«Señor, si quieres, puedes limpiarme.»

Curación del leproso. Vaticannews

Esta sencilla y grandiosa expresión la dirige un enfermo de lepra a Jesús. Corresponde al breve evangelio de la misa de ayer, 27 de junio. En tan poco dice tanto…

Consideraciones:

Se acercó un leproso. Un apestado -un maldito- del que todo el mundo huía se le aproxima de Jesús; el leproso sabría que Jesús no le iba a rechazar como haría todo el mundo. ¿Por qué? ¿Su situación era tan desesperada que no le importaba correr el riesgo de ser alejado a pedradas? ¿Sabía de quién se trataba y de que no le iba a rehuir airadamente, como haría cualquiera?

Se arrodilló. Efectivamente, al arrodillarse reconoce la grandeza de ante quien está (aunque ante reyes, césares, señores, etc., los súbditos, siervos, etc., se arrodillaban). Es el gesto de humildad y unido al de su situación desesperada resulta una escena conmovedora.

Señor. Sí, sabía de quién se trataba Jesús; éste es un término aplicado a Dios: recuérdese, por ejemplo, como cuando María visita a Isabel, ésta declara a María como Madre del Señor -de Dios- (Lc 1,26-37); tras aparecerse Cristo resucitado, el incrédulo “Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20,28). En Hechos de los apóstoles: “Señor, tú que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos,…” (4,24);  “El ha enviado su Palabra a los hijos de Israel, anunciándoles la Buena Nueva de la paz por medio de Jesucristo que es el Señor de todos” (10,36). En su segunda carta Pedro dice  “…el Reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (1,11).

Si quieres. Al gesto corporal de arrodillarse ante Jesús, a continuación añade la súplica humildísima de pedir ser curado, con un “si quieres”, en lo que reconoce el poder de hacerlo de a quien se dirige y estar a merced de su voluntad. Es un ruego que sale de profundis, y ante un gemido de alguien que se encuentra en una situación desgarradora, Dios no se resiste.

Puedes limpiarme. Limpiar es un término más amplio que curar; encierra dos sentidos precisos: el de propiamente curarle de la enfermedad (en este caso la lepra) y el de limpiarle, no solo alcanza a lo físico, también al interior de la persona; limpiar el alma, purificarle de sus pecados, que es como una lepra espiritual. Las intervenciones milagrosas de Jesús tienen muchas veces este componente de salvación íntegra de la persona; e incluso en algunas ocasiones Jesús recomienda al que ha sanado el que no vuelva a pecar. En este caso le da un cometido (“como una penitencia”): “ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.”

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,1-4):

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.»
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.»

 

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