El coronavirus, previo de uno de los signos de los tiempos

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Uno de los fenómenos que habría de ocurrir al final de los tiempos -y que el mismo Señor Jesucristo nos puso en guardia- fue el de las epidemias, que puede verse en el Lucas (21,11): «Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo»,  y que también anuncia en el libro del Apocalipsis, al hablar del cuarto caballo: “Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto Viviente que decía: `Ven´. Miré entonces y había un caballo verdoso; el que lo montaba se llamaba Muerte, y el Hades le seguía. Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra.” (Ap 6,7-8).

El color es medio verde, medio gris, color de los cadáveres en descomposición. un color indicando la palidez enfermiza de un cadáver. “El que lo montaba se llama Muerte». Representa la muerte por peste, enfermedades contagiosas, epidemias, pandemias… El “Hades” es el lugar de los muertos.

No se trata de preocupar más de lo necesario, cosa que por otra parte la gente -según lo que está comprobando- empieza a alarmarse, tan solo hay que ver el comportamiento de angustia ante un virus que no es más mortífero que una fuerte gripe invernal: el virus COVID-19 provoca una tasa de muertes de un 2% mientras que la gripe común lo hace en un 6%. Lo que sí es extremadamente contagioso. Sea como sea, el caso es que en muchos lugares se está entrando casi en pánico.

Lo más preocupante, pues, no este virus, sino lo que está suponiendo y significa: es relativamente fácil y rápido en un mundo globalizado y mediático provocar la desestabilización  y crear el caos. Y por otro lado, que este medio (una enfermedad contagiosa grave) puede convertir en un futuro próximo en un arma aterradora para la humanidad, relativamente fácil de crear en un laboratorio e igualmente de esparcir.  La maldad de algunas personas, secuaces de Satanás, sometidos su servidumbre, pueden producir mucho daño destructor.

En varios lugares (diócesis de Corea del Sur, Hong Kong e Italia) se están suspendiendo las Misas. El que se suspenda la celebración Eucarística es grave y significativo -y máxime en este comiendo de la Cuaresma-. Lo cual nos lleva a recordar aquello de: «El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos (…) prohíben el matrimonio y el uso de alimentos que Dios creó para que fueran comidos con acción de gracias por los creyentes y por los que han conocido la verdad» (Tim 4,1.3); «Hará cesar el sacrificio y la oblación» (Dan 9,27). Para los que creemos firmemente sabemos que  la Iglesia y el mundo viven de la Eucaristía; si esta desapareciera… Toda enfermedad, sufrimiento o imperfección es contrario a lo querido por Dios y no procede de Él, que todo lo que ha hecho lo ha creado bien y para el bien y felicidad de sus hijos, los seres humanos; cualquier precariedad o mal (del tipo que sea) es contrario, pues, a su voluntad. De modo que cada decir que en el mal el Mal toma protagonismo, no está lejos. El que se suspenda la Eucarística es un triunfo del Maligno. La batalla final será batalla eucarística; tal vez no esté tan lejos la Segunda Venida de Cristo está próxima.

El futuro se presenta inquietante. Solo Dios nos podrá salvar. Es nuestra esperanza. ¡Maranata!

,ACTUALIDAD CATÓLICA

 

P.D.: Pueden leer el artículo: https://www.actualidadcatolica.es/el-cuarto-caballo-del-apocalipsis/

 


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