Categoría: ATEISMO

Experimentar a Dios para siempre

Ayer en misa —misa de difuntos— vi por primera vez a una persona del barrio que jamás iba a misa. Se debía a que un familiar suyo había fallecido. Esto ocurre normalmente; pero lo que me llama la atención fue el que se acercara a comulgar. Por un instante pensé si realmente esa persona sabía lo que significaba comulgar, si era conocedor de la necesidad estar en gracia…, etc., o si lo hacía como un rito más de la ceremonia.

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El dios ateo

La palabra de Jesucristo es imperecedera, válida para siempre, ayer-hoy-mañana, y tan es así que cuanto dijo hace 2000 años sobre la creencia o el ateísmo, que se lee entren los días de ayer y hoy en las misas, se esclarece del porqué…

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Eclipse de la conciencia

     “Hay muchos suicidas morales, que se esfuerzan por ahogar su alma en el bullicio y la disipación como esos desgraciados que beben y se emborrachan para entorpecer su conocimiento y abotagarse” (M. Unamuno)[1].

         Cuidad de que vuestros corazones no se emboten por la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y caiga de improviso sobre vosotros este día, como un lazo; porque vendrá sobre vosotros, los habitantes de la tierra. (Lc 21,34-35).

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Necesitamos a Dios

Necesitamos de Dios. Y no ya por la fragilidad de la vida humana, experimentada en momentos de pandemias, o la conocida expresión de desespero de “sólo un Dios nos puede salvar” de Martin Heidegger en 1966, que pronunciara ante lo dantesco del siglo XX, con sus horrorosas de las guerras mundiales consecuencias de un hombre convertido en alimaña, y que “dejado de la mano de Dios”, y el destino amenazador de la potencia tecnología, sería capaz de destruir el mundo entero; sino y principalmente por la responsabilidad del quehacer(se) cotidiano de cada uno de nosotros, en que nos jugamos algo muy importante: nuestro destino definitivo, la condenación o salvación eternas.

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Preocupante. Esperanzador

A la luz de los acontecimiento que se suceden día a día, especialmente en Occidente, cabría pensar -y eso es lo que se deriva de una sensación amarga y preocupante- negativamente del porvenir de la fe religiosa y cristiana. Pero echando un vistazo allende de estos lares, que se creen el ombligo del mundo, la esperanza de la fe parece renacer con fuerza.

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