En el Evangelio (Mt 22,15-21) de la liturgia de hoy, 18 de octubre, narra un episodio interesante con tintes políticos: Unos fariseos y pseudopoliticos trataron de comprometer arteramente a Jesús, planteándole una pregunta con aparente buena intención ética: “Maestro, sabemos que eres sincero… ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?”. Pero Jesucristo les vio venir y no se dejó enredar en la astuta añagaza; de manera que les pidió una moneda con la esfinge del César, y al mostrarles el rostro de este, les contestó contundentemente: “Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios”. Y no hubo lugar a la réplica.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 22,15-21:
En aquel tiempo, los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra. Y le envían sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas. Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?».
Mas Jesús, conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo». Ellos le presentaron un denario. Y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Dícenle: «Del César». Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios».
Hay quien ha echado mano de esta frase de Jesús para, absolutizándola, utilizarla como un desvincular lo religioso de lo político sin que haya nada en común ni de lo que pueda participar y colaborar como si fueran dos esferas de planetas extraños.
No se puede decir, desde el punto de vista de la antología cristiana, que lo que suceda al margen de la religiosidad o dimensión religiosa, no nos afecta y nos obliga. Todo lo contrario. Nada de lo humano nos es ajeno, y la res pública nos compromete moralmente, sobre la que tenemos que incidir de acuerdo a los valores evangélicos.
También hay que hacer constatar que reconoce la autonomía de las realidades seculares: estrictamente terrenas, materiales, ordinarias, de estricta actividad cotidiana, laborar, profesional, tecnológica, etc., que tiene una autonomía humana propia. Ahí no ha nada qué decir, tiene su orden, sus propias normas o leyes (como las de las ciencias); otra cosa, sería si tuvieran implicaciones éticas. De modo que hay que afirmar la legitimidad del poder seglar en sí. No podemos convertir a Dios en un competidor o contrincante de la autonomía de lo humano, incluida la política. Autonomía, por lo demás, otorgada por el mismo Dios, según él quiso crear el mundo.
Añadir un matiz: ante la pregunta de “¿es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?”, Jesús no lo niega, más bien está afirmando el hecho contribuir. Hay una responsabilidad moral en pagar impuestos.
A lo largo de la historia siempre se ha cuestionado a la Iglesia por su inmiscuirse en asuntos políticos, y se esgrimía esa frase de Jesús para taparla la boca y censurarla y en definitiva expulsar de la escena pública y arrinconarla en la sacristía.
Si nos atenemos al dicho de que «todos es política» y nos callamos para no hacer política, entonces permanezcamos en silencio para siempre y en todo. Y en fin, que acabaremos, pues, por no tener nada que decir al ser humano y la fe acabará siendo arrinconada como un adorno, que no afecta ni sirve para nada.
La fe religiosa es libre, la cosa más libre de cuanto existe. De modo que hace bien, lo debido, en pronunciar según crea -a inspiración del Espíritu Santo- sobre asuntos humanos referenciados al hecho de ser persona, sujeto de dignidad inalienable, con conciencia, voluntad, responsabilidad, etc.
Hay una dimensión profética y de denuncia de las injusticias y de crítica de las desviaciones de las buenas costumbres, etc.; pero esto siempre con prudencia, sin soliviantar las bajas pasiones de los políticos, tan en refriegas por el poder…
Por otra parte, existen también fieles cristianos en todos los partidos políticos. Y ninguna opción política por sí sola acapara la totalidad de la antropología cristiana.
De modo que al igual que la Iglesia se pronuncia en cuestiones como la migración, el aborto, la eutanasia, etc., puede hablar de cuestiones sociales, de la cosa pública, es decir, ”política”, en cuanto esta afecta a las personas en cuestiones principales: moralidad, dignidad, justicia, derechos y obligaciones de las personas.
Hay que tener bien presente que Jesús no hizo ninguna crítica política sobre el imperio romano, ni tampoco san Pedro en sus cartas. De modo que hay que concluir esta postura ante la política a tener por los que hablan de Dios a los hombres. En conclusión: que no hay que meterse en política.
“Nosotros no pertenecemos a ninguna realidad terrenal, a ningún “César” de turno. Somos del Señor y no debemos ser esclavos de ningún poder mundano. En la moneda, por lo tanto, está la imagen del emperador, pero Jesús nos recuerda que en nuestra vida está impresa la imagen de Dios, que nada ni nadie puede ensombrecer.” (Papa Francisco).
