La política ataca a la Iglesia

Parlamento español

¿Por qué la clase política se dedica exclusivamente a la investigación del 0,2% de los casos abusos, que son los cometidos por miembros de la Iglesia? ¿Ante esa atención a 2 de cada 1.000 y obviar los 998 caos, hay alguna razón que lo explique razonablemente, y que se nos escapa? ¿O la razón es de otro tipo? Seguramente.

Luego vienen aquellos que, a las más mínima, echan mano de aquello de «dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», aplicándoselo a algún clérigo que nos les gusta que sea crítico con la res-publica. Y ahora, nos preguntamos, ¿por qué no se aplica el dicho en la otra dirección?

Así paga la clase política a la Iglesia el que sea tan sumisa y callada  ante el desvarío social, el desenfreno moral generalizado y la decadencia humana (en todos sus términos).

En fin, todo esto nos pasa por achantarnos y autoamordazarnos —haciendo dejación cual perros mudos—; pues en esa debilidad humillada nos pierden el respeto y toda consideración. El poder, per se, tiende a acaparar más y más poder, si se le deja; o lo que es parecido: la victima acaba haciéndose cómplice.

Y, para finalizar, una pregunta más: ¿Por qué los políticos no investigan de manera expresa los casos de abusos cometidos por otros gremios, por ejemplo el suyo?

Lo que sí nos queda claro es, ante tan enorme arbitrariedad, la evidencia que no se puede evitar, si verdaderamente se mira a la luna y no nos quedamos como idiotizados mirando al dedo que la apunta.

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Además de una gran laborar religiosa-espiritual (sin entrar en la valoración de bien de la oración de tantos religiosos y seglares; los sacerdotes, religiosos y seglares dedicaron en ese año más de cuarenta y un millones de horas a la actividad pastoral), esto es lo que hace la Iglesia —y que los políticos  y demás, ni lo valorar, sino todo lo contrario—: Más de cuatro millones de personas fueron atendidas ese año en los nueve mil centros asistenciales y sanitarios de la Iglesia. Dos millones trescientas mil personas se beneficiaron de las ayudas económicas canalizadas por la Iglesia. La actividad educativa de la Iglesia, a través de la red de centros católicos concertados, supone un ahorro de tres mil ochocientos millones de euros al Estado.

En fin, esto es lo que hay: la clase gobernante en lugar de estar agradecida a la Iglesia, la ataca inmisericordemente. El diablo no anda lejos de esto.

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