La ley de Dios, que nos hace libres

Jesucristo en los campos de cereales, de Johannes Raphael Wehle

El Evangelio (Mt 12,1-8,) de la liturgia de hoy, 18 de julio, recoge las palabras de Jesús sobre la cuestión de la ley (el sábado) absolutizada fanáticamente por los fariseos: diciendo que la ley está al servicio del bien de las personas, no al revés, no está hecha para someter al ser humano a lo carece de lógica en un momento dado. La ley está hecha para orientarnos a que responsablemente decidamos libremente.

El ser humano debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia. “La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16). Es una voz de amor misericordioso que místicamente sobrepuja a la voluntad humana a actuar según la divina, que es amorosa, misericordiosa, bondadosa y libre.

El Evangelio nos trae una enseñanza sustantiva: ante la ley estricta, hermética, que constriñe la libertad interior que dignifica y eleva, está esta otra, la del reino de Dios, la del reinado de Cristo en nuestros corazones a través de Espíritu Santo que nos habita. Esta es la nueva y eterna ley, que  “está en el fondo de mi alma” (Sal 40,9).

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,23-28:

Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.
Los fariseos le dijeron: «Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
Él les respondió: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.»
Y añadió: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado.»

Refugiarse en patrones legalistas, es tener un seguro en la letra, y no en la gracia. Es una manera de negarse a confiar en el auxilio del Espíritu de Dios, para apoyarnos en los prescrito.  Es evidente que cuantos se sitúan más allá del marco legalista aceptan el riesgo que da la inseguridad humana, en el miedo a uno mismo, para sostenerse y asegurarse en Dios.

El cristiano ha de caracterizarse por una libertad que nace de su fe, cuyo orden viene dado por la gracia, que dista del orden fijo e inflexible y la ley. La ley tiene una función que no es la de insensibilizar el dinamismo del Espíritu, sino de encauzar sin constreñir las energías creativas del creyente. Es una llamada a la responsabilidad personal. Estamos -como seres adultos y responsables-  a asumir no liberal sino según nuestra conciencia y a la luz del Espíritu la interpretación de la ley.

La presencia del Espíritu y la vida, según el Espíritu nos permiten y exigen caminar según el Espíritu (Gál 5,25; Rom 8,4). Una ley interior, por la ley del amor filial y fraternal.

La plenitud de la ley es la caridad (Rom 13,10). El amor es la plenitud de la Ley por el hecho de ser en sí mismo una fuerza dinámica que impulsa al hombre a buscar el bien de los demás, vigorizando su fe en Cristo (Gál 5,6: la fe que actúa por amor). Según Pablo, lo que no es expresión del amor no conduce a la vida.

El alma, como afirmaba san Agustín, tiene un peso que la mueve y la lleva; éste peso es el amor. El amor es activo, y es él quién, en definitiva, determina y califica la voluntad. El amor bueno, es decir, la caridad, es su más propio sentido, es el punto central de la ética agustiniana. Por eso su expresión más densa y concisa es el famoso imperativo «ama y haz lo que quieras». 

«La ley del Amor«, este articulo nos puede ayudar más a profundizar en este tema de la libertad responsable en la que Dios nos ha creado, y cuyo imperativo único es de de no contradecir la vocación propia de ser como Dios es Amor y Santo. Estos son los cauces de expresión de nuestro ser de personas; lo contrario sería negarme a mi misma. El espíritu humano cuenta con la gracia increada —presencia de Dios en nosotros— que anima, sostiene, predispone y potencia vitalmente a que en nuestra libertad seamos fieles a la grandeza de su designio para con nosotros y no nos descarriemos y perdamos.

