Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección

Cercana la fecha de su festividad, el 15 de este mes de octubre, les ofrecemos este domingo, unas pocas líneas de uno de los tesoros de la espiritualidad de esta gran santa, mística y doctora de la Iglesia. Pretendemos animarles a leer todo lo de ella, que amen de ser amena su escritura es de una riqueza extraordinaria, y que nadie que espire a creer interiormente y en relación con Dios no debería dejar de leer. Es un tesoro -gratuito- al alcance de la mano de todos.

 

         La una es amor unas con otras; otra, desasimiento de todo lo criado; la otra, verdadera humildad, que aunque la digo a la postre, es la principal y las abraza a todas.

 

         Ello (la pobreza) es un bien que todos los bienes del mundo encierra en sí.

 

         Muy mal parece, hijas mías, de la hacienda de los pobrecitos se hagan grandes casas. No lo permita Dios, sino pobre en todo y chica. Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa sino en el portal de Belén adonde nació y la cruz adonde murió.

 

         La verdadera humildad, que aunque la digo a la postre, es la principal y las abraza todas.

 

         Con más facilidad se guarda el silencio cada una por sí, y acostumbrarse a soledad es gran cosa para  la oración.

 

         Ahora vengamos al desasimiento que hemos de tener, porque en esto está el todo, si va con perfección. Aquí digo está el todo, porque abrazándonos con sólo el Criador y no se nos dando nada por todo lo criado, su Majestad infunde de manera las virtudes, que trabajando nosotros poro a poco lo que es en mostros, no tendremos mucho más que pelear; que el Señor toma la mano contra los demonios y contra todo el mundo en nuestra defensa.

 

         Cosa imperfecta me parece, hermanas mías, este quejarnos siempre con livianos males; si podéis sufrirlo, no lo hagáis. Cuando es grave el mal, él mismo se queja; es otro quejido y luego se parece.

 

         Hartas habrá que miren lo que es menester; descuidados de vosotras si no fuere a necesidad conocida. Si no nos determinamos a tragar de una vez la muerte y la alta de salud, nunca haremos nada.

 

         Estoy se adquiere con ir, poco a poco, no haciendo nuestra voluntad y apetito, aun en cosas menudas, hasta acabar de rendir el cuerpo al espíritu.

 

         Todo lo que tiene fin no hay que hacer caso de ello; y pensando que cada hora es la postrera, ¿quién no la trabajará? Pues creedme que pensar esto es lo más seguro.

 

         La verdadero humilde ha de desear con verdad ser tenido en poco y perseguido y condenado sin culpa, aun en cosas graves.

 

         Creed que, quien más tuviere, más le tendrá, y quien menos, menos; porque no puedo yo entender cómo hay ni pueda haber humildad sin amor, ni amor sin humildad, ni es posible estar etas dos virtudes sin gran desasimiento de todo lo criado.

 

         Porque es principio para alcanzar todas las virtudes y cosa que nos va  la vida en comenzarla (meditación) todos los cristianos.

 

         Mirad que es hermoso trueco dar nuestro amor por el suyo; mirad que lo puede todo y acá no podemos nada sino lo que El nos hace poder.

 

         Es cosa que importa mucho entender que no a todos lleva Dios por un camino y por ventura el que le pareciere va por muy más bajo, está más alto en los ojos del Señor; así que, no porque en esta casas todas traten de oración, han de ser todas contemplativas.

 

         Santa era Santa marta, anquen no dicen era contemplativa; pues ¿qué más queréis que poder llegar a ser como esta bienaventurada, que mereció tener a Cristo Nuestro señor tantas veces en su casa, y darle de comer y servirle y comer a su mesa?

 

         Aparejándoos para contemplación con la perfección que queda dicha, que si El no os la da  -lo que creo no dejará  de dar si es de veras el desasimiento y humildad-  que os tiene guardado este regalo para dároslo junto en el cielo, y que os quiere llevar como a fuertes, dándoos acá cruz como siempre Su Majestad la tuvo.

 

         Que ye he vergüenza de que os he visto tal, que quiero pasar, Señor, todos los trabajos que me vinieren y tenerlos por gran bien por imitaros en algo. Juntos andemos, Señor,, por donde fuereis, tengo de ir; por donde pasareis, tengo de pasar.

 

         Primero que comencéis la oración vocal que vais a rezar, ocupéis harto tiempo en la mental. Sí, que no hemos de llegar a hablar a un príncipe con el descuido que a un labrador, o como una pobre como nosotras, que como quiera que nos hablaren, va bien.

 

         En mil vidas de las nuestras no acabaremos de entender cómo merece ser tratado este Señor, que los ángeles tiemblan delante de él. Todo lo manda, todo lo puede; su querer es obrar.

 

         Da más de lo que se pide ni acertaremos a desear.

 

         Yo lo he probado algunas veces, y el mejor remedio que hallo es procurar tener el pensamiento en quien enderezó las palabras.

 

         Y porque no penséis se saca poca ganancia de rezar vocalmente con perfección, os digo que es muy posible que estando rezando el Paternóster os ponga el Señor en contemplación perfecta, o rezando otra oración vocal. Que por estas vías muestra Su Majestad que oye al que le habla, y le habla su grandeza, suspendiéndole el entendimiento y atajándole el pensamiento.

 

         Entiende que, sin ruido de palabras, le está enseñando este Maestro divino, suspendiendo las potencias, porque entonces antes dañarían que aprovecharían si obrasen. Gozan sin entender cómo gozan; está el alma abrasándose en amor, y no entiende cómo ama; conoce que goza de lo que ama, y no sabe cómo lo goza; bien entiende que no es gozo que alcanza el entendimiento a desearle; abrázale la voluntad sin entender cómo.

 

         Ahora entenderéis la diferencia que hay de ella a la oración mental, que es lo que queda dicho: pensar y entender qué hablamos, y con quién, y quién somos los que osamos hablar con tan gran Señor; pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que le hemos servido y lo mucho que estamos obligados a servir, es oración mental; no penséis es otra algarabía, ni os espante el nombre. Rezar el Paternóster y Avemaría, o lo que quisiereis, es oración vocal. Pues mirad qué mala música hará sin lo primero; aun las palabras no irán con concierto todas veces.

 

         Bien es procurar más soledad para dar lugar al Señor, y dejar a Su Majestad que obre como en cosa suya; y cuando más, una palabra de rato en rato suave, como quien da un soplo en la vela, cuando viere que se ha muerto, para tornarla a encender; mas si está ardiendo, no sirve de más de matarla, a mi parecer. Digo que sea suave el soplo, porque por concertar muchas palabras con el entendimiento no ocupe la voluntad.

 

         Así que estos son sus dones en este mundo. Da conforme al amor que nos tiene: a los que ama más, da de estos dones más; a los que menos, menos y conforme al ánimo que ve en cada uno y el amor que tiene a Su Majestad. A quien le amare mucho, verá que puede padecer mucho por El; al que amare poco, poco. Tengo para mí, que la medida del poder llevar gran cruz o pequeña, es la del amor. Así que, hermanas, si le tenéis, procurad no sean palabras de cumplimiento las que decís a tan gran Señor, sino esforzaos a pasar lo que Su  Majestad quisiere. Porque si de otra manera dais la volutand, es mostrar la joya, e irla a dar, y rogar que la tomen, y cuando extienden la mano para tomarla, tornarla Vos a guardar muy bien. (228-9).

 

         Poner nuestra voluntad en la suya y desasimos de las criaturas, y tendréis ya entendido lo mucho que importa, no digo más en ello.

 

         Porque todo lo demás estorba e impide de decir “fiat voluntas tua”: cúmplase, Señor, en mi vuestra voluntad de todos los modos y maneras que Vos, Señor mío, quisiereis.

 

         La pobre alma, aunque quiera, no puede lo que querría, ni puede nada sin que se lo den; y ésta es su mayor riqueza: quedar mientras más sirve más adeudada, y muchas veces fatigada de verse sujeta a tantos inconvenientes y embarazos y…

 

            Porque decir a un regalado y rico, que es la voluntad de Dios que tenga cuenta con moderar su plato, para que coman otros siquiera pan, que mueren de hambre, sacará mil razones para no entender esto, sino a su propósito.

  

         No puedo yo creer que alma que tan junto llega de la misma misericordia adonde conoce la que es y lo mucho que le ha perdonado Dios, deje de perdonar luego con toda facilidad, y quede allanada en quedar muy bien como quien la injurió

 

         Quienes de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno loan, con los buenos se junta siempre y los favorecen y defienden; no aman sino verdades y cosa que sea digna de mar. ¿Pensáis que es posible, quien muy de veras ama a Dios, amar vanidades?, ni puede, ni riquezas, ni cosas del mundo, de deleites, ni honras, no tiene contiendas, ni envidias. Todo porque no pretende otra cosa sino contentar a Amado.

 

         Siempre es el amor mucho -o ellos no serán contemplativos-.

 

         Mas entendiendo el alma visto con gran determinación en sí, que, por cosa criada no hará una ofensa de Dios, aunque después se caiga alguna vez, porque somos flacos y no hay que fiar de mostros; cuando más determinados, menos confiados de nuestra parte, que de donde ha de venir la confianza a ha de ser de Dios; cuando esto que he dicho entendamos de nosotros, no es menester andar tan encogidos ni apretados, que el Señor nos favorecerá, y ya la costumbre nos será ayuda para no ofenderle; sino andar con una santa libertad, tratando con quien fuere justo, aunque sean distraídas.

 

         El caso es que yo no sé la causa, más sé que es muy ordinario  esto. Así que no os apretéis, porque si el alma se comienza a encoger, es muy mala cosa para todo lo bueno, y a las veces dan en ser escrupulosas, y veisla aquí inhabilitada para sí  y para los otros; muy veísla aquí inhabilitada para sí y para los otros; y ya que no dé en esto, será buena para sí, mas no llegará muchas almas a Dios, como ven tanto encogimiento y apretura. Es tal nuestro natural, que las atemorizada y ahora huyen de llevar el camino que vos lleváis, aunque conocen claro ser de más virtud.

 

         Así que, hijas mías, procurad entender de Dios en verdad, que no mira a tantas menudencias como vosotras pensáis; y no os dejéis que se os encoja el ánima y el ánimo, que se podrán perder muchos bienes. La intención recta, la voluntad determinada  -como tengo dicho-  de no ofender a Dios. No dejéis arrinconar vuestra alma, que en lugar de procurar santidad, sacará muchas imperfecciones, que el demonio le pondrá pro otras vías, y no aprovechará a sí y a las otras tanto como pudiera.