“Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto Viviente que decía: `Ven´. Miré entonces y había un caballo verdoso; el que lo montaba se llamaba Muerte, y el Hades le seguía. Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra.”[1]
Un caballo que reúne en sí las actuaciones de los otros tres anteriores. Es decir, en este periodo se reactivan, renuevan o acentúan los anteriores caballos… Y con una singularidad propia la de las enfermedades contagiosas y mortales. El color es medio verde, medio gris, color de los cadáveres en descomposición. El “Hades” es el lugar de los muertos.
Como si el destino jugara una fatídica y definitiva pasada al mundo, la pésima situación se convertirá en terror: a los males de los anteriores caballos que afligirán a la humanidad se van a añadir un mal espantoso: epidemias, capaces de provocar infinidad de muertes.
Las epidemias a lo largo de la historia han sido mortíferas, eliminando a mucha gente y sembrando el pánico en poblaciones donde morían por contagio la mayoría. Lo cual ha quedado grabado en el inconsciente colectivo como uno de los azotes de la humanidad, junto con la guerra y la hambruna.
Este cuarto caballo apocalíptico, que es el último, parece aglutinar la maldad de los anteriores, y aumentándola. La historia humana se encamina a un punto determinado donde el trepidar de los caballos se hace mayor; así el dos será superior al uno, y el tres al dos, y el cuatro a todos ellos, en su grado de maldad y de hacer daño…, porque a todos ellos los reunirá y sumará.
Este caballo es sobremanera temible. Capaz de hacer cundir el caos generalizo a lo largo y ancho de todo el planeta. Virus mortales esparcidos por la tierra, incontrolados y sin remedios, amenazaran con diezmar poblaciones enteras, como hicieran las pestes en tiempos pretéritos... Algo que el ser humano llevaba incorporado en la herencia de sus miedos ancestrales. Posiblemente con la amarga sospecha de que fueran producto de la maldad humana, de manufactura terrorista. Pandemias asesinas, que se sospechará no ser de origen naturales sino de laboratorio, y que pondrán jaque a humanidad, sembrando la desconfianza en el ser humano y causando espanto y abominación en los corazones.
Todo obedecerá a una estrategia de la maldad que imperará en el mundo, donde campea el príncipe de las tinieblas, en un intento de someter a su yugo a la especie humana, a través de su claudicación, llevada a cabo por la deconstrucción, el desorden absoluto, el caos… La entropía… Es decir, llevar a la sociedad humana a la locura total y a la «lobotomización» de su alma.
…
Este espantoso caballo asolará la tierra, acabando con un tercio de la población, llenando de dolor y estupefacción, como nunca, a la Humanidad.
Según cuenta la Escritura así iba a ser. Pero Dios, en su misericordia, dispondrá ¾según la esperanza de los íntimos, a quien ha querido manifestárselo, como a los profetas de antaño¾ que está dispuesto a modificar el devenir escrito si encuentra respuesta a su gratuita misericordia. Dios repite su actitud como lo hiciera en Sodoma y Gomorra: está dispuesto a salvar a la Humanidad del azote tremendo de este cuarto caballo, si encuentra la correspondencia en algunos justos.
Este caballo asesino, que se presentaba como el azote de la Humanidad, que pretendía acabar un tercio de ella, dejará de sucederse en tan gran proporción al ser mitigada por la oración y la penitencia de los justos.
Gracias a las intercesiones de la Santísima Virgen María y las oraciones y sacrificios de los fieles la oración, ayunos y penitencias este castigo[2] será mitigado. Según la fe bíblica, el castigo profetizado puede ser mitigados, retardado, disminuido o incluso evitado a través de las oraciones, hacer sacrificios ¾ayunos¾ y reparación a Dios[3].
Por esta respuesta de un número de personas justas, Aquel que todo lo puede, el Señor de la historia, embridará este caballo desbocado para que no cause más daño a la humanidad. De modo que el daño previsto por este caballo temeroso quedará aminorado[4].
Según las Sagradas Escrituras cómo Jonás[5] fue enviado a Nínive a predicar una advertencia y un mensaje de arrepentimiento a la gente muy pecaminosa de aquella ciudad, recorrió la ciudad profetizando que la ciudad de Nínive sería destruida en cuarenta días al menos que sus habitantes cambiaran, se arrepintieran de sus pecados y ayunaran. Y así fue, se convirtieron y cambiaron del camino; entonces el Señor, no llevó a cabo el castigo profetizado.