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Palabras del papa Francisco:

(Santa Marta, 31 octubre 2014)

Precisamente este modo «de vivir, apegados a la ley, les alejaba del amor y de la justicia: cuidaban la ley, descuidaban la justicia; cuidaban la ley, descuidaban el amor». «hombres cerrados, hombres muy apegados a la ley, a la letra de la ley: no a la ley», porque «la ley es amor». Eran hombres «que siempre cerraban las puertas de la esperanza, del amor, de la salvación (…)  Precisamente «este es el camino que nos enseña Jesús, totalmente opuesto al camino de los doctores de la ley». Y «este camino, del amor a la justicia, lleva a Dios». Sólo «el camino que va del amor al conocimiento y al discernimiento, a la realización plena, lleva a la santidad, a la salvación, al encuentro con Jesús».  

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Palabras del papa San Juan Pablo II

(Audiencia general, 14 de octubre de 1987)

Hay que recordar la respuesta que dio Jesús a los fariseos que reprobaban a sus discípulos el que arrancasen las espigas de los campos llenos de grano para comérselas en día de sábado, violando así la Ley mosaica. Primero Jesús les cita el ejemplo de David y de sus compañeros, que no dudaron en comer los “panes de la proposición” para quitarse el hambre, y el de los sacerdotes que el día de sábado no observan la ley del descanso porque desempeñan las funciones en el templo. Después concluye con dos afirmaciones perentorias, inauditas para los fariseos: “Pues yo os digo, que lo que hay aquí es más grande que el templo…”; y “El Hijo del Hombre es señor del sábado” (Mt 12, 6, 8; cf. Mc 2, 27-28). Son declaraciones que revelan con toda claridad la conciencia que Jesús tenía de su autoridad divina. El que se definiera “como superior al templo” era una alusión bastante clara a su trascendencia divina. Y proclamarse “señor del sábado”, o sea, de una Ley dada por Dios mismo a Israel, era la proclamación abierta de la propia autoridad como cabeza del reino mesiánico y promulgador de la nueva Ley. No se trataba, pues, de simples derogaciones de la Ley mosaica, admitidas también por los rabinos en casos muy restringidos, sino de una reintegración, de un complemento y de una renovación que Jesús enuncia como inacabables: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt 24, 35). Lo que viene de Dios es eterno, como eterno es Dios.

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Catena Aurea

Glosa

Después de haber contado los milagros y las predicaciones que tuvieron lugar en el año que precedió a la cuestión de Juan, pasa a referir lo que se verificó al año siguiente de la muerte de Juan, cuando Jesucristo era impugnado en todo, por eso dice: «En aquel tiempo», etc.
 

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,34

Con todo lo que se refiere en este capítulo están conformes completamente los evangelistas Marcos ( Mc 2) y Lucas ( Lc 6). Pero no ponen ellos las palabras: «en aquel tiempo». Esto es porque Mateo refiere los hechos según el orden con que se verificaron y los otros según los fueron recordando. A no ser que se tomen en un sentido más vasto las palabras: «En aquel tiempo». Esto es, en todo tiempo en que estas cosas y otras muchas distintas se verificaron. Así se comprende que después de la muerte de Juan tuvieron lugar todas esas cosas. Porque es opinión general que Juan fue decapitado poco tiempo después de haber mandado a sus discípulos a Cristo, de manera que las palabras: «En aquel tiempo» parecen indicar un tiempo indeterminado.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 39,1

Mas, ¿por qué aquel que preveía todas las cosas llevaba en día sábado a sus discípulos por los sembrados, sino porque quería violar el sábado? Lo quería, en efecto, pero no simplemente por violarlo, sino con causa. De tal manera nos daba una ocasión racional para superar la ley, pero sin infringirla. Por esta razón, a fin de calmar a los judíos, les presenta de antemano la necesidad natural, que es lo que quiere decir con las palabras: «Y teniendo hambre sus discípulos». Aunque nunca hay pretexto en las cosas que manifiestamente son pecados, porque el arrebato no sirve de exculpación en el matar, ni en el adulterio la concupiscencia, ni cualquier otro motivo, sin embargo aquí exime el Señor de toda responsabilidad a sus discípulos, mencionando que estaban hambrientos.
 

