Negar que el mal exista es propio de los malos, de la gente sin escrúpulos, canallas, así como de los sicópatas, también de los relativistas, etc. e incluso de bastante gente del común, errada o inconsciente moralmente. Y por ende, como espejo que les desmintieran por contraste o cual reverso de la moneda, también niegan el bien.
Categoría: CONCIENCIA
La ley de Dios, que nos hace libres

El Evangelio (Mt 12,1-8,) de la liturgia de hoy, 17 de julio, recoge las palabras de Jesús sobre la cuestión de la ley (el sábado) absolutizada fanáticamente por los fariseos: diciendo que la ley está al servicio del bien de las personas, no al revés, no está hecha para someter al ser humano a lo carece de lógica en un momento dado. La ley está hecha para orientarnos a que responsablemente decidamos libremente.
Un mundo desalmado
El ser humano se está volviendo irreconocible. La humanidad está desfigurándose como nunca antes, desde el pecado original. Se está quedando sin conciencia, es decir, sin la sensibilidad que íntimamente le clama —impera— a determinarse por el bien. Y esto es gravísimo: conduce a un mundo des-almado (sin alma).
Nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse
Los malos son principalmente –»y con razón»– los que más acendradamente niegan que exista el más allá y el consiguiente juicio o ajuste de responsabilidades. Si no existe, entonces para ellos “felizmente” no se cumplirá aquello del evangelio: «nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse» (Lc 8,17).
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La libertad en que hemos sido creados los hijos de Dios
La Creación, cuanto existe, el universo, del espacio-tiempo, la Historia… han sido por y para el ser humano, las personas, los hijos de Dios. Nada hay sacralizado —»sagrado», inatacable, inajenable, inamovible—, excepto la persona, ni lugares, ni cosas («objetos sagrados»), ni leyes, etc. Solo la persona formada a imagen y semejanza de Dios, creada en un gesto misterioso de amor misericordioso, para ser convocada a vivir eternamente con todos los seres espirituales que viven en el cielo, en el seno y gloria de Dios.
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Pecado de omisión: el nulo activismo
Habría más creyentes si lo que decimos creer creyéramos realmente, o lo que es lo mismo si viviéramos comprometidamente nuestra fe.





