijo—, he hecho cuanto su Santidad me ha encargado, y puedo afirmar con toda certeza que no existen los milagros que esa monja se le atribuyen; ni de la santidad de aquella monja, pues para ser santa le faltaba la virtud principal: la humildad.[2]

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           San Agustín cuando un cierto Dióscoro le preguntó cuál era la virtud más importante, le respondió:

           —La primera virtud es la humildad; la segunda, la humildad, y la tercera, la humildad.[3]

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            San Vicente de Paúl, a un cierta persona que lo había insultado y le había dicho:

           —¡Me extraña enormemente que la Congregación lo tenga como superior!”

            Le respondió humildemente:

            —También a mí me extraña![4]

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            Decía santa Teresa de Calcuta:

           “Soy un simple lápiz en manos de Dios”[5].   

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La humildad es la virtud más importante para alcanzar la santidad. No hay santidad sin humildad. A ésta San Jerónimo la llama la virtud de los cristianos, precisamente porque en ella entran todas las virtudes, y sin humildad hasta las cosas buenas se estropean. San Cipriano dirá de ella que es fundamento insustituible de la santidad[6].

Decían:

San Gregorio Magno: “Los perfectos, por su misma humildad  merecen ser elevados a las alturas de la contemplación”[7].

Manuel García Morente: “Siendo pobre y sin honores ni preeminencias, serás humilde. Cuando seas humilde estarás entrenado en el supremo grado de la perfección cristiana”[8].

 Santa Teresa de Jesús : “La verdadera humildad (de todas las virtudes) es la principal y las abraza todas.”[9]

San Francisco de Sales: “No es la humildad el simple estimarnos miserables, porque basta la inteligencia para eso; es humildad querer y desear que nos miren y traten como tales”.[10]

San Bernardo:  “La humillación es el camino para llegar a la humildad.” Y exhorta: “Si quieres la humildad, no huyas del camino de las humillaciones”[11]

 San Juan XXIII: “Quiero humillarme, quiero amar la humillación, la indiferencia por parte de mi prójimo respecto a mi persona”[12]

Santa Teresa de LIsieux: “Coloquémonos humildemente entre los imperfectos, considerémonos almas pequeñas a las que Dios tiene que sostener a cada instante. Cuando él nos ve profundamente convencidas de nuestra nada, nos tiende la mano; pero si seguimos tratando de hacer algo grande —aunque sea bajo pretexto de celo— Jesús nos deja solas.”[13]

 Simone Weil: “La humildad es la negativa a existir fuera de Dios. La reina de las virtudes. “La humildad consiste en saber que en lo que se denomina “yo” no hay ninguna fuente de energía que permita elevarse.”[14]

La presencia de Dios es humildad. Y nosotros queremos hacer grandes cosas, y cuanto tendríamos que hacer es ser humildes. Siéndolo estaríamos siendo como Dios es. Y ser como Dios es, es cuanto podemos ser. Y esto requiere mucho coraje, dejar caer nuestras pretensiones y de construir el Reino con cosas importantes o sólo con cosas.        No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual (cf. 2 Tm 4). El combate se dirime principalmente en las cosas pequeñas, en el cada día, en el instante.

“La humildad es refiere a la reverencia con que el hombre debe someterse a Dios” (Santo Tomás de Aquino[15]) .

“La humildad consiste en conocer que de mí viene a la criatura todo bien.” (Decía Nuestro Señor a sor Catalina de Jesús Maria[16])

San Juan de la Cruz dice que las cosas santas de suyo humillan. Humillan está usado en sentido rigurosamente etimológico, antes que moral. Humillar viene de humus=tierra. Es decir, acercan a la tierra, hacen tocar tierra, nos retornan realistas y humildes, capacitándonos así para poder ver, reconocer, amar y compadecer a los demás. Quien ha estado en contacto con el Misterio se vuelve en este sentido humilde. Y a la inversa, quien no está cercano a la tierra, al prójimo, a su pobreza y necesidad, soledad o desamparo, es que no se ha acercado a las cosas santas.[17]

La humildad por la humildad, en sí sola no es suficiente; ha de abrirnos a Dios, a su confianza. El humilde es alguien que se conoce tan débil, que necesita imperiosamente la ayuda de Alguien. Alguien que amorosamente, porque lo conoce antes que él mismo, y que está pendiente de él, trata de ayudarlo, de sostenerlo, de hacer por él, lo que ahora él descubre que es así, y se dispone por obra de la humildad a dejarse ayudar, a recibir lo que ya se le estaba

Ser humildes, simples, requiere mucho coraje. Ser sencillos, frágiles, confiados, vulnerables, fáciles de burlar, de humillar, de faltar al respeto…, requiere mucho valor y, en cierto sentido, mucho amor a sí mismo.

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[1] Moradas del castillo interior. Moradas Primeras, cap. II.

[2] CLARASÓ, N., Antología de anécdotas, Acervo, Barcelona, 1988, p. 292. y CÁNOVAS, L., Las 1000 mejores anécdotas humorísticas, De Vecchi, Barcelona, 1972, p.87.

[3] Epist.” CXVIII, “ad Dioscurum”, c. III.

[4] SALES, L., La vida espiritual, Madrid, 1977, p. 390.                                            

[5] GONZALEZ-BALADO, J. L., Madre Teresa de Calcuta, Acento Ed., Madrid, 1998, p.13.

[6] Cf. SALES, L., La vida espiritual, Madrid, 1977, p. 384.

[7] En ARINTERO, J. G., Cuestiones místicas, BAC, Madrid, 1956, p.458.

[8] Ejercicios Espirituales, Espasa-Calpe, Madrid, 1961, pp.104-105.

[9] Camino de Perfección, Ed. de Espiritualidad, Madrid 1971, p.49.

[10] SALES, L., La vida espiritual, Madrid, 1977, p.391.

[11] SALES, L., La vida espiritual, Madrid, 1977, p. 394.(Epist. LXXXVII ad Ogerium can.)

[12] En  STA. M. MAGDALENA, G. DE,  Intimidad divina, Ed. El Monte Carmelo, Burgos, 1976 (6ª), p. 3 4 9.

[13] Manuscritos 15.5.

[14] La gravedad y la gracia, Trotta, Madrid, 1994, pp. 87 y 79.

[15] S. Th., 2-2, q. 161, a. 3.

[16] “Autob.”, p. 2ª, c. 65.

[17] CARDEDAL, O., “Gozo y realismo de la Navidad”: Alfa y Omega 240 (2000), p.7.

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