Los ¡ay! de Jesús a los fariseos y doctores de la ley

 

En Evangelio (Lc 11,42-46) de la liturgia de hoy, 15 de octubre, Jesús hace una sería y severa crítica a los maestros, “expertos”, de la Ley –doctores, escribas y fariseos-, preocupados por la meticulosidad en su cumplimiento, desgranada en más de 600 preceptos, que resultaba ser algo agobiante para la gente, y que sin embargo, ellos presumían aparentando cumplir.

Además de esta carga para el común de los fieles, existía también una desigual valoración de la importancia  de según qué preceptos: pues el amar, ser misericordioso, justo, caritativo…  es un mandato superior a cualquier otro.  Jesús concluye diciendo: ¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!”

Los ¡ay! bíblicos son temibles. Como dice San Cirilo: “Esta expresión: `ay de vosotros´, se pone siempre en las Sagradas Escrituras, cuando se trata de aquellos que no pueden escapar de la eterna perdición.”

 

Evangelio según san Lucas (11,42-46):

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!”

Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: “Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros”. Entonces Jesús le respondió: “¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!”

 

A continuación exponemos el capítulo 23 de san Mateo, paralelo, donde aparece más explícito este pasaje de los ¡Ay!:

Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos, 2diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: 3haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. 4Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 5Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; 6les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; 7que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabbí. 8Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. 9Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. 10No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. 11El primero entre vosotros será vuestro servidor. 12El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». 13«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. 14[¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.] 15¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la gehenna el doble que vosotros! 16¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga”! 17¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? 18O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”. 19¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? 20Quien jura por el altar, jura por él y por cuanto hay sobre él; 21quien jura por el templo, jura por él y por quien habita en él; 22y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él. 23¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. 24¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! 25¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! 26¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera. 27¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre; 28lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad. 29¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, 30diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas”! 31Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. 32¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres! 33¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio de la gehenna? 34Mirad, yo os envío profetas y sabios y escribas. A unos los mataréis y crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad. 35Así recaerá sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar. 36En verdad os digo, todas estas cosas caerán sobre esta generación». 37«¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a quienes te han sido enviados, cuántas veces intenté reunir a tus hijos, como la gallina reúne a los polluelos bajo sus alas, y no habéis querido. 38Pues bien, vuestra casa va a quedar desierta. 39Os digo que a partir de ahora no me veréis hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

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Palabras del papa Benedicto XVI

 (Ángelus, 30 de octubre de 2011)

En el pasaje de hoy, amonesta a los escribas y fariseos, que en la comunidad desempeñaban el papel de maestros, porque su conducta estaba abiertamente en contraste con la enseñanza que proponían a los demás con rigor. Jesús subraya que ellos «dicen, pero no hacen» (Mt 23, 3); más aún, «lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar» (Mt 23, 4). Es necesario acoger la buena doctrina, pero se corre el riesgo de desmentirla con una conducta incoherente. Por esto Jesús dice: «Haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen» (Mt 23, 3). La actitud de Jesús es exactamente la opuesta: él es el primero en practicar el mandamiento del amor, que enseña a todos, y puede decir que es un peso ligero y suave precisamente porque nos ayuda a llevarlo juntamente con él.

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Catena Aurea

 

San Cirilo.

O bien dice esto para reprender a los fariseos, porque mandaban observar a los hombres que les estaban sometidos aquellos preceptos, solamente que eran para ellos motivo de mayores rendimientos. De aquí que no perdonaban ni la más pequeña parte de las hortalizas, mientras no se ocupaban de exhortar a la caridad hacia Dios y descuidaban la justa censura del juicio.
 

Teofilacto.

Y como ellos despreciaban a Dios tratando con indiferencia las cosas sagradas, les mandó amar a Dios. Y por el juicio les insinúa el amor del prójimo; porque si alguno juzga bien a su prójimo es porque lo ama.
 

San Ambrosio.

O bien porque no hacen ningún caso del juicio ni del amor de Dios; del primero porque no lo ponen como punto de mira en su conducta, y de la caridad porque no aman a Dios de corazón. Y con el fin de que no nos perdamos fijando nuestra atención en la fe y abandonando las buenas obras, resume en breves palabras la perfección del hombre fiel, para que éste merezca ser aprobado por su fe y por sus buenas obras, diciendo: «Estas son las cosas que debíais practicar sin omitir aquéllas».
 

Crisóstomo, homil. 74, in Matth

Cuando habla de la purificación de los judíos, la omite enteramente; pero porque el diezmo es una especie de limosna y todavía no era tiempo de concluir terminantemente con las ceremonias legales, dice: «Estas son las cosas que debíais practicar».
 

