Os perseguirán… Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

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El evangelio de la liturgia de la misa de hoy, 26 de noviembre, nos habla de esta realidad tremenda: la de que «todos nos odiarán a causa del nombre de Cristo y nos perseguirán».

Esto parece ser el sino del cristiano. «En verdad, que quienes quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús habrán de sufrir persecución» (2 Tim 3,12). Así ha sucedido a lo largo de los siglos: la sangre de los mártires desde los orígenes, desde la misma llegada de Jesucristo en la historia humana, ha regado la Tierra. Desde los Santos Inocentes hasta cualquier atentado, secuestrado, asesinado… en cualquier lugar de los muchos países africanos o asiáticos, sin olvidar incluso de Occidente, que ocurren hoy día. AQUÍ pueden ver una extensa relación de países donde el cristianismo es perseguido en la actualidad.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,12-19):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

 La Iglesia, cuerpo místico de Cristo, tiene que sufrir la pasión como su Señor.  Y al final de los tiempos la persecución será aún mayor: se dará la gran tribulación profetizada, que pude leer AQUÍ.

La cristianofobia irá en aumento, hasta llegar a la gran tribulación. La persecución será del poder de las tinieblas, diabólica, irracional, inhumana. Y en la actualidad ya aparecen signos de este esta perversidad que llevan a pensar si no estaremos en los prolegómenos… Según un informe del obispo anglicano de Truro, Philip Mounstephen, para el ministro británico de Asuntos Exteriores, Jeremy Hunt, afirma que «extensión geográfica de la persecución anticristiana, sino también de su creciente dureza«. Y añade que «en algunas regiones, puede decirse que el nivel y la naturaleza de la persecución se está acercando a la definición internacional de genocidio adoptada por Naciones Unidas«. «La incómoda verdad es que la abrumadora mayoría de los creyentes perseguidos (en torno al 80%) son cristianos«.

Seremos entregados a los poderes ideológicos y políticos: «entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores». En defensa, ante esos acusadores malignos, Dios nos pide que dejemos nuestra defensa, que no pueda contradecir ni acallar, en sus manos. Es todo es cierto: solo hay que observar cómo —valga de ejemplo de la persecución religiosa en la guerra civil española de 1936— eran las hermosas respuestas —comportamiento arrebatados de gracia, cuasi estáticos— de los mártires en esos momentos finales: ninguno de los miles de los asesinados renuncio a su fe, ninguno apostató, y todos testimoniaron una respuesta de perón, de hermosas palabras llenas de gracia y de aspiración al cielo buscando su amparo. Ante esta actitud que nadie podía contradecir y resistir, los enemigos, rabiosos, incrementaban su saña. «Meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro».

El ser cristiano requiere de una fe llena de gracia a la que hay que responder con una confianza total apoyándose en las esperanza de lo que se cumplirá según Jesús, pero que salta más allá, se verá desvelado al final: «nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse», «ni un cabello de vuestra cabeza perecerá «, «¡no hay que temer a quienes matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma!». «El que pierda su vida por mi causa la salvará». «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

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Catena Aurea

 San Gregorio, ut sup

Como todo lo que va dicho no procede de la injusticia del que castiga sino de la culpa del mundo que lo sufre, se anuncian los hechos de los hombres malvados cuando dice: «Mas antes de todo esto os prenderán, entregándoos a las sinagogas», etc. Como diciendo: los corazones de los hombres se turbarán primero, y después los elementos; para que cuando se trastorne el orden de las cosas, se sepa de dónde viene esta tribulación. Porque aun cuando el fin del mundo dependa del orden establecido, sin embargo, como encontrará hombres más perversos, nos muestra que serán envueltos justamente bajo sus ruinas.
 

San Cirilo

O bien habla así porque, antes que Jerusalén fuese tomada por los romanos, los discípulos del Señor, perseguidos por los judíos, fueron encarcelados y presentados a los príncipes. San Pablo fue enviado a Roma ante el César y compareció delante de Festo y Agripa.

Prosigue: «Y esto os acontecerá en testimonio».
 

Griego

Dice martirio, esto es, la gloria del mártir.
 

