La rebelión contra el progresismo

Las fuerzas políticas progres sufrieron un contundente correctivo en las elecciones madrileñas del 4 de mayo. “Libertad o socialcomunismo” era el lema de campaña de los adversarios a las fuerzas progresistas -como se autodenominan los partidos políticos de izquierdas, cuando se aúnan en un nombre positivamente evocador disimulando los trasnochados y que invitan a la desconfianza y la sospecha de títulos de socialistas, comunistas, anarquistas, antisistema, etc.-.

En realidad es que la gente norma no lleva bien -y con toda lógica- que le limiten en sus libertades, sus derechos, que le invadan su espacio vital y que le controlen. Y esto es lo que la gente está sospechando que le está sucediendo. Con la pandemia las medidas asfixiante impuestas por el poder político (progresista, en España) la gente ha tomado conciencia de esa realidad que ve como una amenaza.

Esta repentina concienciación no es una cuestión puntual por las medidas prohibitivas e invasivas del Gobierno a todas horas, en todo lugar y por todos los medios que, claro, ha producido un hartazgo social generalizado, se debe a un caldo de cultivo que se ha manifestado en abierta rebelión a través del voto, contra un progresismo con carácter totalizante.

La frescura, la originalidad, la espontaneidad y la singularidad de Isabel Díaz Ayuso ha roto los esquemas -ataduras- del progresismo, al que ha descolocado. Con ella se ha identificado la gente normal, la ciudadanía harta que ve el acaparamiento de todo del poder político llamado progresista.

Este totalitarismo moderno es un destilado del de siempre, solo que edulcorado; pero los hechos ahí están:

Las leyes y normas que organizan la vida de la gente en todas sus facetas vitales cada vez son más. A modo feudal, hoy el poder estatal dirige y dice -poco más o menos, como dueño y señor- de qué y cómo ha de hacer los ciudadanos -vasallos- en cada cosa y vicisitud personal.

Desde la cuna a la sepultura de cada ciudadano está completamente legislada por el Estatismo:

  • Desde el nasciturus con el aborto, en la muerte con la eutanasia, y entre medias, todo:
  • Ley educativa (Ley Celaá): «Los hijos no son de los padres» Estas palabras de la ministra Celaá inspiran y explican en su conjunto el espíritu de la ley; a la vez que a costa de aumentar la deuda tratan laminar la Enseñanza de colegios que no controlan en su totalidad, como los concertados y privados, totalizando toda la Educación en manos públicas -estatales-.
  • Ley de Infancia y adolescencia: La Ley utiliza como eje vertebrador el concepto de que «el interés superior del niño y de la niña sea considerado primordialmente», sin especificar si quien determina ese interés superior será la familia o el Estado.
  • Otro espacio invasivo es el judicial, cada vez más politizado en los jueces y fiscales -aniquilando prácticamente una de las patas de la democracia-.
  • Otro, es el de los medios de comunicación -el cuarto poder-, al que hacen depender de la subvención y otras prebendas que les concede graciosamente el Estado, y al que se someten servilmente (aquí, en España, todos los medios televisivos, que son los más influyentes, están de algunas manera apesebrados).
  • Otro, muchas ONGs y asociaciones (sindicales) o colectivos de presión, todos ellos activistas, que presionan a favor del Gobierno progresista, que les cuida debidamente, a costa del presupuesto.
  • Otro tanto ocurre con el adoctrinamiento de la Ideología de Genero y la Ley Trans, que tratan de imponerlo -por la buenas o las malas-, privando a los padres del derecho a educar a sus hijos; a través de ellas, el Estado usurpa y suplanta el papel de la familia.
  • Otro, la acaparación del poder económico, con leyes e intromisión en las empresas y acaparamiento a través de impuestos insoportables y empobrecedores de la clase media, a cambio de hacer depender a todos del papa Estado, sobre todo de la inmensa mayoría de la ciudadanía, que daca vez más percibe sus ingresos de él. (En España, hay más gente que vive de lo que recibe vía estatal que por la actividad privada).

A todo esto -y otros otros que podríamos añadir- muy posibilitado y en un futuro inmediato más y más, por la potencialidad de la tecnología, que va a procurar el control total -totalitario- de la globalidad (globalismo) -totalidad- de dimensiones planetarias. (Entre estos están las cámaras, los reconocimientos faciales, las tarjetas bancarias, el dinero de plástico, los carnet -entre ellos, el de la vacuna…-, los gepeses y los móviles, etc.).

Y en definitiva, como dice  el artículo “Lo que más le gusta a un progresista es prohibir (que les invitamos a leer): Este es el mundo progre: más normas, más prohibiciones, más controles, más sometimiento y manipulación, etc.

P.D.:  Y lo que más fastidia es que encima te dicen que lo hacen por tu bien, por tu seguridad, por tu bienestar… y punto en boca.

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