Santa Maravillas de Jesús

Hoy, 11 de diciembre, además de celebrar a la Madre Maravillas, carmelita madrileña, que vivió el siglo pasado, y que aún viven personas que la conocieron; también celebramos al santo papa Dámaso, que aunque nació en Roma, en el 305, era de ascendencia hispana. (En ambos pueden leer sus biografías en la parte inferior).

 

Algunos de los pensamientos de la Madre Maravillas de Jesús, que ponen de manifiesto de elevada espiritualidad:

  • Lo que Tú quieras. Como Tú quieras. Cuando Tú quieras.
  • ¡Lo que Él quiera! Si él no lo quiere, ¿para qué vamos a quererlo nosotras?
  • Yo no quiero la vida más que para imitar lo más posible la de Cristo.
  • Yo no quiero saber otra cosa sino amar al Señor. ¡Qué pequeño, qué nada se ve el mundo y qué insensatas todas las luchas y deseos que en él hay!
  • Yo quiero a todo trance santificarme, entregar, pero de veras, toda mi nada al Señor.
  • Sin humildad no puede haber virtud alguna.
  • Veo al Señor cargado de los tesoros de su amor y necesitando almas vacías donde poder depositarlos.
  • Me pareció entender que no era lo que le agradaba a Dios lo que fuera mayor sacrificio, sino el cumplimiento exacto y amoroso de su voluntad divina en sus menores detalles, y como quería fuese muy delicada en este cumplimiento, que me llevaría muy lejos en el sacrificio y en el amor.
  • Hace tiempo que no me cuestan las cosas que quiero hacer por el Señor como antes me costaban, ni nada de lo que Él me envía, por doloroso que sea, porque viendo que es su voluntad, ya es de veras la mía sin esfuerzo alguno.
  • Las obras de Dios tienen que llevar su sello, que es el de la cruz. Cuando Él lo quiera, todas las dificultades se desharán como la espuma.
  • Nada estorba a la santidad si somos fieles .
  • Los santos fueron santos, porque quisieron, con inmenso querer, ser fieles .
  • Los santos son los que verdaderamente son poderosos, porque tienen al mismo Señor con ellos .
  • ¡Que pequeño es todo lo de esta vida; lo único que importa es que dejemos que se cumpla en nosotros plenamente la santa voluntad de nuestro Dios!.
  • El Señor nunca deja de inspirar al alma lo que debe hacer, siempre que ella le escuche en vacío de todo lo suyo.
  • Es una felicidad el estar colgados de la providencia del Señor y ver con qué delicadísimo amor lo prepara Él todo .
  • ¿Miedo a la muerte? Si la muerte no es más que echarse en las manos de Dios.
  • Me da el Señor tal deseo de amarle, que no sólo durante el día no puedo pensar en otra cosa, quedándose todas las cosas de la vida como por fuera.
  • Si no me concede la gracia tan inmerecida de poder dar la vida por Él, que es mi mayor deseo, quisiera emplearla toda en sufrir cuanto pudiera por su amor.
  • Estoy contentísima con la idea de hacer así el conventico como los pobres, es decir, como lo que somos. A mi Cristo le gusta que lo hagamos con pobreza, y a mí también….
  • Hermanas, quisiéramos abarcar el mundo entero, pero como esto no es posible, que no quede sin atender nada de lo que pase a nuestro lado.
  • No esté triste, pase lo que pase. Las penillas al fondo del Corazón de Cristo, y en el suyo sólo su amor y su gloria.
  • La corona no es de los que comienzan, sino de los que perseveran hasta el fin. Esta vida se pasa volando, y lo único que vale es lo que hagamos para la otra.
  • Si le somos fieles, cada día aumenta la capacidad de amarle. ¡Qué felicidad!
  • Viva Cristo en mí y yo en Él. ¡Que felices somos! Nadie nos puede quitar esta felicidad, que nunca disminuye si el alma es fiel; cada día que pasa es más grande, y en el cielo será infinita.
  • Cada vez comprendo más la nada de todo lo que no es Dios y siento la imperiosa necesidad de amarle y olvidarme de mí por completo para que sólo Él viva en mí.
  • Este tiempo de la vida tan corto hemos de aprovecharlo con alegría, ofreciéndole con gozo todo cuanto suceda, que todo es para que crezcamos en el amor.
  • Sí, ámenle mucho, así con obras, sin mirar para nada nuestro consuelo.
  • Hágalo todo con mucho amor a Cristo y ahí está todo.
  • Él se ha quedado en el sagrario para que le amemos, le imitemos, para ser nuestra fortaleza y nuestro consuelo.
  • Con el recogimiento interior y exterior, oración y limpieza de alma, vivamos una vida interior en una conversación íntima con nuestro Dios, por una continua oración.
  • Tenemos que ser como Él nos quiere; así es como podremos ayudarle de veras.
  • Nada nos puede quitar el vivir con Él, amándole y procurando agradarle y consolarle.
  • ¿No sabe que me enamoré del Hijo de María y cada día y cada segundo me gusta más, le quiero más y más y más?.
  • He tomado a la Virgen Santísima por Madre de un modo especialísimo y ella es la encargada también de prepararme y ampararme.
  • Tomemos por modelo a la Virgen Santísima y permanezcamos con Ella al pie de la cruz, con viva fe y perfecto amor.
  • Si se entrega de veras a Ella, le llenará del amor de su Hijo.
  • «¡Que hermosa es la oración del Rosario! Lo más eficaz, tanto para la conversión como para el mayor fervor de la vida, es el rezo del santo Rosario. Jesús dará a su Madre todo cuento le pida.
  • No olvide que todo nos viene de Jesús por María.

