Jesús vino con una misión y por nada iba a apartarse de cumplirla

En el Evangelio (Lc 13,31-35) de la misa de hoy, 29 de octubre, Jesús manifiesta que no va a retroceder ante las amenazan que hablan de querer matarle. El ha venido a traer el Reino de Dios. Como fruto de esta presencia es la acción salvadora que comporta, y que se manifiesta en la expulsión de demonios, curaciones….

Jesús sabe el peligro bastante inminente que corre, que tiene un tiempo limitado. La predicación del Reino o vida pública de Jesús fue por tres años, «conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante». Y Jesús, el Hijo, siendo el profeta de profetas, el enviado por Dios Padre, por última vez a cuidar su viña, tendrá el mismo destino de los profetas habidos hasta ese momento: la muerte, y en Jerusalén:  «Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados».

Jesús se compara a una gallina que desea reunir a sus polluelos. Lo hace a través de su muerte, aunque se no lo quieran, entregando su vida por amor a nosotros.

. Santo evangelio según Lucas 13,31-35:

 En aquel tiempo, algunos fariseos se acercaron a Jesús y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte». Y Él les dijo: «Id a decir a ese zorro: ‘Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén’

»¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, la casa de ustedes quedará abandonada. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

«Jerusalén es la esposa, es la novia del Señor: ¡la quería mucho! Pero no se da cuenta de las visitas del Señor y hace llorar al Señor. Jerusalén cae por distracción, por no recibir al Señor que viene a salvarla» (Papa Francisco)

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Palabras del papa Francisco

 (Homilía Santa Marta, 30 de octubre de 2014)

¡Tienes que defenderla! Y, como escribe Pablo, para hacerlo se necesita revestirse con la armadura de Dios, porque «no se puede pensar en una vida espiritual, en una vida cristiana» sin «resistir a las tentaciones, sin luchar contra el diablo».  (…) Y pensar que han querido hacernos creer «que el diablo fuese un mito, una figura, una idea, la idea del mal». En cambio, «el diablo existe y nosotros tenemos que luchar contra él». Lo recuerda san Pablo, «la Palabra de Dios lo dice», sin embargo, parece que «nosotros no estamos muy convencidos» de esta realidad. Pero ¿cómo está hecha esta «armadura de Dios»? Algún detalle nos lo da el apóstol: «Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad». (…) la vida cristiana puede considerarse «una milicia». Pero es «una lucha bellísima», porque nos da «esa alegría de que el Señor ha vencido en nosotros, con su gratuidad de salvación». Sin embargo, concluyó, todos somos «un poco perezosos» y «nos dejamos llevar por las pasiones, por algunas tentaciones». Pero, aunque «somos pecadores» no debemos desalentarnos, «porque el Señor está con nosotros, quien nos ha dado todo» y nos hará «vencer también este pequeño paso de hoy», nuestra batalla cotidiana, con la «gracia de la fuerza, de la valentía, de la oración, de la vigilancia y la alegría».

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Catena Aurea

 

San Cirilo, in Cat. graec. Patr

Las palabras del Señor ya dichas excitaron la ira en el ánimo de los fariseos, porque veían que los pueblos ya arrepentidos abrazaban la fe de Jesucristo. Por eso, como perdían la autoridad que tenían sobre los pueblos y disminuía su lucro, aparentando que amaban al Salvador, le aconsejan que se marche de allí. Por esto dice: «Este mismo día se llegaron a El ciertos fariseos y le dijeron: Sal de aquí y vete, porque Herodes te quiere matar». Pero como Jesús conoce sus corazones y fines, les responde con mansedumbre y por medio de figuras. Por ello sigue: «Y El les dijo: id y decid a aquella raposa».
 

Beda

Por los engaños y por las acechanzas llama a Herodes zorra, la cual es un animal astuto que se esconde en las cuevas para acechar, que exhala un olor fétido y que nunca sigue los caminos rectos. Todo lo cual conviene a los herejes, cuyo tipo es Herodes, quienes se esfuerzan en extinguir en los fieles la humildad de la fe cristiana, es decir, a Cristo.
 

