Necesidad de silencio…

           «Agítense los hombres mundanos en la vanidad de sus esfuerzos y trabajos, para no oír a Dios que nos habla en el reposo de nuestra alma, en la quietud y el silencio. Aturdirse en el trabajo; he aquí la última máxima del mundo.» (Unamuno) (1)               

          «El silencio de la soledad descubre ante sus ojos la propia desnudez, y entonces quieren escapar.» (G. Jalil Gibran) (2)

 

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           En torno a una mesa en que reputados comensales degustaban exquisitos platos, un General militar dijo con toda llaneza acerca del tema de comentario suscitado referente a unas manifestaciones y revueltas estudiantiles:

          —¡Las generaciones futuras perecerán por falta de culo!

          —¡General…! —Le reconvino, queriendo matizara la prosa, un Prelado presente.

           Carraspeando un poco, añadió el conspicuo General:

          —¡Sí! ¡Sí, de veras! Lo que quiero decir es que la juventud de hoy no sabe sentarse; y el sentarse es el comienzo de la meditación creadora. Los jóvenes de hoy son incapaces de permanecer sentados por algún tiempo. Están siempre moviéndose; y los mayores son incapaces de descubrir la nueva silla que les reserva el orden necesario a los hechos. ¿Sillas gestatorias? ¡No! ¿Bancos colectivos? ¡Tampoco! Lo cierto es que permanecen de pie en todas partes.  

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         Hay quien no tiene cabeza por no tener capacidad de sentarse a solas. Tomar asiento es el primer y fundamental «ejercicio» para reflexionar.

         El no tener tiempo para estar en silencio no es generalmente una falta de tal sino una incapacidad para encontrarse con uno mismo, pues falta interioridad, y una carencia absoluta de estima y de tomarse en serio lo más íntimo de uno mismo.

         Meditar significa tomar el pulso a lo que significa vivir.

         «Meditar es un progreso hacia sí mismo» (4)

         Tener un vivo celo por el cultivo del silencio, de la soledad y de la misma contemplación es absolutamente necesario para tener una vida equilibrada, psicológica y religiosamente hablando. Y un signo evidente de amor y respeto a sí mismo.

         Quien verdaderamente se ame a sí mismo, sabrá reservarse tiempo para reposar, el reposo espiritual sabe que le es vital. ¡Significativa palabra ésta de re-posar!

         En las ciudades según estudio han aumentado los ruidos y los decibelios, y consiguiente se ha perdido audición.

         «Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada, que casi no registra paralelos. Se hacen muchas cosas a la vez: se lee, se escucha la radio, se habla, se fuma, se come, se bebe. Como consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo: películas, bebidas, conocimiento. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos. Quedarse sentado, sin hablar, fumar, leer o beber, es imposible para la mayoría de la gente. Se ponen nerviosos e inquietos y deben hacer algo con la boca o con las manos.» (3)

         Es necesario apagar todas las luces de la calle (del exterior) para que (brilla) no se sofoque la que viene de dentro.

         Recogerse y profundizar en este realidad que llevamos dentro, desde donde nos abrimos a la existencia. Cultivar la capacidad de escucha, de sentirse vivo a través de cuando existe, sin que nade pase ajeno a nosotros.

         Pero es infinitamente más cómodo, agradable y fácil perderse que encontrarse, estar disperso que concentrarse.

       Vivir en la superficialidad es alejarse de uno mismo no enfrentarse a su misterio, evadirse en el activismo, trabajo, diversiones, etc. Los fugitivos nunca aman, porque al hacerlo están ausentes.

         La verdad que compromete hacemos por no oírla. Y lo que ocurre es que la verdad siempre compromete. Huimos del silencio pues resuena en él una voz de compromiso.

         «La frecuente que es el que un hombre viva huyendo de sí mismo.

         Hay muchos suicidas morales, que se esfuerzan por ahogar su alma en el bullicio y la disipación.

         La borrachera del progreso cede alguna vez, y los espíritus barruntan el abismo.» (5)

          Existencia agitada, insaciable y trepidante: para huir de la quietud que desasosiega.

        Aturdidos, sin reposo, sin tiempo y espacio para que ninguna voz nos inquiera desde dentro. Reprimiéndonos, para no dejar oír ninguna voz.

         «El hombre que experimenta en su vida el vacío interior, la decepción y el absurdo, o es una persona que puede y debe encontrar a Dios, o se desespera precisamente por lo absurdo de la vida, o sencillamente (aunque, en el fondo, haciéndose culpable) se refugia en la trivialidad del trajín cotidiano, no sus múltiples actividades y sus estímulos.» (6)

         Un pecado mortal en nuestra días es la gula de distracción: hace un daño irreparable al espíritu humano el que no tenga tiempo de reposo, de meditación y silencio.

         El mundo es ruido, y Dios «silencio». No es tan fácil escuchar hoy a Dios, se requiere el silencio del barullo interno. El silencio de nuestro protagonismo es el principal para tener noticias de Dios.

         Estar abierto y disponible a la inspiración e influjo del Espíritu, que comunica en términos de bien y bondad, es lo fundamental.

         Nadie que no se haga guardar silencio, puede llegar a pronunciar el «Señor, ¿qué quieres que haga»

 

..ooOoo..

 

         «En lo que concierne a ese modo de vivir diversivo, inquieto, apremiante siempre, propio de nuestra época, es verdad que no podemos rechazarlo sin más, porque estamos envueltos en él. Pero siempre podremos reservarnos cada día un tiempo íntimamente nuestro, para la lectura, para la conversación y el ejercicio de la amistad, para la meditación, para la oración. Defendamos este tiempo por encima de todo, porque es el mejor de nuestra vida» (7).

          Todo los días habríamos de darnos un tiempo para ahondar, reflexionar, purificar el alma, despejarlos la conciencia, centrar nuestro pensamiento y nuestra voluntad en el bien, en lo  bueno, en la bondad…, Esta habría de ser la tarea más importante de nuestra vida.

         «Buscador de silencios: eso es lo que soy; mas, ¿ha hallado acaso en los silencios un tesoro que puede ofrecer sin desconfianza?» (8).

         Los hombres que se han forjado en el desierto, en el silencio ardiente, los que  han sido capaces de sostener cara a cara el combate con el silencio y la soledad, sin quebrarse, darán su fruto.

         En silencio y la meditación la persona se prepara o dispone para la vida.

          La profundidad de un hombre está en su poder de acogimiento.

          Mas enseña el silencio que las palabras.

…

         Hermosas palabras del Papa Francisco sobre el silencio, en la catequesis sobre san José 4, con el título: San José, hombre del silencio; en la Audiencia general del 15-12-2021.  Pueden leerlas AQUÍ.

 

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1- «Diario íntimo» Alianza editorial, Madrid, 1983, p.46

2.- «El Profeta», EDAF, Madrid 1986, p. 65

3.- FROMM, E.: «El arte de amar», Ed. Paidos, Barcelona 1986, pp. 106-107

4.- ARISTOTELES, citado por ORTEGA Y GASSET, J.: «Historia como sistema», Sarpe, Madrid 1984, p.105

5.- UNAMUNO, «Diario íntimo» Alianza editorial, Madrid, 1983, pp.48-51.

6.- RAHNER, K.: «Tengo un problema», Sal Terrae, Santander, 1984, pp. 77-8

7.- ARANGUREN, J. L.: «Ética», Alianza Editorial, Madrid 1986, p.288

8.- GIBRAN JALIL GIBRAN: «El Profeta», EDAF, Madrid 1986, p.25.

 

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