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PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO
(Ángelus, 22 octubre 2023)
Algunos fariseos se unen a los herodianos para tender una trampa a Jesús. Siempre buscaban tenderle trampas. Van donde Él y le preguntan: «¿Es lícito pagar impuesto al César o no?» (Mt 22,17). Es un engaño: si Jesús legitima el impuesto, se pone de parte de un poder político mal respaldado por el pueblo, mientras que si dice de no pagarlo puede ser acusado de rebelión contra el imperio. Una auténtica trampa. Pero Él escapa de esta insidia. Pide que le muestren una moneda, que lleva impresa la imagen del César, y les dice: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (v. 21). ¿Qué significa esto?
Estas palabras de Jesús se han convertido en algo de uso común, pero a veces se han utilizado de manera equivocada – o al menos reductiva – para hablar de las relaciones entre Iglesia y Estado, entre cristianos y política; a menudo se entienden como si Jesús quisiera separar a “César” y a “Dios”, es decir, la realidad terrenal de la espiritual. A veces, también nosotros pensamos así: una cosa es la fe con sus prácticas y otra cosa, la vida de todos los días. Y esto no funciona. Esto es una “esquizofrenia”, como si la fe no tuviera nada que ver con la vida concreta, con los desafíos de la sociedad, con la justicia social, con la política y etcétera.
En realidad, Jesús quiere ayudarnos a colocar al “César” y a “Dios” cada uno en su importancia. Al César –es decir, a la política, a las instituciones civiles, a los procesos sociales y económicos – pertenece el cuidado del orden terrenal, y nosotros, que en esta realidad estamos inmersos, debemos restituir a la sociedad lo que nos ofrece a través de nuestra contribución de ciudadanos responsables, prestando atención a lo que se nos confía, promoviendo el derecho y la justicia en el mundo del trabajo, pagando honestamente los impuestos, comprometiéndonos por el bien común y etcétera. Pero, al mismo tiempo, Jesús afirma la realidad fundamental: que a Dios pertenece el hombre, todo hombre y todo ser humano. Y esto significa que nosotros no pertenecemos a ninguna realidad terrenal, a ningún “César” de turno. Somos del Señor y no debemos ser esclavos de ningún poder mundano. En la moneda, por lo tanto, está la imagen del emperador, pero Jesús nos recuerda que en nuestra vida está impresa la imagen de Dios, que nada ni nadie puede ensombrecer. Al César pertenecen las cosas de este mundo, pero el hombre y el mundo mismo pertenecen a Dios: ¡no lo olvidemos!
Comprendamos entonces que Jesús nos está devolviendo a cada uno de nosotros a la propia identidad: en la moneda de este mundo está la imagen de César, pero, ¿tú – yo, cualquiera de nosotros – qué imagen llevas dentro de ti? Hagámonos esta pregunta: ¿yo, qué imagen llevo dentro de mí? ¿Tú, de quién eres imagen en tu vida? ¿Nos acordamos de pertenecer al Señor, o nos dejamos modelar por las lógicas del mundo y hacemos del trabajo, de la política, del dinero, nuestros ídolos a adorar?
Que la Virgen Santa nos ayude a reconocer y a honrar nuestra dignidad y la de todo ser humano.
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PALABRAS DEL PAPA BENEDICTO XVI
(Homilía en la Santa Misa por la Nueva Evangelización, 16 de octubre de 2011)
Jesús responde con un sorprendente realismo político, vinculado al teocentrismo de la tradición profética. El tributo al César se debe pagar, porque la imagen de la moneda es suya; pero el hombre, todo hombre, lleva en sí mismo otra imagen, la de Dios y, por tanto, a él, y sólo a él, cada uno debe su existencia. Los Padres de la Iglesia, basándose en el hecho de que Jesús se refiere a la imagen del emperador impresa en la moneda del tributo, interpretaron este paso a la luz del concepto fundamental de hombre imagen de Dios, contenido en el primer capítulo del libro del Génesis. (…) Esta palabra de Jesús es rica en contenido antropológico, y no se la puede reducir únicamente al ámbito político. La Iglesia, por tanto, no se limita a recordar a los hombres la justa distinción entre la esfera de autoridad del César y la de Dios, entre el ámbito político y el religioso. La misión de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, hacer memoria de su soberanía, recordar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su identidad, el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, nuestra vida.