  

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Biografía de Madre Santa Maravillas  de Jesús

Nace en Madrid el 4 de noviembre de 1891. En el seno de una familia noble, Marqueses de Pidal, de sólidas convicciones religiosas Su padre fue embajador de España ante la Santa Sede; había sido ministro de fomento. Se distinguió siempre por sus gestiones a favor de la Iglesia. Con su hermano, el filósofo Alejandro Pidal, creó la Unión Católica, un partido político que agradó mucho al Papa León XIII y a la mayoría de los obispos españoles. Fue, pues, educada en un ambiente de fe, y como ella misma diría, la vocación a la vida consagrada había nacido con ella.

El 12 de octubre de 1919 entró en el carmelo de El Escorial (Madrid). Tomó el hábito en 1920 e hizo su primera profesión en 1921.

En su juventud había estado entregada por entero a las obras de caridad, y al auxilio
de los necesitados, a quienes buscaba incesantemente para socorrerlos. Su personalidad de gran iniciativa, activa, creadora y con un profundo sentido social.

Lo que llevó a la Santa Madre Maravillas al Carmelo fue el amor a Cristo, sus deseos de pagarle amor con amor. Centenares de veces en sus cartas expresa este anhelo de amarle con locura, de corresponder con excesos al infinito amor a Cristo. Este amor a Jesucristo está íntimamente unido a su devoción al Corazón de Jesús. Sabemos de sus largas vigilias ante el sagrario, en sus primeros años de carmelita, en El Escorial (Madrid). En esas horas, a solas con Dios, se forjó la fundación del carmelo del Cerro de los Angeles, en el centro geográfico de España. En este se había levantado un monumento al Sagrado Corazón de Jesús, se consagró en él la nación el 30 de mayo de 1919, por el Rey Alfonso XIII.

El 19 de mayo de 1924, la hermana Maravillas y otras tres religiosas de El Escorial se instalan en una casa provisional del pueblo de Getafe (Madrid) para, desde allí, atender la edificación del convento del Cerro. En esta casa hizo su profesión solemne el 30 de mayo de ese mismo año.