San Jerónimo

Y como leemos en otro evangelista ( Mc 6), los discípulos de Cristo no tenían tiempo ni aun para comer debido a sus muchas ocupaciones. Pero como hombres que eran, tenían hambre. Y el hecho mismo de cortar unas espigas y comer los granos y calmar con ellas su necesidad de sustento es una muestra de la vida austera que tenían y de que no buscaban manjares preparados, sino una alimentación sumamente sencilla.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 39,1

Debéis vosotros admirar a los discípulos que, a pesar de la necesidad en que se encontraban, no tenían interés por las cosas corporales, desestimaban la comida de carnes, resistían el hambre, no se separaban de Cristo, y ni siquiera hubieran tocado las espigas si no hubieran sido obligados por el hambre intenso.

Vienen enseguida las palabras de los fariseos: «Mas viéndolo los fariseos, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el sábado».
 

San Agustín, de opere monachorum, 23

Los judíos acusaron a los discípulos del Señor más por tratarse del día sábado que por la sustracción de la mies, pues estaba mandado al pueblo de Israel ( Dt 23,24-25) que no tuviesen por ladrón al que tomase algo de sus campos, a no ser que se lo llevara consigo. Es decir que dejasen ir libre e impune a cualquiera que no tomase más que lo indispensable para alimentarse.
 

San Jerónimo

Es de advertir que los primeros apóstoles se declaran aquí, al superar la letra de la ley con respecto al sábado, en contra de los ebionitas, que recibían a todos los apóstoles menos a San Pablo a quien rechazaban como transgresor de la ley. Viene en seguida lo que Cristo explicó para excusarlos: «Pero el Señor les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David cuando tuvo hambre?» Recuerda el Señor a los fariseos, a fin de rechazar su calumnia, el hecho antiguo de David, que huyendo de Saúl llegó a Nobba, y después de haber sido recibido por el Sacerdote Achimelec, pidió a éste de comer ( 1Sam 21). Mas no teniendo el patriarca panes ordinarios, le dio del pan consagrado, que sólo a los sacerdotes y levitas era lícito comer ( Lev 24). Procedió así creyendo que era mejor salvar a un hombre del peligro del hambre, que ofrecer a Dios un sacrificio. Porque la salvación de los hombres es una ofrenda agradable a los ojos de Dios. Les arguye, pues, el Señor, y les dice: Si David, a quien miráis vosotros como un santo, y el patriarca Achimelec, a quien tenéis por intachable, los dos por una causa aceptable, tuvieron por causa el hambre y violaron la ley, ¿por qué no aprobáis en mis discípulos esta misma causa que asentís en los demás? Aunque hay una gran diferencia entre ambos hechos: los apóstoles desmenuzan con las manos las espigas en el día del sábado y los otros comen el pan de los levitas. Además de que la fiesta de la luna nueva 1 estaba unida al sábado, que era el momento en que David debía sentarse a la mesa del Rey, y se escapó lejos del salón regio ( 1Sam 20).
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 39,1

Pone el ejemplo de David a fin de excusar a sus discípulos, porque gozaba David de gran popularidad entre los judíos. Y no podía oponerse que David era profeta, porque ni aun con este carácter le era lícito comer del pan consagrado, destinado exclusivamente para los sacerdotes. Tanta mayor importancia tiene la excusa de los discípulos cuanta mayor es la que tiene el que hizo esto. Desde luego, aunque David era profeta, los que lo acompañaban no lo eran.
 

