Nacida en el seno de una familia judía agnóstica. Durante la última parte de su vida, seguramente sólo fue capaz de entenderse intelectualmente con sacerdotes católicos. Su obra es imposible de entender sin el cristianismo. Pensadora profundamente religiosa, no llegó a bautizarse por no considerarse digna de tal grandeza. Más que mística, fue una pensadora religiosa: sin la palabra divina, decía, es imposible entender el mundo.
Después de haber participado en los primeros meses de la guerra como voluntaria en el bando republicano, concretamente en el frente de Aragón (España), Weil regresa a Francia consternada por lo visto y oído en los campos de batalla y en la retaguardia. ¿Con qué nos encontramos en Cataluña? Por desgracia también aquí vemos producirse formas de coacción, casos de inhumanidad directamente contrarios al ideal libertario y humanista de los anarquistas (…) Aquí se da la coacción militar. A pesar de la afluencia de voluntarios, se ha decretado la movilización (…) Hay constricciones en el trabajo. El consejo de la Generalitat, en el que nuestros camaradas detentan los ministerios económicos, acaba de decretar que los obreros que no produzcan con un ritmo determinado serán considerados como rebeldes y tratados como tales; lo cual significa, ni más ni menos, la aplicación de la pena de muerte en el sector de la producción industrial. Por lo que atañe a la coacción policial, la policía anterior al 19 de julio ha perdido casi todo su poder. Por el contrario, durante los tres primeros meses de la guerra civil, los militantes responsables y, con demasiada frecuencia, algunos individuos irresponsables, han venido ejecutando fusilamientos sin mediar el más mínimo simulacro de juicio y, por lo tanto, sin que pudiera darse algún control sindical o de cualquier otro orden. Sólo hace algunos días que se han instituidos tribunales populares destinados a juzgar a los rebeldes o presuntos rebeldes (…) Por lo tanto, después del 19 de julio, la mentira organizada también existe… Pensar esa mentira organizada, esa terrible propaganda revolucionaria, fue el principal impedimento que halló Weil para regresar al frente, según confesó ella misma en una extraordinaria carta que dirigió a Bernanos. Éste había escrito una magnífica obra sobre España, quizá la primera gran reflexión europea sobre nuestra guerra civil, Los grandes cementerios bajo la luna, que hizo pensar de esta manera a la escritora francesa: Abandoné España a mi pesar y con la intención de regresar; más tarde no hice nada, tras decidirlo así voluntariamente. No sentía ninguna necesidad interior de participar en una guerra que ya no era, como me había parecido en un principio, una guerra de campesinos hambrientos contra los propietarios de las tierras y un clero cómplice de los latifundistas, sino una guerra entre Rusia, Alemania e Italia. He reconocido ese olor de guerra civil, de sangre y de terror que desprende vuestro libro; yo lo había respirado (…) Una última historia; ésta de la retaguardia: dos anarquistas me contaron en una ocasión cómo, con algunos camaradas, habían cogido a dos sacerdotes; mataron a uno allí mismo, en presencia del otro, de un pistoletazo, y luego le dijeron al otro que podía irse. Quien me contó la historia se extrañó enormemente de no verme reír. En Barcelona las expediciones de castigo mataban a una media de cincuenta personas cada noche (…) Mas las cifras no pueden ser lo esencial en casos así. Lo esencial es la actitud ante el asesinato. Nunca vi, ni entre los españoles, ni tampoco entre los franceses venidos ya para combatir, ya para pasearse –estos últimos solían ser intelectuales tiernos e inofensivos–, jamás vi –decía– a nadie expresar ni tan siquiera en la intimidad una muestra de repulsión, hastío o desaprobación (…) Hombres aparentemente valerosos (…) contaban con una sonrisa fraternal cuántos habían matado entre sacerdotes y «fascistas» (palabra que se utilizaba en un sentido extremadamente lato). Albergué el sentimiento de que, mientras las autoridades espirituales y temporales sigan estableciendo una categoría de seres humanos al margen de aquellos cuya vida tiene un valor, no hay nada más natural para el hombre que matar. (Simone Weil: Escritos históricos y políticos. Trotta (Madrid), 2007, 539 páginas.) Por Agapito Maestre Fuente y texto completo: http://www.libertaddigital.com/opinion/libros/el-testimonio-de-simone-weil-1276233644.html |