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Catena Aurea
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42
Así como sucede cuando alguno quiere detener el curso del agua que corre, que si llega a saltar la presa busca su curso por otro lado, así la malicia de los judíos, cuando se vio confundida por una parte, buscó salida por otra. Por esto dice: «Entonces los fariseos se fueron», etc. Se fueron, diré, a buscar a los herodianos. Tal fue el consejo, como tales eran los que lo dieron. Por esto sigue: «Y le enviaron sus discípulos juntamente con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino de Dios en verdad».
Glosa
Se valieron de personas desconocidas, para engañar más fácilmente a Jesús y poderle atrapar por medio de ellas. Porque como temían a las gentes, no se atrevían a hacerlo por sí mismos.
San Jerónimo
Hacía poco que Judea había quedado sometida a los romanos por César Augusto, cuando tuvo lugar el censo de todo el mundo, y se establecieron los tributos. Por eso había en el pueblo mucho deseo de insurreccionarse. Decían unos que los romanos cuidaban de la seguridad y de la tranquilidad de todos, por cuya razón se les debía pagar el tributo; pero los fariseos, que se atribuían toda justicia, apoyaban, por el contrario, que el pueblo de Dios (que ya pagaba los diezmos, daba las primicias, y todo lo demás que estaba prescrito en la ley) no debía estar sujeto a leyes humanas. Pero César Augusto había colocado a Herodes, hijo de Antipatro, extranjero y prosélito, como rey de los judíos; el cual debía ordenar los tributos y obedecer al Imperio Romano. Por lo tanto, los fariseos envían a sus discípulos con los herodianos, esto es, o con los soldados de Herodes o con aquellos a quienes daban el apodo irónico de herodianos y trataban como no afectos al culto divino, porque pagaban sus tributos a los romanos.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1
Por esto, pues, envían a sus discípulos junto con los soldados de Herodes, para que pudiesen vituperar cualquier cosa que dijere el Salvador. Deseaban, pues, que el Señor dijere algo en contra de los herodianos, porque como temían prenderlo por temor a las turbas, querían ponerle en peligro, y hacerle aparecer como enemigo de los tributos públicos.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42
Esta es la primera ficción de los hipócritas, cuando alaban a los que quieren perder; y por lo tanto, empiezan la alabanza, diciendo: «Maestro, sabemos que eres veraz, etc.» Le llaman Maestro, para que viéndose honrado y alabado, les manifieste sencillamente los secretos de su corazón, como deseando tenerles por discípulos.
Glosa
De tres modos sucede que alguno no enseñe la verdad: primeramente, por parte del que enseña, porque o desconoce la verdad, o no la estima; y en contra de esto dicen: «Sabemos que eres veraz». En segundo lugar, de parte de Dios, porque pospuesto su temor, algunos no enseñan con toda su pureza la verdad que procede de Dios, y que ellos conocen; y contra esto dicen: «Y que enseñas el camino de Dios, en verdad». Y en tercer lugar, de parte del prójimo, por cuyo temor o amor calla alguno la verdad; y para ocultar esto añaden: «Y que no te cuidas de cosa alguna», (esto es, del hombre), «porque no miras a la persona de los hombres».
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1
Esto lo decían en secreto, pero refiriéndose a Herodes y a César.
San Jerónimo
Esta pregunta suave y engañosa, le provoca a responder, que debe temerse más a Dios que al César; por esto dicen: «Dinos, pues: ¿qué te parece?», etc. Para que si dice que no deben pagarse los tributos, lo oigan enseguida los herodianos y le detengan como reo de sedición contra el emperador de Roma.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1
Y como sabían que a algunos que habían aspirado a introducir esta discordia los habían matado, querían también hacerle caer en esta sospecha por estas palabras.
Prosigue: «Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos», etc.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42
No les responde de la misma manera sencilla y pacífica sino que contesta según las intenciones malas de los que preguntan, porque Dios responde a los pensamientos y no a las palabras.
San Jerónimo
La primera virtud del que responde consiste en conocer las intenciones de los que preguntan y no llamarles discípulos suyos sino tentadores. Hipócrita es aquel que aparenta ser algo que no es.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42
Les llama hipócritas porque no iban a llevar a cabo lo que pensaban hacer, sabiendo que El conoce el corazón de los hombres y que, por eso mismo, conocía sus malas intenciones. Véase aquí el porqué los fariseos le halagaban para perderle. Pero Jesús los confundía para salvarlos, puesto que para un hombre no es de ningún provecho adular mientras que sí lo es ser corregido por Dios.
