Negar que el mal exista es propio de los malos, de la gente sin escrúpulos, canallas, así como de los sicópatas, también de los relativistas, etc. e incluso de bastante gente del común, errada o inconsciente moralmente. Y por ende, como espejo que les desmintieran por contraste o cual reverso de la moneda, también niegan el bien.
La biblia califica el demonio, Satanás, como el padre de la mentira. Y ciertamente, el crear confusión, el que la gente no distinga con esclarecida precisión qué es el bien y qué el mal, es un objetivo el Maligno, de modo que las personas se pierdan en la confusión moral, exculpatoria e insensibilizante; así hoy día se da como prurito satisfactorio con el decir:”yo no me arrepiento de nada”.
Pese a todos estos aliados –conscientes o no- de los diablos promotores del mal, que colaboran cual sembradores de cizaña que pretende ahogar el bien, esa realidad diferenciadora existe. El negarlo es ya una estratagema enturbiar la verdad y el bien en una confusión que emana de la tinieblas.
En la misa de hoy, 14 de octubre, en la primera lectura que es de la carta de san Pablo a los Gálatas 5, 18-25, se nos pone en claro aviso de cuanto acabamos de comentar, de modo que no haya equívocos entre lo que es el mal y el bien, contenido de lo qué hacer o no, en obediencia a imperativo de la conciencia, donde el Espíritu de Dios hace resonar su voz indicándonos que nos decidamos el bien y evitemos el mal:
Gálatas Hermanos: Si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley.
Son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta del hombre: la lujuria, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la brujería, las enemistades, los pleitos, las rivalidades, la ira, las rencillas, las divisiones, las discordias, las envidias, las borracheras, las orgías y otras cosas semejantes. Respecto a ellas les advierto, como ya lo hice antes, que quienes hacen estas cosas no conseguirán el Reino de Dios.
En cambio, los frutos del Espíritu Santo son: el amor, la alegría, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí mismo. Ninguna ley existe que vaya en contra de estas cosas.
Y los que son de Jesucristo ya han crucificado su egoísmo junto con sus pasiones y malos deseos. Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu.
Que nadie pretenda evadirse de la responsabilidad a la que somos llamados como personas que somos, creados por Dios, con la dignidad de actuar libremente decantándonos siempre poro la opción del bien. Y también en san Pablo 1 Cor 1, 9-10, se nos conmina encarecidamente:
¿No sabéis que ningún malhechor heredará el reino de Dios? No os hagáis ilusiones: los inmorales, idólatras, adúlteros, lujuriosos, invertidos, ladrones, codiciosos, borrachos, difamadores o estafadores no heredarán el reino de Dios.
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