San Cirilo, ubi sup

Pero parece que estas palabras se han cambiado y que no se refieren a la persona de Herodes (como algunos han creído), sino más bien a las falsedades de los fariseos. Porque manifiesta que el fariseo queda cerca cuando dice: «Id y decid a esta raposa», como dice el texto griego. Luego mandó que se dijese lo que podía excitar a la turba de los fariseos: «Que yo lanzo demonios y realizo curaciones hoy y mañana y al tercer día soy consumado». Ofreció hacer lo que desagradaba a los judíos, esto es, que mandaría a los espíritus inmundos y libraría a los enfermos de sus enfermedades, hasta que sufriese el tormento de la cruz por su propia voluntad. Y como los fariseos creían que temería la mano de Herodes, El -que era Señor de todos los poderes- rechazó este pensamiento diciendo: «Pero conviene que yo ande hoy y mañana y otro día». Cuando dice «conviene», no da a entender que hay una necesidad imperiosa, sino que más bien andaba por su propia voluntad por donde quería, hasta que sufriese la muerte en la venerada cruz; cuyo momento manifiesta diciendo: «Hoy y mañana».
 

Teofilacto

Como si dijera. ¿Qué pensáis de mi muerte? He aquí que se consumará pronto. Hoy y mañana significa muchos días, como entre nosotros suele decirse hoy y mañana se hará esto, lo cual no quiere decir que se haga en este espacio de tiempo. Y para que expongamos con más claridad este pasaje del Evangelio, no hemos de entender «Es necesario que yo ande hoy y mañana», sino que «me detenga en el día de hoy y el de mañana» y añadir después «marcharé al día siguiente», como muchas veces acostumbramos decir cuando contamos: domingo, lunes, martes yo saldré, como hablando de dos días para señalar el tercero. Así, el Señor como contando, dice: «Pero es necesario que yo ande hoy y mañana y después en el tercero entre en Jerusalén».
 

San Agustín, De cons. Evang. 2,75

En sentido místico se comprende que estas palabras las dijo refiriéndose a su cuerpo, que es la Iglesia. Porque son expulsados los demonios cuando, abandonadas las supersticiones, los gentiles creen en El. Y se verifican las curaciones cuando según sus mandatos se renuncie al diablo y a las vanidades del mundo y llegue la Iglesia al fin de la resurrección (que se verificará como en el tercer día) a la perfección angélica por la inmortalidad del cuerpo.
 

Teofilacto

Pero como ellos decían «sal de aquí, porque Herodes te quiere matar» y como hablaban en Galilea, donde reinaba Herodes, manifiesta que no estaba ordenado que padeciese en Galilea, sino en Jerusalén. Por esto sigue: «Porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén». Cuando dice no cabe (esto es, no conviene) que un profeta sea muerto fuera de Jerusalén, no creas que obliga a los judíos con una fuerza coactiva, sino que les dice esto, refiriéndose a la avidez que tenían de su sangre. Como si alguno viendo a un cruel asesino dijese: este camino en el que acecha el asesino, debe estar regado con la sangre de los pasajeros. Así, no convenía que el Dios de los profetas muriese en otro lugar que en donde habitan ladrones, porque acostumbrados a derramar la sangre de los profetas, matarían también al Señor. Por esto continúa: «Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas», etc.
 

Beda

Llama Jerusalén, no a las piedras ni a los edificios, sino a los habitantes, a quien llora con afecto de padre.
 

San Crisóstomo

La repetición de la palabra Jerusalén demuestra compasión o demasiado amor, porque le habla como a una amiga que desprecia a su amante y que por ello habrá de ser castigada.
 

Grec. vel Severus in Cat. graec

La repetición de la palabra es también una vehemente reprensión, porque aquella que conoce a Dios, ¿cómo persigue a sus ministros?
 