Mientras que por otro lado, en la oración ferviente Abraham había preguntado a Dios que pasaría si en Sodoma y Gomorra se podían encontrar diez buenas personas y Dios respondió con la promesa: “Por el bien de los diez justos no la destruiré”. Pero no fueron encontrados, y entonces Dios destruyó las dos ciudades que estaban completamente llenas de personas malvadas, después de llevar a Lot, hijo de Abraham y a su familia fuera de la ciudad[6].
La y la oración lección de la Escritura es que la ira de Dios se puede disminuir o incluso mitigar por invocar Su misericordia infinita a través del sincero arrepentimiento. Así que vamos a arrepentirnos de nuestros pecados, reparar, y rezar para que podamos esforzarnos para estar entre la gente justa que el Señor se complace en ver sobre la tierra en este momento. Y también debemos recordar que Dios lo hace todo por amor, porque “Dios es amor”[7].
Lo que va a suceder en el futuro, podemos estar seguros de que Dios lo estará arreglando para el bien de la humanidad y para la salvación de nuestras almas.
Y, por fin, Dios tiene paciencia con el hombre y espera su conversión, y le da tiempo…; porque, ante todo, quiere salvarle. Así lo dice san Pedro: “No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión.”[8]
………………………………………….
[1] Ap 6,7-8.
[2] “Como te dije, si los hombres no se arrepienten y se mejoran a sí mismos, el Padre infligirá un terrible castigo a toda la humanidad” [3er mensaje de la Santísima Virgen María en Akita, Japón, 13 de octubre de 1973, aniversario de las visiones finales y milagro de Fátima]. En otras palabras, gran parte de lo que va a pasar depende de nosotros, como la Santísima Virgen María indica a través del padre Stefano Gobbi (21 de enero 1984): «Estos males pueden ser evitados por ustedes, los peligros pueden ser evadidos. El plan de la justicia de Dios siempre se puede cambiar por la fuerza de su amor misericordioso. Además, cuando profetizo castigos para ustedes, recuerda que todo, en cualquier momento, puede ser cambiado por el poder de la oración, reparación y penitencia.»
[3] A Santa Faustina Kowalska Jesús dijo: “En el Antiguo Testamento yo envié a los profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío con Mi misericordia a la gente de todo el mundo. Yo no quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi Corazón misericordioso. Yo utilizo el castigo cuando ellos mismos me obligan a hacerlo. Mi mano se resiste a echar mano de la espada de la justicia. Antes del día de la justicia envío el día de la misericordia. [Diario de Santa Faustina, n º 1588]. “He sido capaz de detener el castigo debido a las oraciones y los sufrimientos de muchos de mis hijos.” (La Santísima Virgen al Padre Stefano Gobbi, 31 de diciembre de 1977, n º 142).
[4] Según los comentarios de los videntes de Medjugorje sobre este secreto, se cree que es el primero de los castigos que empezaría a cambiar el mundo. Sabemos esto porque la Madonna reportó que por la oración, ayunos y penitencias este castigo ha sido mitigado. Los 3 primeros secretos son los tres avisos; los siete restantes son las copas. No, no son los siete restantes las siete copas, sino los siete sellos; por lo que el 7 que ya no se cumplirá, (o ha sido aminorado?), corresponde al cuarto sello: “Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto Viviente que decía: `Ven´. Miré entonces y había un caballo verdoso; el que lo montaba se llamaba Muerte, y el Hades le seguía. Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra.” Ap 6,7-8.
[5] Jonás 3, 1-10: 1 Por segunda vez fue dirigida la palabra de Yahveh a Jonás en estos términos: 2 «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad y proclama el mensaje que yo te diga.» 3 Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra de Yahveh. Nínive era una ciudad grandísima, de un recorrido de tres días. 4 Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad, e hizo un día de camino proclamando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.» 5 Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor al menor. 6 La palabra llegó hasta el rey de Nínive, que se levantó de su trono, se quitó su manto, se cubrió de sayal y se sentó en la ceniza. 7 Luego mandó pregonar y decir en Nínive: «Por mandato del rey y de sus grandes, que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben bocado ni pasten ni beban agua. 8 Que se cubran de sayal y clamen a Dios con fuerza; que cada uno se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. 9 ¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se arrepienta, se vuelva del ardor de su cólera, y no perezcamos.» 10 Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta, y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo.
[6] Cfr. Gén 18,16-33.
[7] 1 Jn 4,8.
[8] 2 Pe 3,9.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

