
Nos hallamos inmersos en una atmosfera gris, tóxica… para el alma humana. Se quiera reconocer o no, lo cierto es que el ambiente se ha convertido en irrespirable para los pulmones del espíritu humano. Nos hallamos en un entorno social o contexto cultural mundanizado, que hace imposible el desarrollo de una sana sensibilidad espiritual y un engrandecimiento interior de las personas.
Sin duda alguna que nos hallamos en la consolidación, ahondamiento y universalización del espíritu del tiempo[1]. Basalmente este espíritu de la época se constituye en un nihilismo materialista desorbitado y sin conciencia. El espíritu del tiempo o mundanidad relativista supone el aniquilamiento de la verdad, comportaba la destrucción de la moralidad y la indiferencia ante la maldad.
El espíritu de los tiempos es “el ministerio de la impiedad (que) ya está actuando”[2], nos dice san Pablo. Es la dramática propuesta diabólica de edificar una creación alternativa. Enajenar al ser humano para que se adapte a estructuras canallas, de pecado. Aferrado a la materia, subsumido en lo transitorio y esclavo de lo finito, se vuelve en un extraño de sí, de su naturaleza ya trocada, y ajeno a su vocación originaria y de apertura a la trascendencia eterna, y todo en una progresiva ausencia de conciencia. De modo que, llegados a este extremo, instaurado el mal de tal manera, el ser humano mutado antropológicamente, endurecido y sumergido en una dulce tiniebla de corrupción que lo inunda todo, se ve incapaz de conversión.
Este poderoso espíritu del tiempo es el ambiente donde «el príncipe de este mundo» (Jn 12, 31) se desenvuelve y que cada vez más se expande y globaliza. Es el espíritu del anticristo, la impiedad diabólica que se opone a Dios y a su plan de salvación. El anticristo o ser diabólico, figura representativa de Satanás, (que en un momento histórico será «encarnado» en una persona individual como un conjunto impersonal de ideas), es el Mal actuando, actualizando el Zeitgeist, el espíritu que condena.
De siempre —como mayor o menor influencia— ha estado presente ese Zeitgeist en la historia humana, pero hoy más que nunca parece hacerse más patente la afirmación de san Juan en su primera carta: «Todo el mundo yace bajo el poder del Maligno» (5, 19).
Pese a todo, a este poder diabólico expandido dramáticamente al mundo entero, tenemos las palabras salvadoras de Nuestro Señor Jesucristo: «¡ánimo! yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).
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[1] Espíritu del tiempo o Zeitgeist es originalmente una expresión del idioma alemán que significa «el espíritu (Geist) del tiempo (Zeit)«. Supone un ambiente intelectual y cultural que predomina en una época. Tiene la característica precisa de ser del tiempo, del mundo, sin trascendencia, sometido a las coordenadas mundanas; es un espíritu mundano o de mundanidad.
[2] 2 Tes 2,7.
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