San Crisóstomo

Manifiesta cuánto se habían olvidado de las divinas bondades añadiendo: «¡Cuántas veces quise juntar tus hijos como el ave su nido debajo de sus alas y no has querido!». Los llevó como de la mano por el sapientísimo Moisés, los advirtió por medio de sus profetas, quiso tenerlos bajo sus alas (esto es, al amparo de su poder), pero ellos se privaron de beneficios tan grandes mostrándose desagradecidos.
 

San Agustín, in Enchirid

Dice pues: Yo quise y tú no has querido, como diciendo, cuando he reunido a tantos por mi voluntad siempre eficaz, lo he hecho contra la tuya, porque siempre has sido ingrata.
 

Beda

Con mucha propiedad llama zorra a Herodes, que fraguaba su muerte. Y se compara a sí mismo con un ave, porque las zorras acechan siempre con engaño a las aves.
 

San Basilio, in Esaiam, cap. 16

También compara a los hijos de Jerusalén con los pollos que están en el nido, como diciendo: Las aves que pueden volar a lo alto, están libres de las asechanzas de sus perseguidores, pero tú serás como el pollo, que necesita de la protección y de la defensa ajena. Y cuando la madre vuele, serás arrancada del nido, impotente para defenderte y débil para huir. Por ello sigue: «He aquí que os será dejada desierta vuestra casa».
 

Beda

Esto significa que a la misma ciudad a que había llamado nido, ahora la llama casa de los judíos. Porque habiendo sido crucificado el Señor, vinieron los romanos, rompieron aquel nido vacío y se apoderaron de la ciudad que ocupaban, de su gente y de su reino.
 

Teofilacto

O de otro modo, vuestra casa, esto es vuestro templo, como si dijese: Mientras erais virtuosos, el templo era mío, pero desde que lo hicisteis cueva de ladrones, no es ya mi casa sino vuestra. O, llama casa a toda la nación judía, según el salmo ( Sal 134,19): «Casa de Jacob, bendecid al Señor», con lo que manifiesta que era El mismo quien los gobernaba y los libraba de las manos de sus enemigos.

Prosigue: «Y os digo que», etc.
 

San Agustín, De cons. Evang., lib. 2, cap. 75

No parece que contradice a esta narración de San Lucas lo que dijo la muchedumbre al llegar el Señor a Jerusalén ( Mt 21): «Bendito el que viene en el nombre del Señor», porque todavía no había ido allí y no se había dicho esto.
 

San Cirilo, ubi sup

El Señor se había separado de Jerusalén, como abandonando a los que no eran dignos de su presencia. Pero después de haber realizado muchos milagros volvió a Jerusalén, cuando le salió al encuentro la muchedumbre diciendo ( Mt 21,9): ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
 

San Agustín, ubi sup

Pero como San Lucas -para no venir hasta el tiempo en que se dirían estas palabras- no dice a dónde fue el Señor cuando se separó de allí, porque continúa su camino hasta que llega a Jerusalén, alude con esto a su gloriosa venida.
 

Teofilacto

Y entonces, aunque contra su voluntad, lo confesarán como Salvador y Señor, cuando ningún provecho les resultará de ello. Diciendo pues, «No me veréis hasta que venga», etc., no indica aquella hora, sino el tiempo de su crucifixión, como diciendo: Después que me crucifiquéis no me veréis ya hasta que vuelva a venir.
 

San Agustín, De cons. Evang. ubi sup

Debe entenderse que San Lucas quiso ocuparse de esto antes de llevar a Jesús en su narración hasta Jerusalén, o que, estando ya cerca de esta ciudad, respondió a los que le aconsejaban que se preservase de Herodes, lo que San Mateo dice que habló cuando ya había llegado a Jerusalén.
 

Beda

O bien: No me veréis, es decir: no veréis mi rostro cuando venga por segunda vez si no hacéis penitencia y confesáis que yo soy el Hijo del Padre Omnipotente.

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