Cristianofobia

La cristonofobia desde siempre ha existido: desde que el mundo es mundo, ya antes de que Jesucristo pusiera pie en nuestra tierra, existía el odio a lo cristiano, a Cristo Nuestro Señor. Las fuerzas del mal, opositoras a la Creación, especialmente la del ser humano, salida de la Trinidad, de Palabra o Verbo de Dios por medio del cual se hizo todo, Cristo, Imagen y Semejanza. Desde entonces el Maligno, Satanás y sus secuaces se afán en destruir esa maravillosa obra del Creador. A la que Jesucristo –todo un Dios- ha salvado de manera grandiosa, dando su vida, para que las personas humanas ni nada se pierdan.

Los secuaces del Anticristo no pierden oportunidad de trompetear a los cuatro vientos y más todo aquello de pueda denigrar el buen nombre de Jesucristo. El tema tremendo de los abusos sexuales o pederastia es muy propicio para ello, y lo saben. De modo que cada cierto tiempo, periódicamente, cada año no falta a su cita. Hace unos días se ha afirmado a la fuerza el Acuerdo entre la Iglesia española y el Gobierno para atender la reparación de víctimas de abusos sexuales.

Sobre esta representación pública o montaje —que como afirma Mons. Munilla: el acuerdo sobre víctimas fue “bajo presiones tremendas” del Gobierno queremos hacer algunos comentarios: 

De modo que el «el Estado decide –impone– la indemnización y la Iglesia –a chitón, humillada– paga». Los fieles que contribuyen al sostenimiento de la Iglesia, claro, se mosquean, y con toda razón. Y aquí nadie dice que la Política se mete en cuestiones de la Iglesia; si fuera al revés, como cuando algún prelado dice algo criticando a la «res pública», en seguida se tacha a la Iglesia de meter en política, tapándola la boca. Son significativas las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal Española, mons. Argüello, al Gobierno: «El motivo de esta fijación (del Gobierno) con la Iglesia no lo sé, pero puedo imaginármelo».

Desde hace años se repetía esta misma exposición, pasando por las Cortes, con el Defensor del Pueblo y el Ministro de Justicia, a al cabeza, hasta los medios de comunicación, encargados de hacer de caja de resonancia de lo que se pretende fundamentalmente: de que la Iglesia –Cuerpo Mistico de Cristo- está llena de curas violadores de niños; es decir, hacer que quede el inconsciente colectivo que la Iglesia es algo maligno, oscuro, generadora de perversión, etc., y de lo que hay que huir, o cuando menos mirar con sospecha. En definitiva despreciar la fe en su Señor, Jesucristo.

Algunos dirán que estrictamente no se persigue a Cristo; pues sí, porque la Iglesia Católica es la verdadera y legítima heredera y portadora de la enseñanza del Evangelio de Jesús y del Reino de Dios, para toda la Humanidad. Y lo saben, por eso la persiguen a muerte, como hicieron con su Fundador. En este tema de los abusos no se persiguen otras confesiones cristianas y otras religiones, sino especialmente y con inquina singular a la Católica. ¿Por qué? El sobrino del famoso pastor protestante William Franklin Graham, muerto en 2018, dijo cuando se desató en Estados Unidos de manera furibunda el tema de los abusos en la Iglesia Católica, que las iglesias protestantes el asunto era aún mayor. Pero ya ven, a las demás confesiones nada pide cuentas ni a otras religiones: islamismo, hinduismo, etc. De ellas no se dice nada.

Otro tanto ocurre que con los abusos en otros ámbitos o sectores, que no afectan a la Iglesia Católica, como son los colegios públicos o no católicos, de los ocurridos en la familia, con muchos parientes cercanos o padrastros, etc., u otras instituciones, deportivas, asistenciales, etc. Aquí no se exige responsabilidad ni se menciona, como si no existiera; cuando la gravedad de asunto es infinitamente mayor en el ámbito de la Iglesia, que apenas si representa 2 casos de cada 1.000. Es decir, que solo importan para los políticos y la prense progre la pederastia que afecta a la Iglesia Católica; sólo a estas víctimas hay que atender y restituir, aunque este ya muertas de años; en cambio, de la inmensa mayoría de las victimas, el 99,8%, de esas no hay que ocuparse ni declarar culpables. Los culpables de todos los casos –aunque solo sean esa pequeñita porción del 0,2%- son los curas. Y que les vayan dando. Que aquí no se trata de hacer justicia, sino de perjudicar la imagen de la Iglesia de Cristo lo más posible. Es todo.

 Podríamos seguir hablando más sobre este agotador y sectario tema, pero para qué. Aquí en estos artículos que ya escribimos tiempos pretéritos —porque viene de lejos el remover la basura— puede ver con mayor profundidad la verdad de esta caza a la Iglesia Católica: