La corrupción generalizada en España, como en otras partes del mundo, aunque aquí está teniendo carácter épico, por desgracia.
La corrupción nos muestra la catadura moral de quien obra así. Y aquí en España —país otrora lleno de virtudes, a veces heroicas, santas— se ha convertido en sistémica en el ejercicio de la política y en la totalidad de la sociedad. Lo cual es dramático.
La corrupción, como ocurre con el pescado, empieza por la cabeza. Y los dirigentes de este país son bastantes corruptos, es decir, que viven con el objetivo de aprovecharse de su situación política, para beneficiarse y enriquecerse a sí y a los suyos. Si la cabeza está así, no es menos, el cuerpo, la sociedad, la generalidad de sus ciudadanos, cuyo nivel ético-moral es bajísimo, inmoral o amoral. Podríamos relatar innumerables casos que pondrían de manifiesto la catadura moral de la gente de hoy día: 1,6 ausencias laborales diarias; la gente joven y no tan jóvenes no quieren trabajar, a vivir de la paguita y la subvención; hay quienes viven en un perpetúo estado de baja laboral, acuden al médico con la excusa de la ansiedad, la depreciación, etc., y males psicológicos por el estilo, y el médico, temeroso de que se le suicide el paciente… Y por no hablar de los niveles, siempre en aumento, de la delincuencia, sobre todo de la opaca, de la no contabilizada en las comisarias, y que no figura en ninguna parte como delictiva, pero que es real: la de aquellos que entran por una puerta y salen por otra, y que llevan acumulados tropecientos actos delictivos.
Recordar estas cosas le ponen a uno de mal café, por eso prefiero echar un estúpido velo. No obstante, casos concretos a parte, hay que hacer mención al talante generalizado cuyo dominador común la falta de sentimiento de culpa por haber hecho algo deshonesto, por una obra mala; esta ausencia de asumir responsablemente las malas acciones que hacemos resulta tremendo; es demoledor para cualquier sociedad.
Y uno se pregunta, ¿por qué en este puñetero país la gente, empezando por su case política, se ha vuelto tan sinvergüenza?
La respuesta sería que no se nos ha educado para amarnos, para amar la integridad propia, como el objetivo principal de la vida; para tener siempre presente que la grandeza de la persona se mide en términos de honradez, de nobleza, de respeto por uno mismo y por los demás, etc. Esto ya no se estima, no se valora, ni se tiene en cuenta a la hora de formar a una persona. Hay cosas que cuentan sobremanera: el tener, el poder, el placer… Elevarse, conquistar un alma bella, eso no interesa a nadie.
Ante todo este panorama, ante este estado lamentable, aquellos que podrían y deberían decir algo: los que han de velar por el bien espiritual de la gente, no levantan la voz. Bueno a veces, como en esta ocasión, por debajito, para no molestar, han musitado algo:
Monseñor César García Magán, secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y obispo auxiliar de Toledo, ha medido bien sus palabras a la hora de calibrar la situación que atraviesa el Gobierno de Pedro Sánchez, cercado por la corrupción, que ha tildado de «grave por las sentencias y juicios que hemos conocido estos días». «Hay que recordar que este Gobierno adquirió un compromiso con la sociedad de acabar con la corrupción cuando presentó su moción de censura», ha señalado monseñor García Magán en una rueda de prensa convocada tras la reunión de la Comisión Permanente de la CEE celebrada este lunes y martes. Por eso, a su juicio, el Ejecutivo de Sánchez «tiene que decir y demostrar si pueden acabar o no con la corrupción».
Preguntado por la conveniencia de que el presidente del Gobierno convocara elecciones anticipadas, el secretario general de los obispos ha subrayado que «no es posible mantener la situación actual», y ha recordado que «la Constitución, la Carta Magna ofrece distintas salidas y posibilidades que tendrían que ser tomadas en cuenta por el Ejecutivo», aunque no ha querido concretarlo en un posible adelanto electoral.
Respecto a la propuesta de grupos de extrema izquierda de retirar los delitos de odio contra los sentimientos religiosos, monseñor García Magán ha señalado que «llama la atención que entre sus solicitudes no esté incluido el enaltecimiento del terrorismo». «En una democracia madura es llamativo que se produzcan estos cambios», ha añadido. «El mayor número de ofensas a los sentimientos religiosos es contra los católicos, no contra otras religiones monoteístas», ha observado el secretario general. «Va en detrimento de una sana convivencia de una sociedad plural y democrática», ha señalado, a la vez que ha matizado que se trata de una cuestión de «educación, convivencia y derechos humanos». «Una cosa es el humor y otra la ofensa», ha subrayado.
Respecto a la actitud de los políticos que estuvieron presentes en el discurso que impartió el Papa León XIV en el Congreso de los Diputados y le dispensaron una larga ovación de siete minutos para, unos días después, debatir una ampliación de la ley de la eutanasia, monseñor García Magán ha puntualizado que «así es la condición humana: hoy podemos tener una buena conversación y eso no es óbice para que mañana tengamos un rifirrafe».
Por último añadimos un comentario breve que hicimos al respecto de cuando el Papa León XIV estuvo en España:
Entre las ciento de miles de frases y millones de palabras que en estos ocho días el Papa pronunció en España, hubo un tema que no mencionó: corrupción. Tan sólo aparece referida a un contexto del pasado histórico de Hispanoamérica, sin mayor relevancia, y otra al hablar en Canarias sobre migración: «el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños.» El Papa no dijo ni «mu» sobre la corrupción que asola la vida Española, uno de los temas más graves y preocupante del sentir ciudadano, y ni se toco, como si no existiera, ¿por qué? Este si es una asunto moral. A veces, Santidad hay que pisar algún cayo, la verdad puede ser ingrata de decir, por esos le pasó a Cristo lo que le pasó: el precio de la verdad. En fin, todo el mundo le hizo la ola, Santidad, especialmente a los que en ese sentido les lavó la cara, haciendo mutis por el foro.
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