En España —que es lo que nos toca más cerca—, según las estadísticas, aumenta la corrupción, la violencia, los delitos, la exacerbación sexual, la inmoralidad, la insolidaridad y la mala educación. Y también aumenta la apostasía religiosa. Se puede trazar dos líneas que marchan al unísono, en paralelo, avanzan el empeoramiento de la calidad social y la práctica religiosa. Estas dos realidades son un hecho incontestable, y lo es también su mutua incidencia.
Categoría: ETICA
Así perdona Dios
El Evangelio de la misa de hoy, 13 de septiembre, de san Mateo 18,21-35 (que podemos leer íntegramente más abajo), nos muestra la voluntad divina de que perdonemos siempre siempre:
Se acercó Pedro y dijo a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”
Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» ( Mt 18, 21-22).
La abolición del ser humano (y II)
Parece una evidencia fáctica el que hay una notable caída moral, una negación de la conciencia (en el sentido de no ser obedecida ni escuchados sus dictámenes). Lo cual habla bien a las claras de la pérdida interioridad humana y espiritualidad. Esto supone, ni más ni menos, que la aniquilación de la condición humana propiamente, de su genuina naturaleza.
La ley de Dios, que nos hace libres

El Evangelio (Mt 12,1-8,) de la liturgia de hoy, 17 de julio, recoge las palabras de Jesús sobre la cuestión de la ley (el sábado) absolutizada fanáticamente por los fariseos: diciendo que la ley está al servicio del bien de las personas, no al revés, no está hecha para someter al ser humano a lo carece de lógica en un momento dado. La ley está hecha para orientarnos a que responsablemente decidamos libremente.
El katéjon de la ley natural o el orden del Creador
Parece que cada vez está más claro que la ley natural o el orden establecido por el Creador es el bastión que hace imposible que el poder del Maligno —el ministerio de la impiedad ya está actuando— extienda su tiniebla sobre la tierra. Como dijera San Pablo (2Tes 2,6-8) el katéjon, el obstáculo, que imposibilita que se manifiesta abierta y poderosamente el Impío, la criatura delegada de Satanás, el Anticristo, el Hombre sin Ley.
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