Acallar a los profetas

Recogemos un texto de la primera lectura (texto en negrita; el texto anterior , del cap. 18, lo ponemos para que se precise el contexto) de hoy 28 de febrero, del profeta Jeremías,  en la que se le lamenta

Jeremías 18

1  Palabra que fue dirigida a Jeremías de parte de Yahveh:

 

11 Ahora, pues, di a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén: Así dice Yahveh: «Mirad que estoy ideando contra vosotros cosa mala y pensando algo contra vosotros. Ea, pues; volveos cada cual de su mal camino y mejorad vuestra conducta y acciones.»

12 Pero van a decir: «Es inútil; porque iremos en pos de nuestros pensamientos y cada uno de nosotros hará conforme a la terquedad de su mal corazón.»

 

15 Pues bien, mi pueblo me ha olvidado.      A la Nada inciensan.      Han tropezado en sus caminos,          aquellos senderos de siempre,          para irse por trochas,          por camino no trillado.

16 Es para trocar su tierra en desolación,          en eterna rechifla:          todo el que pasare se asombrará de ella y meneará la             cabeza.

17 Como el viento solano los esparciré delante del enemigo.      La espalda, que no la cara, les mostraré          el día de su infortunio.

 

18  Entonces dijeron: «Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».

19   Estáte atento a mí, Yahveh,          y oye lo que dicen mis contrincantes.

20   ¿Es que se paga mal por bien?          (Porque han cavado una fosa para mi persona.)      Recuerda cuando yo me ponía en tu presencia          para hablar en bien de ellos,          para apartar tu cólera de ellos.

 

El profeta Jeremías obedeciendo a Dios, dirige unas palabras proféticas advirtiendo de los peligros que corren si corrigen su conducta y cambian de su terquedad y de seguir el mal camino adorando a ídolos que no son nada. Sin continúan así llegará el día del infortunio, en que la tierra será desolada.

Esto no gusta. No gustan las palabras del profeta; por lo tanto traman deshacerse de él, para que deje de atemorizar predicando calamidades. Le cavan una hoya o fosa donde arrojarle para que no siga esparciendo sus oráculos.

 

Esta que le ocurrió a Jeremías es una constante en la historia de los profetas. Lo fue entonces, lo fue ayer y lo es hoy. Decimos esto, pues al ver la película Garabandal, sólo Dios sabe, se escenifica como la jerarquía eclesiástica de aquel momento presionaron de mala manera, hasta amenazar con la excomunión, a la portavoz (Profeta) que -“supuestamente”- portaba un mensaje (oráculo) del Cielo. Esta presiones y amenazas también las hubo en Fátima, aunque en esta ocasión por el poder político e ideológico (masóncomunista), y, afortunadamente, sin éxito.

 

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