La infame y mendaz manipulación del informe sobre los abusos en el ámbito de la iglesia

Todo cuanto rodea a este Informe Gabilondo está plagado de maldad y perversión, dirigido únicamente a desprestigiar al máximo a la Iglesia Católica. No tiene otro objetivo. Y en parte lo han conseguido: el daño al catolicismo es evidente, porque esto queda emocionalmente depositado como un humus en la sociedad, de animadversión contra los sacerdotes, los religiosos y en general contra la fe de los cristianos.

El domingo pasado, esta Redacción tuvimos la oportunidad de asistir a un par de parroquias; en ambas misas ningún sacerdote hizo la más mínima alusión al tema. Estaban cayendo pedradas sobre la Iglesia y se guardado un silencio sepulcral. No lo entendemos, o sí. Dos cosas: 1) La Iglesia temerosa, asustada, acongojada, pusilánime, etc., se calla muda cual silencio de cementerio, como si estuviera a un paso de la tumba; en general, está tan asustada por el poder político-mediático, que no abre la boca,  cual felpudo acepta que la pisoteen, esta cobardía acarre dos cosas: el que calla otorga, y que el contrario se envalentone y siga… Y mientras tanto, están los fieles que sufren escandalizados todo esto. 2) Por imitar a su Señor y Cabeza, guarda silencio, cual Cordero llevado al matadero, que no abría la boca.

En fin, hablemos sobre el informe de marras, que pueden descargarse y ver AQUí.

La prensa más anticristiana habla de 441.000 víctimas de abusos en entornos eclesiales, pero esa cifra no la da nunca el informe en sí. Es el resultado de extrapolar a partir de un sondeo de GAD3 que encargó la investigación, preguntando a 8.013 mayores de edad residentes en España (4.802 por teléfono, 3.211 online). Según ese sondeo, un 0,6% declararían haber sido abusados en su infancia o adolescencia por un sacerdote, y un 1,13% por otra persona (catequista, monitor, educador) en un ámbito católico. De ahí, las supuestas 441.000 víctimas, extrapoladas a partir de 38 millones de adultos en España.

Digamos primeramente que esta causa general abierta contra una institución como la Iglesia Católica es algo jamás visto. Si se piensa con detenimiento es un intento descarado por criminalizarla, por hacer que se levante una inquina de odio contra todo lo religioso católico-cristiano, y que la gente abandone la fe. Es decir, aventar una cristianofobía, un odio -aquí legal, el único permitido- contra las personas de la Iglesia Católica; cualquier otro odio, a cualquier colectivo, o del tipo que sea, hasta animal, está perseguido, este contra la Iglesia Católica, no.

El día 27 de octubre el Defensor del Pueblo Ángel Gabilondo presentó en las Cortes los resultados de la investigación promovida por el poder político (y mediático) español en torno a los  abusos sexuales a menores en el ámbito sólo y exclusivamente de la Iglesia Católica. Todo apunta, obviamente, a una decidida intención de señalar a la Iglesia y difamarla; tan solo hay que tener en cuenta este dato: los abusos por miembros de esta institución (sacerdotes) representan un 0,2% (según informe realizado por la Fundación ANAR, y ver también AQUÍ); exhaustivo y sobre casos concretos estudiados; en cambio, este del Defensor del Pueblo, procede de una encuesta, sin rigor. Es decir, el informe más creíble por serió y real da este dato; 2 de cada 1000, son debidos a religiosos católicos, la práctica totalidad, el 99,8%, 998 autores son personas ajenas a la Iglesia. ¿Cómo es posible, pues, este hacer aparecer a los sacerdotes y a la Iglesia como los responsables de los abusos sexuales que se dan en España? Esa es la sensación y el sentir social, que han transmitido malintencionamente muchos medios de comunicación, en manos de la Izquierda y de la Derecha progre, atea;  los cuales acaparan la inmensa mayoría de la información del público español, especialmente el televisivo (y saben, como «lo que no sale por televisión es como si no existiera»..,). De modo, que entre el poder político y el mediático han conseguido poner a la Iglesia Católica en una situación comprometedora ante la opinión social.