En junio de 1926 fue nombrada priora de la comunidad, y pocos meses después, el 31 de octubre, se inauguraba el nuevo carmelo en el Cerro de los Angeles. Pronto se pobló el nuevo carmelo de vocaciones, lo que le impulsaba a multiplicar las «casas de la Virgen».

En 1933 hizo la fundación de Kottayam (India), enviando 8 monjas. Desde 1944 a 1966, le siguirían otras nueve fundaciones en España.

En julio de 1936 estalló la guerra civil de española y las monjas del Cerro tuvieron que salir del convento. Sometidas a la autoridad del Obispo, quien les ordenó dispersarse y ocultarse en Madrid, la madre Maravillas y sus hermanas de comunidad vivieron las angustias de los registros domiciliarios, las amenazas de los milicianos e incluso el asesinato de su capellán. Pero, inexplicablemente, ellas fueron respetadas a pesar de que no ocultaron su condición de carmelitas.

En 1939 volvió con un grupo de monjas para recuperar el convento del Cerro, que había quedado completamente destruido. Con muchos trabajos y esfuerzos y en medio de una gran escasez, la Santa sabía infundir valor y alegría entre sus hijas.

Santa Maravillas de Jesús recibió a mediados del siglo XX la donación de unos terrenos en el paraje de «La Aldehuela», en el barrio getafense de Perales del Río, de los condes de Torreánaz, a petición de la madre Maravillas construyó en ellos un convento, del Sagrado Corazón de Jesús y San José «La Aldehuela», en que se celebró la primera misa el 9 de enero de 1961.? La madre Maravillas fue elegida priora y vivió hasta su fallecimiento el 11 de diciembre de 1974, con una muerte llena de paz y de entrega, repetía: «¡Qué felicidad morir carmelita!». En este monasterio se encuentra su sepulcro.

Su vida, de permanentes responsabilidades, trabajos y sacrificios, había debilitado su corazón, sin que ella rehuyera las múltiples iniciativas que siempre tenía entre manos. Así, tuvo un primer paro cardíaco, y murió dos meses después en su paupérrima celda, rodeada por sus hermanas de la comunidad, con plena lucidez y rezando fervorosamente.

Se interesaba por el problema de los demás y procuraba darles solución. Desde su clausura de La Aldehuela funda un colegio para niños pobres, hace construir una barriada de casas y una Iglesia. Ayuda en la construcción de 200 viviendas próximas a La Aldehuela. Para llevar a cabo éstas y otras muchas obras, se apoyaba confiadamente en la Providencia divina.

«No quiero la vida más que para imitar lo más posible la de Cristo», había escrito. Con este deseo, amó y practicó la pobreza heroicamente. Los carmelos que funda viva en pobreza radical, sin rentas, con edificios pequeños, con trabajo manual para su sustento. Sus hijas la amaban, era tal el equilibrio, serenidad, caridad y delicadeza con todas. Su alegría estaba llena de paz, sin estridencias, siempre afable sin imponer su criterio, pedía siempre el parecer de las demás. Sus continuas enfermedades y penitencia (dormir poco, vestida y sentada en el suelo). El aprecio por la oración era extraordinario. La vida espiritual de la madre Maravillas estaba sólidamente anclada en su amor a la Eucaristía.  Vivió la espiritualidad de San Juan de la Cruz, sintiéndose siempre «una nada pecadora». Con alternancia de estados dolorosos y gozosos, nos revela «me siento amada por el Señor». La fidelidad de la madre Maravillas al espíritu de Santa Teresa se manifestó en esta lucha, inquebrantable. La priora carmelita –batalladora como su antecesora Santa Teresa– defendió celosamente los valores esenciales de la piedad carmelitana, que corrían el riesgo de desdibujarse ante las reformas excesivas

