Los corderos

Era maltratado, y él se humillaba

Y no abría la boca,

Como cordero llevado al matadero

Y como oveja muda ante sus esquiladores.

El no abría la boca (Is 53,7).

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           Le dijo Francisco al hermano León:

           — “Quien vive con los lobos debe ser un lobo y no un cordero”, eso has dicho, eso dicen todas las personas sensatas. Pero yo tengo la locura, la nueva locura de que me ha dotado Dios, y digo: “Quien vive con los lobos debe ser un cordero, aunque lo devoren.”[1]

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           Isabel de Santo Domingo, gran mujer, predilecta de la madre Teresa y priora muchas veces de Segovia, se decide a poner a fray Juan en guardia con relación a una persona, para que no se deje engañar de ella en cosas de espíritu.

           —No sea de esa manera —le replica el Santo— ni tenga malos pensamientos, que perderá la pureza del corazón. Más vale que se deje engañar.[2]

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“Jesús no quiere que reclame lo que me pertenece”, escribía[3] Sta. Teresa de Lisieux.

 “Habéis aceptado con alegría el despojo de vuestros bienes, siendo conscientes de que estáis en posesión de una riqueza mejor y permanente” (Heb 10,34b). .

En las “artes” de este mundo la gente sin escrúpulos, sin conciencia, sin nobleza de corazón, siempre podrá obtener mayores réditos ya que podrá usar arteramente (astutamente) de mañas ilícitas, de las que no harán uso los hijos de la luz: “Los hijos de este mundo son más astutos para sus cosas que los hijos de la luz” (Lc 16,8b).

Estimativa natural: es la facultad de estimar la conveniencia o nocividad de los objetos sensibles, sin previa experiencia.  En realidad, es la parte cognoscitiva del instinto. (Un animal sabe qué hiervas le conviene y cuáles le perjudican). -La filosofía escolástica la llama cogitativa-.   Hay una estimativa natural para lo espiritual, la de los inocentes; de la que ya este mundo carece. Un mundo penetrado cada vez más por las tinieblas.

En el Pastor de Hermans se lee: “Este mundo es invierno para los justos… El mundo venidero es verano para los justos y para los pecadores invierno”[4].

La bondad tarde o temprano en la lógica de este mundo acaba siendo victima; pues es la antítesis de la dinámica de un mundo envilecido, sometido por las fuerzas del mal.

El filósofo español J. Ortega y Gasset escribió a modo de lamento: “Para flotar en esta época que vimos es imprescindible tener mal corazón, buen estómago y un cheque en el bolsillo”[5].

La cultura humanística no tiene ningún prestigio: ya no se aspira a ser bueno, a adquirir y conquistar una cualidades, valores y virtudes.

La bondad es víctima. Nadie que pretenda ser bondadoso puede rehuir esa posibilidad, es una perspectiva ineludible. No hay que temerla, porque lo fundamental es la gracia de la bondad. Esta al desenvolverse en este mundo sufre, padece su resistencias, sus fuerzas adversas; el pensamiento del mundo no la entiende.

Parece increíble, pero solo desde la fe es comprensible: la lógica del Reino: es mejor perder, dejarse golpear, ser débil, pequeño…

Hay que aprender a dejar hablar en nosotros la vida sobrenatural que nos empujará suave y sencillamente, “naturalmente”, a ser inocentes, bondadosos, tiernos, afables, sencillos, etc.; Ahí se hace presente la gracia de Dios.

Cuando se está arrebatados por la bondad, absolutamente absorto -contemplativo- en Dios, nos olvidamos de todo: afanes, preocupaciones, pensamientos, etc. y de nosotros mismos.

La bondad, el bien, el amor, paradójicamente vencen cuando son vencidos.

La historia desde la lógica de los hombres la escriben los vencedores; la historia, según la lógica de Dios, la escriben los vencidos.  Un vencido, según el mundo, fue quien escribió la historia, Cristo.

 

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[1] KAZANTZAKIS, N., El pobre de Asis, Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1973, p.348.

[2] JESUS DE, CR., Vida de san Juan de la Cruz; en Vida y obras completas de san Juan de la Cruz, BAC, Madrid, 1964, p.290.

[3] Manuscritos , 4.13.

[4] Sim. III 2; IV 2.

[5] El espectador, Salvat editores, Estella (Navarra), 1970, p.36.

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