Es la hora de recapitular sobre cosas que se han dicho «peregrinamente» y «a tontas y a locas» sobre interpretaciones teológico-religiosas sobre el Coronavirus que ha puesto contra las cuerdas a la Humanidad.
Primero: no era -como algunos había dicho, sin fundamento, como se ve- un castigo del Cielo, de Dios.
Segundo: no ha sido un punto de inflexión, de toma de conciencia y reflexión de la humanidad, que le hiciera volver la mirada hacia lo sagrado y trascendente.
Ambas cosas que ven desmentidas por la evidencia: La pandemia Covid-19, un mal obra del Mal, que se ha manifestado como un enemigo de la humanidad, generadora de muerte y destrucción, de sufrimiento y llanto, de infelicidad y amargura; que se ha cebado con los más indefensos y desvalidos, con los más queridos por Dios. Descartamos rotundamente esa teoria a la que calificamos de diabolica de que sea un castigo de Dios: para ello pueden leer: «La pandemia es algo muy malo y obra del Malo«, y escuchar: «El coronavirus, ¿castigo de Dios?«.
No ha cambiado a nadie para mejor, sino que ha masacrado a los más pobres y a la humanidad la atemorizada sin que -como buenamente pretenden y desean algunos- «La pandemia, una oportunidad para recuperar al ser humano«, ni se vean signos de una reflexión profunda que nos mejore y nos lleve a acercarnos a Dios. Parece que ha sido todo lo contrario; vean estas noticias: «Los sacerdotes informan de asistencia a misa significativamente por debajo de los números anteriores a COVID-19«, “Los ‘católicos culturales’ ya no vendrán a misa. Han visto que pueden vivir muy bien sin tener que ir a la iglesia” (Cardenal Jean-Claude Hollerich), «El coronavirus incrementa la delincuencia».
Este dado cualquier de nosotros, los laicos que íbamos y seguimos yendo a misa a diario hemos comprobado y podemos comprobar que es así. Aunque todavía es pronto; por el momento es una realidad. Conclusión: Pues que el Mal -el poder de las tinieblas- con la pandemia ha salido ganando. La religiosidad socio-cultural ha quedado tocada; es como si se hubiera perdido grasa, pero cuando hace frio hasta la grasa es necesaria. En fin que la apostasia avanza. Triste y desgraciadamente.
Triste y desgraciadamente, los hechos nos vienen a dar la razón de cuanto advertíamos tiempo atrás. Pueden leer a este respecto los artículos:
«¿Saldremos mejorados tras la pandemia?»
«Reflexiones sobre la realidad presente (de la pandemia)»
«El coronavirus. ¿A qué se debe? o ¿quién es el responsable?»
«El coronavirus, previo de uno de los signos de los tiempos «
«Apuntes a la crisis por la pandemia»
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