Los santos inocentes del progresismo

En nombre del progreso y con todo tipo de argumentos -dignos de la diosa Razón (la que produce monstruos)- entre los que cabe incluso esgrimir el noble de la composición (hoy, la empatía progre), se puede llegar a cometer los más viles y rastreros actos.

Entre estos están las vidas segadas por la espada de los nuevos Heridores: los abortados y los eutanasiados.

Al igual que Herodes se vio amenazado en sus intereses ante la aparición de un rey futuro que le pudiera “mover la silla”, es decir, quitar el trono, tomo la drástica decisión de exterminar a las criaturitas inocentes; así de modo semejante cabe argumentar hoy día para el progresismo herodiano del que todos participamos de alguna manera -activa o pasivamente, con el apoyo (aunque solo sea con el del voto) o la inacción (mirando para otra parte, y no abrir la boca)-.

La amenaza a que esos indeseados que llegan a la vida, en el vientre de sus madres, como los que están por marcharse de ella, los ancianos…, se convierten de amenazas para el bienestar del progresismo del momento. ¿Qué hacer se preguntan los nuevos Herodes? La solución es fácil (y hasta compasiva) acabar con ellos. Tanto los unos como los otros, por diferentes motivos, van a suponer una carga -para los padres o para la sociedad-. Así, pues, ¡acabemos con ellos!

Y en realidad, y a la larga, las victimas eternas serán los Herodes, que poseídos por los demonios que les poseen, ejecutan tan ignominiosos y execrables hechos.

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