San Jerónimo

Es de observar que ni David ni los jóvenes que con él estaban tomaron los panes de la proposición 2, hasta que no declararon que estaban puros de todo contacto con mujeres 3.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom

Pero dirá alguno: ¿Qué relación tiene este ejemplo con la cuestión de que se trata? Pues David no infringió el día sábado. Pero ahí está la sabiduría de Cristo que apoya su doctrina en un ejemplo que tiene más fuerza que la violación del sábado. Porque no es lo mismo infringir el día sábado (cosa que acontecía muchas veces), que comer los panes consagrados, lo cual no estaba permitido. Resuelve además de otra manera esta dificultad y da su principal solución con las palabras: «Mas ¿no habéis leído en la ley que los sacerdotes en el templo violan el día del sábado y no están en pecado?».
 

San Jerónimo

Como si dijera: «Levantáis cargos contra mis discípulos porque obligados por el hambre cortaron unas espigas en sábado, mientras que vosotros violáis el sábado inmolando víctimas en el templo, matando toros y quemando los holocaustos sobre la leña ardiente» 4. Y según la versión de otro evangelista: «Vosotros, que circuncidáis a vuestros hijos en sábado, destruyendo el sábado con la observancia de otra ley» ( Jn 7). Jamás las leyes de Dios admiten contradicción entre sí. De esta prudente manera excusa a sus discípulos de la imputación de transgresores de la ley con los ejemplos de David y de Achimelec, y hace ver a los judíos que los que acusan a sus discípulos son los que realmente infringieron sin necesidad el día del sábado.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 39,2

Y no me digáis que no libra de la acusación el alegar como ejemplo a otro que ha caído en la misma culpa, porque cuando el que ha caído en la culpa no es acusado, su acción en sí misma está excusada. Pero aquí es suficiente lo dicho. Mas añadió lo que tiene más importancia: «que están sin pecado». Ve aquí la multitud de pruebas. El lugar, esto es, el templo; el tiempo, esto es, el sábado; el hecho mismo expresado no por la palabra faltar, sino por profanar; y el quedar libre no sólo del castigo, sino de toda culpa. Por eso dice: «Están sin pecado». Este segundo ejemplo no es semejante al primero acerca de David. Porque este último no había tenido lugar más que una sola vez, tenía su excusa en la necesidad y en que David no era sacerdote; pero el otro se verificaba cada sábado por los sacerdotes y según la ley. Por consiguiente, en el primer ejemplo los discípulos no son excusados por indulgencia, sino según la disciplina de la ley. Pero ¿qué no son sacerdotes los discípulos? Son más que sacerdotes. Les asistía el que es Señor del templo, el que es la verdad y no la figura. Por eso dice: «Pues os digo que aquí está el que es mayor que el templo».
 

San Jerónimo

La palabra hic 5 debe tomarse como adverbio de lugar y no como pronombre. Equivale a decir que el lugar en donde está el Señor es mayor que el templo.
 

San Agustín, quaestiones evangeliorum, 10

Es de observar que un ejemplo está fundado en la potestad real de David y el otro en la sacerdotal, en aquellos que por el ministerio que tienen en el templo infringen el día sábado. De manera que debe estar muy por encima de toda imputación de crimen por haber arrancado en sábado unas cuantas espigas aquel que es verdadero rey y verdadero sacerdote.
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 39,2

En seguida, como podría parecer duro a sus oyentes lo que acababa de decir, se refiere de nuevo a la misericordia y recalca con cierto ímpetu su discurso con las palabras: «Y si supiéseis qué es: ‘misericordia quiero, y no sacrificio’, jamás condenaríais a los inocentes».
 

San Jerónimo

Mas ya hemos dicho antes lo que quiere decir: «Quiero misericordia y no sacrificio». Las palabras: «Jamás condenaríais a los inocentes», se refieren a los apóstoles, y significan: si aprobasteis la misericordia de Achimelec cuando dio de comer a David, que estaba próximo a morir de hambre ¿por qué condenáis a mis discípulos?
 

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 39,2-3

Observad cómo al inculcar en su discurso el perdón, demuestra que sus discípulos en verdad no requieren perdón con las palabras: «porque son inocentes». Cosa que antes había dicho también respecto de los sacerdotes. Alega además otra razón para demostrar la inocencia de sus discípulos, y es: que el Hijo del hombre es Señor hasta del sábado.
 