San Ambrosio

También reprende la soberbia y el orgullo de los judíos, porque deseaban ocupar los primeros puestos. Sigue, pues: «¡Ay de vosotros, fariseos, que amáis los primeros asientos», etc.
 

San Cirilo, ubi sup

Reprendiéndolos por estas cosas, nos invita a ser mejores. Quiere curarnos de la ambición y que no busquemos la apariencia -que es lo que hacían los fariseos-, sino la realidad. Y es así que el ser saludados por otros y presidirlos no demuestra que seamos verdaderamente dignos de ello. A muchos les sucede esto aun cuando no sean buenos, por lo cual añade: «Ay de vosotros, que sois como los sepulcros que no parecen», porque, queriendo ser saludados por los hombres y presidirlos para gozar de grande estima, no difieren de sepulcros encubiertos que aparecen exteriormente con ricos ornatos, mientras que interiormente están llenos de podredumbre.
 

San Ambrosio

Y como los sepulcros, que están encubiertos, disimulan lo que son, engañan la vista de los que pasan por encima. Por lo cual dice: «Y que son desconocidos de los hombres que pasan por encima de ellos»; esto es, que en tanto que exteriormente aparecen magníficos, interiormente están llenos de corrupción.
 

Crisóstomo in Matthaeum hom. 74

No debe llamar la atención, sin embargo, el que los fariseos fueran así. Pero si nosotros, considerados como dignos de ser templos de Dios, nos convertimos repentinamente en sepulcros que sólo encierren podredumbre, será el extremo de la desgracia.
 

San Cirilo, in Cat. graec. Patr. et contra Julianum

Dice aquí el apóstata Juliano que debe huirse de los sepulcros, que el mismo Jesucristo llamó inmundos; pero esto lo dice ignorando el sentido de las palabras del Salvador. No mandó huir de los sepulcros, sino que comparó con ellos al pueblo hipócrita de los fariseos.

 

San Cirilo, in Cat. graec. Patr

La reprensión, que hace obrar mejor a los humildes, suele ser intolerable para los hombres soberbios. Por lo que cuando el Salvador reprendía a los fariseos, que se separaban del verdadero camino, se ofendía por ello la turba de los doctores de la ley. Por esto dice: «Entonces uno de los doctores de la ley, le dijo: Hablando así, nos afrentas también a nosotros».
 

Beda

Cuán miserable es la conciencia de aquellos que se creen ofendidos oyendo la palabra de Dios, y recordando la pena de los malvados se cree siempre condenada.
 

Teófil

Los doctores de la ley eran diferentes de los fariseos, porque éstos, separándose de los demás, aparecían como religiosos; pero los doctores de la ley eran los escribas y los sabios que resolvían las cuestiones de la misma.
 

San Cirilo, ubi sup

Jesucristo devuelve a los doctores de la ley su invectiva y humilla su vana arrogancia. Por esto sigue: «Y El dijo: ¡Ay de vosotros igualmente, doctores de la ley, porque echáis a los hombres!», etc. Usa de un ejemplo evidente para confundirlos. La ley era pesada para los judíos, como confiesan los discípulos del Salvador; pero los doctores de la ley, reuniendo como en un haz los preceptos de la ley, los imponían sobre sus súbditos y no se cuidaban de trabajar.
 

Teófil

Siempre que un doctor hace lo que enseña, alivia la carga, ofreciéndose como ejemplo; pero cuando nada hace de aquello que enseña, entonces parece pesada la carga a los que reciben su enseñanza, puesto que ni el doctor mismo puede soportarla.
 

Beda

Se les decía con razón que no tocaban ni con el dedo la carga de la ley; esto es, que no la cumplían en lo más mínimo, puesto que, contra la costumbre de sus mayores, presumían que la cumplían y la hacían cumplir sin la fe y la gracia de Cristo.
 

San Gregorio Niceno, in Cat. graec. Patr

Tales son también muchos jueces: severos con los que pecan e indulgentes consigo mismos; legisladores intolerables y débiles observantes de las leyes; no quieren observar una vida honesta ni acercarse a ella y exigen a sus subordinados que la observen con todo rigor.
 

San Cirilo, ubi sup

Después que reprendió las duras prácticas de los doctores de la ley, dirige sus cargos contra todos los príncipes de los judíos, diciéndoles: «¡Ay de vosotros que fabricáis mausoleos a los profetas, después que vuestros mismos padres los mataron!»
 

San Ambrosio

Este pasaje es muy oportuno contra la muy vana superstición de los judíos, que, fabricando sepulcros a los profetas, condenaban las acciones de sus padres; y sin embargo, imitando los pecados de sus padres, atraían sobre sí su condenación. Aquí no reprende la edificación, sino la emulación del crimen. Por esto añade: «Verdaderamente dais a entender que aprobáis», etc.
 

 

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