China aumenta las restricciones de libertad religiosa

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Este 1 de mayo entraron en vigor nuevas regulaciones restrictivas en materia de libertad religiosa en República Popular de China; que afectan especialmente a los católicos y a los budistas.

Las nuevas disposiciones afectan especialmente a los católicos y a los budistas. Establecen que los obispos católicos deben ser aprobados por la Conferencia de Obispos Católicos de China (controlada por el gobierno) para luego quedar sometidos al “nihil obstat” del gobierno. En el caso de los budistas, establecen que es el gobierno quien aprueba la sucesión de budas y establece cómo debe gestionarse la reencarnación en el budismo tibetano (o en otras palabras, que el Dalai Lama no se puede reencarnar si China no lo autoriza).

Y añaden: Ambas cuestiones hacen depender de la decisión del Partido Comunista Chino, gestor de asuntos internos de las religiones. En el caso de la Iglesia Católica se deja fuera por ley al Papa Francisco y a la Santa Sede. Y es más, el nombramiento de los líderes religiosos dura tres años, tras los cuales serán revisados de nuevo por el Estado; si los líderes religiosos critican al gobierno pueden ser no renovados.

Es decir, o haces y dices lo que yo diga -bajo mi estricto control y sin que nadie ajeno a mí, diga u opine algo distinto a lo que yo quiero- o estas excluido del espacio -territorio, nación- que yo domino (totalitariamente). Cualquier discrepancia de la ideología comunista china es considera como una injerencia de una fuerza extranjera -en este campo, el religioso, de Vaticano-.

Por mucha buena voluntad y plegamiento de la Iglesia católica, firmando acuerdos, de nada sirven ante el Partido Comunista de China, que -como papel mojado- hace lo que quiere. A este respecto, como viene siendo habitual, de la Iglesia católica no ha habido pronunciamientos oficiales.

Y en general, pero no porque se piense que por las buenas y para no enojar a la “fiera” es más prudente callar, el mundo calla; apenas sin son contestadas como claros atentados a la libertad religiosa y a la sana división entre Iglesia-Estado.

Esta es una actitud de la gobernanza china que se prolonga en el tiempo, y que no hay perspectivas de variación o flexibilidad. Y lo que resulta más decepcionante y peligroso es que el poder de China aumenta más y más en el mundo, en el ámbito no solo económico sino de influencia y capacidad tecnológica. La amenaza para la Humanidad representa la China comunista es más que real. Al tiempo.

De momento las vcitimas son internas y de indiole religiosas -a lo que el mundo, encogiendose de hombros, parece decir “como a mi no me afecta…”-. Algún día -que llegará- este consentir y no tratar de que China respete los derechos fundamentales, puede que lo padezcamos en las propias carnes, porque ya será tarde para reaccionar.

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