Remigio

Se llama a sí mismo Hijo del hombre, y quiere decir con esto lo siguiente: Aquel a quien vosotros tenéis por un puro hombre, es Dios, Señor de todas las criaturas, y aun del sábado, y puede, por lo mismo, variar a su arbitrio la ley, porque El es el que la puso.
 

San Agustín, contra Fausto, 16,28

Mas no prohibió a sus discípulos el cortar las espigas en el día de sábado, a fin de educar a los judíos que estaban presentes, así como a los futuros maniqueos, que no arrancan las yerbas por temor de cometer un crimen.
 

San Hilario, in Matthaeum, 12

En sentido místico: es de advertir que principia su discurso con las palabras «en aquel tiempo». Es decir, cuando da las gracias a Dios, su Padre, por la salud que concedió a todas las naciones. El campo es el mundo; el sábado, el descanso; la siega, la utilidad que debían sacar los que iban creciendo hacia la madurez; luego la entrada el día sábado en el campo es la entrada del Señor en este mundo, cuando la ley había caído en suspenso, y el hambre es el deseo de salvación de todos los seres humanos.
 

Rábano

Cortan las espigas cuando apartan a los hombres de los deseos terrenales; las desgranan, cuando limpian las almas de las concupiscencias de la carne; comen los granos cuando llevan al seno de la Iglesia las almas que acaban de convertir.
 

San Agustín, quaestiones evangeliorum 2,2

Nadie pasa al cuerpo de Cristo si no fuere despojado de las vestiduras de la carne, según aquellas palabras de San Pablo: «Despojaos del hombre viejo» ( Col 3,9).
 

Glosa

Practican esto en sábado, es decir, con la esperanza del descanso eterno, con el que convidan a todos los que les oyen.
 

Rábano

Andan también por los campos cultivados todos los que se complacen en meditar las Escrituras. Tienen hambre mientras tienen deseo de encontrar en ellas el pan de la vida, esto es, el amor de Dios. Cortan y desgranan las espigas, mientras discuten los pasajes, hasta que encuentran lo que está oculto en la letra. Y en el sábado, mientras descansan apartándose de pensamientos que perturban.
 

San Hilario, in Matthaeum, 12

Los fariseos, que se creían dueños de las llaves del reino de los cielos, arguyen a los discípulos de haber obrado mal. El Señor sólo les habla de una profecía, para un tiempo lejano. Y, para demostrar que este hecho encierra la ciencia del porvenir añade: » Y si supiéseis qué es: misericordia quiero, y no sacrificio». Porque no consiste la obra de nuestra salvación en el sacrificio, sino en la misericordia. Cesando la ley, nos salva la bondad de Dios. Si ellos hubieran comprendido su beneficio, jamás hubieran condenado a los inocentes (esto es, a los apóstoles) a quienes acusaban por animadversión de haber infringido la ley. Cesando la antigüedad de los sacrificios, la nueva ley de la misericordia les hubiera favorecido a todos mediante los Apóstoles.
Notas

  1. Ver Ez 46,1ss; Am 8,5.
  2. Los panes de la proposición eran aquellos doce panes, en memoria de las doce tribus, que todos los sábados se ofrecían y se guardaban en el tabernáculo. Solo los podían comer los sacerdotes y levitas.
  3. Ver 1Sam 21,1ss.
  4. (Reboli) «Los sacerdotes trabajaban en el templo todos los sábados para preparar los sacrificios de los animales, lo que les era permitido por Núm 28,9; naturalmente con mucha mayor razón están excusados los que sirven a Cristo, Señor del templo y del sábado».
  5. La Vulgata dice: «dico autem vobis quia templo maior est hic «. En el griego wde es también adverbio.

 

 

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