San Jerónimo
La sabiduría siempre obra de una manera sabia, y confunde con frecuencia a sus tentadores, por medio de su palabra. Por esto sigue: «Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario». Esta clase de moneda era la que se consideraba del valor de diez monedas, y llevaba el retrato del César. Por esto sigue: «Y Jesús les dijo: ¿de quién es esta figura e inscripción?» Los que creían que la pregunta del Salvador era hija de la ignorancia y no de la deferencia, aprendan aquí cómo Jesús podía conocer la imagen que había en la moneda. Prosigue: «Dícenle: del César». Y no creemos que era César Augusto, sino Tiberio, su hijastro, en cuyo tiempo sufrió la pasión nuestro Señor. Todos los emperadores romanos, desde el primero, llamado Cayo César que se apoderó del imperio, se llamaban Césares. Prosigue: «Pues pagad al César lo que es del César», esto es, la moneda, el tributo y el dinero.
San Hilario, in Matthaeum, 23
Si nada hay que siendo del César se encuentre entre nosotros, no estaremos obligados a darle lo que es suyo. Por lo tanto si nos ocupamos de sus cosas, si usamos del poder que él nos concede no haremos ofensa alguna, si damos al César lo que es del César.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,2
Tú también, cuando oigas: da al César lo que es del César, sabe que únicamente dice el Salvador aquello que no se opone a la piedad. Porque si hubiese algo de esto, no constituirá un tributo del César, sino del diablo. Y después, para que no digan: que los hombres no están sujetos, añade: «Y a Dios lo que es de Dios».
San Jerónimo
Esto es, las décimas, las primicias, las oblaciones y las víctimas. Así como el mismo Señor pagó al César el tributo por sí y por San Pedro, pagó también a Dios, lo que es de Dios, haciendo la voluntad de su Padre.
San Hilario, in Matthaeum, 23
Conviene por lo tanto que nosotros le paguemos lo que le debemos, esto es, el cuerpo, el alma y la voluntad. La moneda del César está hecha en el oro, en donde se encuentra grabada su imagen; la moneda de Dios es el hombre, en quien se encuentra figurada la imagen de Dios; por lo tanto dad vuestras riquezas al César y guardad la conciencia de vuestra inocencia para Dios.
Orígenes, homilia 21 in Matthaeum
En esto aprendemos por el ejemplo del Salvador que no debemos atender a lo que dicen muchos so pretexto de religiosidad y que, por lo tanto, tiene algo de vanagloria, sino a lo que es conveniente, según dicta la razón. También podemos entender este pasaje en sentido moral, porque debemos dar al cuerpo algunas cosas -lo necesario- como tributo al César. Pero todo lo que está conforme con la naturaleza de las almas, esto es, lo que afecta a la virtud, debemos ofrecerlo al Señor. Los que enseñan que según la ley de Dios no debemos cuidarnos del cuerpo son fariseos, que prohiben pagar el tributo al César, como los que prohiben casarse y mandan abstenerse de comer a los que Dios ha creado. Y los que dicen que debemos conceder al cuerpo más de lo que debemos, son herodianos. Nuestro Salvador quiere que no sufra menoscabo la virtud, cuando prestamos nuestro servicio al cuerpo; ni que sea oprimida la naturaleza material, cuando nos dedicamos con exceso a la práctica de la virtud. El príncipe de este mundo, es decir, el diablo, representa al César; no podemos por lo tanto dar a Dios lo que es de Dios hasta que hayamos pagado al príncipe lo que es suyo, esto es, hasta que hayamos dejado toda su malicia. Aprendamos también aquí esto mismo que no debemos callar en absoluto en contra de los que nos tientan, ni responder sencillamente, sino con circunspección, así quitaremos la ocasión de que se quejen contra nosotros, y enseñaremos qué es lo que deben hacer para no ser dignos de reprensión los que quieren salvarse.
San Jerónimo
Los que debieron creer en tan admirable sabiduría, se asombraron al ver que sus propósitos de asechanzas no habían tenido lugar: Por esto sigue: «Y cuando esto oyeron, se maravillaron, y dejándole, se retiraron», llevando consigo su infidelidad y su admiración.
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