Tened los sentimientos propios de Cristo Jesús

En la liturgia de la palabra de la misa de hoy domingo, 1 de octubre de 2023, que pueden ver sus lecturas más abajo, nos hemos fijado en la segunda lectura, cuyas líneas de san Pablo cargadas de contenido, hemos destacado una petición que nos hace: que tengamos el mismo sentir del Señor Jesucristo.  

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,1-11):

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Jesús es el Dios que se hizo hombre para hacernos como él: “Santos y consagrados en el amor” (Ef 1, 4). En definitiva, la persona de fe cristiana no tiene otro objetivo que ser otro Cristo, es decir, asemejarnos lo más posible a Jesús, sintiendo como él siente, para ser santo como él es santo: «lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo»  (1 Pe 1,15-16). Jesús es el Hombre por excelencia, el arquetipo divino para todo hombre, la máxima expresión del ser hombre, hacia el que todos tendemos, nuestro destino y fin.

«Jesucristo es `metrum et mensura aequalis omnium hominum’, meta reasuntiva de toda especie humana. Nada humano le es extraño, todos los hombres coincidimos en su Humanidad con una coincidencia que borra todas las diferencias. En una palabra: Jesucristo es nuestra verdad ontológica.» ( Nicolás de Cusa)».  Hemos sido creados «a su imagen y semejanza» (Gen 1,26-27), y como viene a decir Espinoza, «el ser persiste en su ser«, es decir, tenemos en nuestro ser construidos la impronta que nos llama a ser lo que Dios ha querido que seamos.

Para ser como Jesús, tener sus sentimientos, hay que conducirse según él, seguir su camino, actuar como el actúa, penar como el piensa, tener su valores y virtudes, porque todo ello nos hará tener sus mismos sentimientos, latir al ritmo de su sagrado corazón. Pero si de veras perseguimos sentir como Nuestro Señor Jesucristo, lo que más nos lo posibilita es hacer su voluntad, lo que le agrada. De esta forma, y con la ayuda de la gracia, tendremos los mismos sentimientos que Jesús. Así seremos “hijos de Dios en Cristo” (Ef 1, 5).

 

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Lecturas del Domingo 26º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (18,25-28):

Así dice el Señor: «Comentáis: «No es justo el proceder del Señor». Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.»

Palabra de Dios

 

Salmo

Sal 24,4bc-5.6-7.8-9

R/. Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando. R/.

Recuerda, Señor,
que tu ternura y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

 

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,1-11):

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,28-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron: «El primero.»
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Palabra de Dios