El informe del Defensor del Pueblo, no es tal, pues lo único que hace es engañar a la gente, haciendo creer lo que no es, de manera sectaria y negligente y maintencionado, que se ha prestado a interpretaciones segadas y extrapolaciones, a consecuencia de unos datos extraídos de algo tan poco científico como una encuesta. Es decir, algo tan grave, gravísimo, que incriminana a la Iglesia en delitos tan abominables y escandalosos, no se pueden sustentar en encuestas, Pero todo vale para el propósito perseguido: hundir al catolicismo en España, la fe en Cristo, en Dios.  

Dejando a un lado el asunto de la encuesta-sondeo, cabe decir que después, durante más de un año, el Defensor del Pueblo convocó a las víctimas a contactar con la oficina, se anunció en prensa, radio, televisión, todas las asociaciones que trabajan con víctimas lo difundieron… y las personas que han contactado directamente, tras todo este despliegue, declarando haber sufrido abusos, fueron 487, que se añaden a los 1.430 casos anteriormente conocidos, desde 1950.  Estos son los afectados, en décadas, y algunos de ellos fueron víctimas de la misma persona abusadora, lo cual se deduce que el número de miembros implicados es bastante reducido (menos de un centenar) y máxime contando que (solo en el sector masculino, que es al que afectan los abusos) hay entre religiosos y sacerdotes: 24.627, y a tener en cuenta que serían mayor número, pues habría que contabilizar a varias generaciones (dos mínima), lo que ampliaría a tal vez, 50.000 miembros. De modo que ese posible neos de 100 abusadores entre esos 50.000, daría como resultado que de 700 miembros habría un abusador. Es, pues, por decir así un número de estadística (permítasenos el dicho, «no hay pueblo de 600 habitantes en que no exista el `tonto del pueblo´». Sin ánimo de justificar, hay que decir que la existencia de esos abusadores se da -por así decir- por una cuestión inevitable de estadística. De modo que es difícil conseguir que se reduzca totalmente esta lamentable lacra. Hay que observar a los candidatos a la vida consagrada, por si tienen alguna inestabilidad emocional, etc., y o si, dado que los casos se dan muy mayoritariamente en homosexuales varones, que se lleve a cabo la posibilidad de su admisión en seminarios, tal y como determinó el papa Francisco. Pero que conste que el 100% de que no se de un solo abusador es imposible, jamás ocurrirá, dada la condición precaría humana, es decir, lo expuesto a las influencias del Maligno, al transtorno mental de algunos o al transtorno del corazón; por todo ello, siempre habrá algún caso, por mínimo que sea, con el que los cristianofobos puedan zaherir a la santa madre Iglesia.

Y concluimos:

Nuestra más rotunda condena a cualquier abuso cometido en el seno de la Iglesia, unida al firme compromiso de continuar tomando todas las medidas necesarias para que la Iglesia sea un ámbito seguro. Así lo afirma el presidente de los obispos entona un ‘mea culpa’ sin entrar en más detalles de valoración del informe: “No nos cansaremos de pedir perdón a las víctimas y trabajar por su sanación”.

Y «¿Por qué el Parlamento Español no solicitó, ni antes ni ahora, investigar el resto de los casos (que, por cierto, son la inmensa mayoría)? ¡¡No parece que el interés sea proteger a las víctimas!!», se pregunta Mons. Munilla.

Y si extrapolamos el resto, es decir, la grandísima mayoría, que no es del ámbito de la Iglesia, es decir, si para un 0,6% se extrapola hasta decir que afectaría a 440.000 personas víctimas, ¿Cuál sería para ese otro resto, es decir, el 99,4%, ¡la totalidad de los españoles habrían padecido abusos!?. Pues yo, no; debo ser el único español.       

Ah, y una cosa final más: hay más pederastias políticos que religiosos, ¿por qué, pues, no se investigan a ellos mismos y si en cambio, abren una causa general contra la Iglesia? Está claro: el odio a la fe en Cristo que se dio en 1936, en que bando popular asesinó a más de 8.000 religiosos, es el mismo de hoy día, son sus herederos, los mismos de entonces se han aliado, ahora se llaman progresistas. El 10 de marzo de 2022 el Congreso de los Diputados encargó esta causa persecutoria contra los religiosos de hoy al Defensor del Pueblo. Ahora se han propuesto acabar con ellos, destruyendoles en su fama y dignidad.

Redacción de Actualidad Catolica.