El amor misericordioso está por encima de todo

El evangelio de la liturgia de hoy, 30 de octubre, trata de una intervención de Jesús curando —como en tantas otras veces a muchos enfermos y en todo momento— lo realiza en un día prohibido por la ley, en sábado. El amor misericordioso tiene la última palabra, y como decía san Agustín: «ama y haz lo que quieras».

Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1-6: 

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Había allí, frente a él, un enfermo de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les preguntó: «¿Está permitido curar en sábado o no?»

Ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo, lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos les preguntó: «Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su burro o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?» Y ellos no supieron qué contestarle.

  

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Palabras del papa Francisco

 (Homilía en la Santa Misa en la parroquia romana de «San Michele Arcangelo» en Pietralata, 8 de febrero de 2015)

Jesús sanaba: dejaos curar por Jesús. Todos nosotros tenemos heridas, todos: heridas espirituales, pecados, enemistades, celos; tal vez no saludamos a alguien: «¡Ah! Me hizo esto, ya no lo saludo». Pero hay que curar esto. «¿Y cómo hago?». Reza y pide a Jesús que lo sane. Es triste cuando en una familia los hermanos no se hablan por una estupidez, porque el diablo toma una estupidez y hace todo un mundo. Después, las enemistades van adelante, muchas veces durante años, y esa familia se destruye. Los padres sufren porque los hijos no se hablan, o la mujer de un hijo no habla con el otro, y así los celos, las envidas… El diablo siembra esto. Y el único que expulsa los demonios es Jesús. El único que cura estas cosas es Jesús. Por eso, os digo a cada uno de vosotros: dejaos curar por Jesús. Cada uno sabe dónde tiene la herida. Cada uno de nosotros tiene una; no sólo tiene una: dos, tres, cuatro, veinte. Cada uno sabe. Que Jesús cure esas heridas. Pero, para esto, tengo que abrir el corazón, para que Él venga. ¿Y cómo abro el corazón? Rezando. «Pero, Señor, no puedo con esa gente, la odio, me ha hecho esto, esto y esto…». «Cura esta herida, Señor». Si le pedimos a Jesús esta gracia, Él nos la concederá. Déjate curar por Jesús. Deja que Jesús te cure.

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Catena Aurea

San Cirilo, in Cat. graec. Patr

Aunque el Señor conocía la malicia de los fariseos, aceptaba sus convites para ser útil a los que asistían a ellos con sus palabras y milagros. Por esto sigue: «Y aconteció que entrando Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos a comer pan, ellos le estaban acechando». Esto es, si faltaba a la reverencia debida a la ley o si hacía algo de lo que estaba prohibido en día de sábado. En efecto, habiendo llegado un hidrópico a presencia suya, por medio de una pregunta reprimió la insolencia de los fariseos que se proponían argüirle. Por esto dice: «Y he aquí que un hombre hidrópico estaba delante de El. Y Jesús dirigiendo su palabra», etc.

Beda

Cuando se dice que Jesús respondió, se hace referencia a lo dicho antes, que los fariseos le estaban acechando, porque el Señor conoce los pensamientos de los hombres.

Teofilacto

Y por esto en su pregunta se ríe de ellos como si estuvieran locos. Siendo así que Dios mandaba santificar el sábado ( Gén 2), los fariseos prohibían hacer obras buenas en él. Y el día que no admite las acciones de los buenos, puede llamarse maldito.

Beda

Pero los preguntados callaban con razón, porque ven que cualquier cosa que dijesen se volvería contra ellos. Porque si es lícito curar en día de sábado, ¿por qué acechar al Salvador por ver si cura? Y si no es lícito, ¿por qué ellos cuidan sus rebaños en dicho día? Por esto sigue: «Mas ellos callaron».

San Cirilo, ubi sup

Menospreciadas la asechanzas de los judíos, cura de su enfermedad al hidrópico, el cual, temiendo a los fariseos, no pedía el remedio de su mal porque era sábado, sino que únicamente estaba en su presencia para ver si se compadecía de él y lo curaba. Conociendo esto, el Señor no le pregunta si quiere ser curado, sino que le curó en seguid. Por esto sigue: «El entonces le tomó, le curó y le despidió».

Teofilacto

En lo cual no se propuso el Señor evitar el escándalo de los fariseos, sino hacer un beneficio al que necesitaba de su favor. Conviene, pues, que nosotros, cuando resulte un bien general, no nos cuidemos de si se escandalizarán los necios.

San Cirilo, ubi sup

Pero como los fariseos callaron no sabiendo qué contestar, el Señor dio a conocer su gran osadía por medio de serias reflexiones. Por esto sigue: «Y les respondió y dijo: ¿Quién hay de vosotros que viendo su asno o su buey caído en un pozo, no le saque luego en día sábado?».

Teofilacto

Como diciendo: Si la ley prohíbe compadecerse en día sábado, no te cuides de si peligra tu hijo en día sábado, ¿pero qué digo tu hijo, cuando ni dejas a tu buey si lo ves en peligro?

Beda

En lo cual convenció de tal modo a los fariseos que lo observaban, que los condenó por su avaricia, puesto que tratando de librar un animal sólo consultaban su avaricia. ¿Con cuánta más razón, pues, debió Jesucristo librar al hombre, que es mucho mejor que una bestia?

San Agustín, De quaest. Evang., lib. 2, cap. 29

Comparó con justicia al hidrópico con el animal que cae en un pozo (porque el humor acuoso era la causa de su mal), así como antes había comparado aquella mujer que había encontrado ligada y la soltó, con el jumento que se desata para llevarle al agua.

Beda

Solventa esta cuestión con un ejemplo apropiado para manifestar que ellos, que quebrantaban el sábado con obras de ambición, le argüían porque la quebranta con una obra de caridad. Por esto sigue: «Y no le podían replicar a estas cosas».

Hablando en sentido místico, el hidrópico es comparado con aquél a quien el flujo exorbitante de los apetitos carnales tiene como oprimido, la palabra hidrópico trae su origen de la expresión humor acuoso.

San Agustín, ubi sup

También comparamos al hidrópico muy oportunamente con un rico avariento. Porque así como aquél, cuanto más abundan sus humores desordenados, tanta más sed tiene, así éste, cuanto más abunda en riquezas de las que no hace buen uso, tanto más las desea.

San Gregorio, Moral. 14,1 super Iob 18,9

Este hidrópico fue curado en presencia del fariseo, porque por la enfermedad del cuerpo del uno se expresa la enfermedad del corazón del otro.

Beda

Muy bien, por tanto, cita como ejemplo al buey y al asno significando a los sabios y a los ignorantes o a los dos pueblos, esto es, al judío, que está sometido al yugo de la ley y al gentil, a quien no domina razón ninguna. Porque el Señor saca del pozo de la concupiscencia a todos los sumergidos en él.

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