San Gregorio, ut sup

También puede decirse en testimonio (esto es, de aquéllos) porque persiguiéndoos os hacen morir; porque no han imitado vuestra vida; porque se han hecho perversos y se han perdido sin excusa alguna, por lo que los escogidos toman ejemplo para vivir. Pero oyendo todas estas desgracias podían turbarse los corazones de los oyentes; por lo que añade para consuelo suyo: «Tened, pues, fijo en vuestros corazones no pensar antes cómo habréis de responder».
 

Teofilacto

Como eran incultos e ignorantes, el Señor les dijo esto para que no se turbasen dando la razón a los sabios, y añade la causa: «Porque yo os daré palabra y saber, al que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios». Como diciendo: Inmediatamente recibiréis de mí la elocuencia y la sabiduría, de tal modo que todos vuestros contrarios aun cuando se pongan de acuerdo no podrán resistiros; ni en sabiduría (esto es, por la fuerza de vuestras razones), ni en elocuencia y elegancia de palabra. Porque con frecuencia se encuentran muchos que tienen inteligencia, pero como se turban fácilmente, todo lo confunden cuando llega el momento de hablar. No fueron así los apóstoles, porque tuvieron elocuencia y gracia.
 

San Gregorio, ut sup

Como si el Señor dijera a sus discípulos: «No os atemoricéis: Vosotros vais a la pelea, pero yo soy quien peleo. Vosotros sois los que pronunciáis palabras, pero yo soy el que hablo».
 

San Ambrosio

En unos lugares habla Jesucristo por sus discípulos (como aquí); en otro lugar el Padre ( Mt 16), y en otro el Espíritu del Padre ( Mt 10). Todos estos pasajes no sólo no se diferencian, sino que convienen entre sí, lo que dice uno lo dicen los tres porque es una la voz de la Trinidad.
 

Teofiactus

Habiendo hablado así para calmar el temor de su ignorancia, les anunció otro mal que podía turbar sus ánimos si les cogía de improviso. Prosigue, pues: «Y seréis entregados por vuestros padres, vuestros hermanos y parientes, y harán morir a algunos de vosotros».
 

San Gregorio, ut sup

Los tormentos más crueles para nosotros son los que nos causan las personas más queridas, porque además del dolor del cuerpo sentimos el del cariño perdido.
 

San Gregorio Niceno

Consideremos el estado de las cosas en este tiempo. Todos eran sospechosos los unos para los otros; los parientes estaban divididos por la religión; el hijo infiel delataba a sus padres por su fe, y el padre, obstinado en la infidelidad, se hacía acusador del hijo fiel. Toda edad estaba expuesta a los perseguidores de la fe, y ni a las mujeres preservaba la debilidad natural de su sexo.
 

Teofilacto

Habiendo dicho esto, añadió lo que habían de sufrir por el odio de los hombres. Sigue, pues: «Y os aborrecerán todos por mi nombre», etc.
 

San Gregorio, ut sup

Pero como es muy duro todo lo que dice acerca de la muerte, añade en seguida el consuelo de la alegría de la resurrección, diciendo: «Mas no perecerá un cabello de vuestra cabeza». Como si dijese a sus mártires: ¿por qué teméis que perezca lo que no puede ser cortado sin dolor, cuando no puede perecer en vosotros lo que no duele?
 

Beda

No perecerá un solo cabello de la cabeza de los discípulos del Señor, porque no solamente las grandes acciones y las palabras de los santos, sino el menor de sus pensamientos, será premiado dignamente.
 

San Gregorio, Moraluim 5,14

El que sufre con paciencia la desgracia se hace fuerte contra todas las adversidades. Por esto dominará venciéndose a sí mismo. Sigue: «Con vuestra paciencia poseeréis vuestras almas». ¿Qué quiere decir poseeréis vuestras almas, sino que viviréis sin tacha en todas las cosas y que podréis dominar todos los movimientos de vuestra alma, una vez colocados sobre el alcázar de vuestra virtud?
 

San Gregorio, ut sup

Poseemos, pues, nuestras almas por la paciencia, porque cuando se nos dice que podremos dominarnos, empezamos a poseer lo que somos. Por tanto, la posesión del alma consiste en la virtud de la paciencia, porque ésta es la raíz y la defensa de todas las virtudes. La paciencia consiste en tolerar los males ajenos con ánimo tranquilo, y en no tener ningún resentimiento con el que nos lo causa.

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