Cristianismo perseguido

Cristianismo perseguido

El Estado Islámico (ISIS), según sabemos por testimonios de victimas y sacerdotes presentes en esos lugares de Oriente Medio, está arrasando al cristianismo de aquellas tierras.

Este terroristas cuando invaden ciudades cristianas se dedican vandálicamente a destruir cualquier vestigio cristiano: profanan y queman lugares santos, imágenes religiosas, cruces, libros litúrgicos, etc. Pero no solo queman iglesias…, sino que también lo hacen  con las casas de los cristianos y profanan sus cementerios.  Y sin embargo, a las poblaciones musulmanes las respetan.

Es la manifestación de un odio feroz a Cristo y a los cristianos. Tal y como explica un  sacerdote argentino, el padre Luis Montes, de misión en Irak desde hace más de cinco años,  en un escrito suyo en http://amigosdeirak.net/2017/03/24/visita-bartalla-qaraqosh/

«El mismo odio que ataca los templos de Cristo ataca los templos vivos que son los cristianos”.  El Estado Islámico “ataca a todos lo que no piensan como ellos, es cierto, pero los primeros somos los cristianos, porque el primer perseguido es Cristo”. “No se conforman con subyugar, quieren borrar toda memoria del Redentor, que desaparezca de la faz de la tierra”. «El que está detrás de todo es el demonio, detrás del ISIS y los demás grupos yihadistas, y detrás de la gente que los apoya, algunos por un fanatismo similar y otros por diversos intereses».

El P. Montes aseguró que “todos ellos al que en realidad atacan es al Redentor del género humano. Pero como no pueden dañarlo lo atacan en sus templos, en sus fieles, en su memoria”. “Y por eso, ver una iglesia así destruida, produce tristeza, dolor e ira, pero, por sobre todo, produce un enorme orgullo, un santo orgullo, porque nos persiguen por ser de Cristo”. “Jesús nos dijo que cuando esto pase saltemos de gozo ya que nuestra recompensa será grande en el Cielo». Al ver la iglesia destruida, “no teníamos ganas de saltar, pero nuestro espíritu sí lo quería. Era una alegría profunda que me llevaba a recoger recuerdos de esos lugares: una piedra, una tapa de misal quemada, un pedazo de alguna imagen destruida, todos símbolos de la gracia que Dios nos concede de ser perseguidos por su Hijo”. “Tanta destrucción nos debe mover a rezar por los perseguidores”, quienes son “necios seguidores del mayor perdedor de la historia”. “El diablo hace ruido y mete miedo pero es el gran fracasado. Cuando logró matar al Hijo de Dios perdió el poder que tenía, y ahora, cuando el mal parece más victorioso es en realidad cuando más se derrota a sí mismo, porque Dios ordena todo para el bien de sus elegidos”.

 


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