Raúl del Pozo. La existencia de Dios  

Raúl del Pozo. Foto; Onda Cero.

Justamente hace una semana, el viernes pasado, Raúl de Pozo pronunció unas palabras que, en parte, contestamos en el artículo “Raúl del Pozo. La opinión es y sale gratuita, aunque sea injusta o difamatoria.

Hoy queremos comentar dos de sus frases, que fueron estas: “Todos los niños son ateos hasta que los adoctrinan en casa o en la escuela”, “No hay ningún absurdo que no pueda ser implantado en la sesera antes de los seis años”.

Fresas que citó -como autoridad- a Schopenhauer, filósofo ateo, que fundamentaba su ateísmo en el mal, la miseria y el dolor sin sentido del mundo. Si Raúl de Pozo echó mano de este filósofo ultrarracionalista, pesimista y amargado, nosotros queremos apostar el teísmo tomando como referencias de autoridad a dos filósofos españoles, más cercanos a nosotros en el tiempo:

Xavier Zubiri:

Con el ateísmo, por una parte “desaparece del horizonte de la experiencia humana la dimensión espiritual de la realidad” y , por otra, “supone una verdadera y propia alienación” para el hombre.

El ser humano es un ser con religión per se, un ser religado… a una Realidad. “El hombre no tiene, sino que velis nolis, quieras o no, es religación” respecto de lo divino, o sea, la religión. Somos seres religados, religiosos, y en el creer se actualiza esa dimensión esencial que todo ser humano posee como constitutiva propia. Dios no esté allende del mundo, sino en el seno del mismo, fundando su realidad. Dios no está en el hombre como fuera de él. “Dios pertenece al ser del hombre, no porque Dios forme parte fundamental de nuestro ser, sino porque Dios constituye parte formal de él el ser fundamentado, el ser religado”

(Quien lo desee puede leer bastante sobre este filósofo y tema en el artículo Zubiri).

María Zambrano:

“Aceptar lo divino de verdad es aceptar el misterio último, lo inaccesible de Dios, el Deus absconditus subsiste en el seno del Dios revelado. El hombre se niega a padecer a Dios y a lo divino que en sí lleva.”

“En otro tiempo lo divino ha formado parte íntimamente de la vida humana. Mas claro está que esta intimidad no puede ser percibida desde la conciencia actual”.

(Quien lo desee puede leer bastante sobre este filósofo y tema en el artículo “María Zambrano).

……

 La creencia en Dios en cuanto a lo de que es una idea metida en los primeros años de vida, no es cierto tal cosa, al menos eso lo demuestran los hechos:

  1. Entre la juventud de nuestros días, que se declara su mayoría prácticamente no creyente, resulta que toda ella ha sido bautizada, ha sido catequizada, ha recibido la primera comunión.. Es decir, según Raúl del Pozo, deberían creer, pues se les ha metido esa idea… Pero no es así.

Y a la inversa, hay hoy día muchos, bastantes, adultos que se convierten y bautizan; prueba de ello, es el fenómeno actual que se da en la laicista Francia. Es decir, en la infancia no se les metió ninguna “idea absurda”, y ahora, de adultos, creen en ella.  

Son muchos los mayores, los más mayores, los ancianos, que se convierten y otros en su última hora. Cuando cobran una lucidez especial al centrarse su vida en la autenticidad de la realidad más real. Y algo parecido es lo que afirman los hindúes que el hombre no se hace religioso más que después de los sesenta años. No porque haya, por fin adquirido alguna sabiduría exotérica, ni porque haya franqueado la impaciencia de los límites o admitido el inevitable relativismo de todas las cosas. Es más sencillo: es porque ya no tiene más que el tiempo para ofrecer.

  1. En cuanto a que los niños son per se ateos, ¿no se ve el porqué, en que se basa? Más bien, pareciera lo contrario, los niños comprenden fácil y sencillamente cuando se les habla de Dios, cuando se les enseña a rezar el padrenuestro; están como naturalmente abiertos a la Trascendencia, a empalmar con las hermosas verdades mística; difíciles para las personas adultas, complicadas y endurecidas por el tiempo… y los pecados… Ya lo dijo Jesús a Nicodemo: si no os hacéis como niño, si no nacéis de nuevo…

Creemos con toda naturalidad -lo llevamos inscrito en nuestro ser humano-, porque ha sido así en todo tiempo y lugar, como lo demuestran los estudios sobre todos los pueblos de la tierra, desde siempre. El pensamiento de Dios ronda la mente del hombre desde tiempo inmemorial. Aparece con terca insistencia en todos los lugares y todos los tiempos, hasta en las civilizaciones más arcaicas y aisladas de las que se ha tenido conocimiento. No hay ningún pueblo ni período de la humanidad sin religión. Las culturas más primitivas o pueblo más naturales todas ellas son creyentes. Aristóteles decía que si la religión es una constante en la historia de los pueblos, ha de ser porque pertenece a la misma esencia del hombre. El hombre es naturalmente religioso  —como probó Durkheim estudiando las tribus más primitivas, más “incontaminadas”, de Australia—. Últimamente, la ciencia hja probado que nuestros cerebros reconocen innatamente la existencia de Dios. Un estudio ha encontrado que el cerebro humano puede reconocer la existencia de Dios, incluso si una persona no se le enseña directamente sobre Dios. Los psicólogos y antropólogos consideran que los niños abandonados a su propia suerte tendría cierta concepción de Dios.

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