Un signo de los tiempos: la persecución de los cristianos

El sábado 24, por iniciativa del Papa se iluminó de rojo el Coliseos Romano y algunas iglesias (de Irak y Siria) en recuerdo y denuncia de la cruenta en Oriente, Asía y otras parte del mundo y obsesiva en Occidente, que se da en la actualidad contra los cristianos. Los cristianos somos perseguidos en 23 países y discriminados en 15.

Algunos medios -despistados o para despistar- informaron que se trataba de un homenaje a los mártires de pasado, de los primitivos cristianos triturados por las fieras en el circo romano. Pero no, se trata de los mártires de hoy día, en sus varias expresiones: perseguidos hasta la muerte física, la prisión, la expulsión, el secuestros, etc., y los cristianos de Occidente, silenciados, ninguneados, marginados, faltados al respeto, ofendidos, “blasfemados”… , con pretensiones patentes de ir a más, hasta que la cosa se vuelva muy probablemente en insoportable.

Como dice el Cardenal Mauro Piacenza, refiriéndose a este siglo XXI, rememorando a San Maximiliano María Kolbe, que decía en los momentos dramáticos del siglo XX:  “la indiferencia hacia el hermano que sufre, que no tiene lo que necesita para vivir, no puede acceder a los cuidados y a la formación de base ante el hermano cuya dignidad es pisoteada por ciertos poderes ciegos, ante el hermano que no puede vivir su fe y su pertenencia solo a costa de su vida física”.

Como puede apreciarse, diariamente nos llegan noticias de cualquier parte de mundo anunciando alguna desgracia… Aquí, allá y acullá se repite con continuo goteo el asalto a templos cristianos. Es ya una constante la persecución de los fieles seguidores de Cristo, de su Cuerpo. Es como un  rayo que no cesa.

Y lo peor de todo es que no parece verse su final, sino todo lo contrario, la cristianofobia va en aumento. Tal que pareciera estar dándose lugar aquel de que habrá tribulación, y una gran tribulación.

Es un no acabar, y nos tememos que así hasta el final, en el que Dios diga ¡Basta!

Todo parece recordar -como nunca en la historia de la humanidad- a uno de esos signos profetizados que se darían previos a la Parusía.

 

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