Durante años vivió las noches oscuras, en las que el alma, profundamente humillada, no ve dentro de sí misma sino indignidad. En esta etapa, solía rogar insistentemente a su confesor que le permitiera dejar de comulgar. Le costaba terriblemente vencer sus escrúpulos para acercarse a la Eucaristía. Ese largo proceso de purificación interior terminó –como siempre en los grandes místicos– en las misteriosas cumbres de la unión del alma con Dios. Pero su humildad le hacía muy difícil explicar a su director espiritual estos efluvios del amor divino que comenzaban a anegarla. Con frecuencia recurría a los textos de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, y se los aplicaba tímidamente, sin explicarse cómo podía vivir ella estas experiencias místicas, careciendo de todas las virtudes.

No puede dejar de reconocer finalmente que ha alcanzado la paz de la unión del alma con Dios: «Mi vida espiritual es ahora sencillísima». «Aunque me dé vergüenza, le voy a decir las cosas como las siento. Es solamente amar, pero no sensiblemente, como antes me
pasaba a veces, sino como una cosa que aparece tan profunda, tan fuerte. Hay dentro de mí como una soledad donde –aunque exteriormente esté ocupándome de otras cosas– vivimos Él y yo». «Está la madre –comenta su biógrafo, el padre Iraburu– en la pura
pasividad mística. Su barca ya no avanza a remos, ejercitando las virtudes laboriosamente, al modo humano, sino a vela, movida por los dones del Espíritu Santo, al modo divino, y así adelanta ligera y veloz».

Su fama de santidad se había extendido ya por toda España. Fue beatificada en 1998, y canonizada en 2003, por Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, en Madrid, junto con otros cuatro santos españoles, en una multitudinaria e impresionante manifestación de fe religiosa.

 

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Biografía del Pontífice San Dámaso

†Año 384

«Que San Dámaso y su secretario San Jerónimo nos consigan del buen Dios la gracia de amar, meditar y hacer amar y meditar mucho la S. Biblia. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.»

Este Pontífice se hizo famoso por haber redactado y hecho grabar los epitafios o lápidas en los sepulcros de muchos famosos mártires de las catacumbas de Roma.

Era de familia española. Fue secretario de los Pontífices, San Liberio y San Félix, y al ser elegido Papa, en el año 366, hizo honor a su nombre, que significa «domador», porque tuvo que sofocar una sangrienta rebelión que en Roma se levantó contra él.

Tuvo como secretario al gran San Jerónimo, al cual le encargó que tradujera la S. Biblia al idioma popular, y esta traducción llamada «La Vulgata», fue la que empleó la Iglesia Católica durante 15 siglos.

San Jerónimo dice de él: «era un hombre puro, que fue elegido para dirigir a una Iglesia que debe ser pura». Sus epitafios sobre las tumbas de los mártires en las catacumbas (o subterráneos de Roma) se han conservado muy bien, y de varios santos lo único que sabemos se debe a lo que él escribió sobre sus tumbas. Así por ej. de San Tarcisio, el mártir de la Eucaristía, etc. Era excelente poeta.

San Dámaso redactó su propio epitafio así: «Yo, Dámaso, hubiera querido ser sepultado junto a las tumbas de los santos, pero tuve miedo de ofender su santo recuerdo. Espero que Jesucristo que resucitó a Lázaro, me resucite también a mí en el último día».

Desde muy joven, su lectura preferida fue la S. Biblia, y decía que el manjar más exquisito que había encontrado en toda su vida era la Palabra de Dios.

Dicen que él fue el que introdujo en las oraciones de los católicos el «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén».

Durante todo su pontificado se preocupó por obtener que los obispos de todas las naciones reconocieran al Pontífice de Roma como el obispo más importante del mundo.

A la edad de ochenta años murió el 11 de diciembre del año 384 y fue sepultado en la tumba que él mismo se había preparado humildemente, alejado de las tumbas de los santos famosos de Roma. Después construyeron sobre su sepulcro la basílica llamada San Dámaso.

 (ewtn)

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